Mostrando entradas con la etiqueta Fidel Castro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fidel Castro. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de julio de 2014

La grandeza del nombre y la miseria del resultado

campesino cubano (voces.huffingstonpost.com)

El 24 de septiembre de  2009 se realizó en la Habana un debate organizado por el Proyecto Cultural Temas titulado "Cultura agraria, política y sociedad". Entre los invitados al panel estuvo Mavis Dora Álvarez que, según aparece en el número de la revista que reprodujo el encuentro (no. 61, 2010), es ingeniera e investigadora.
En su intervención Mavis Dora  Álvarez dice: "¿Cómo se les llama a los que trabajan en las UBPC? 'Ubepecistas'. ¿Qué es eso, de dónde salió esa palabra, que tradición comporta, qué significa en la cultura agraria cubana ser 'ubepecista'? No significa nada, es una pérdida total de la identidad. Ahora, entre las formas que se están tratando de introducir para paliar esta situación y encontrar ese camino estratégico de la agricultura socialista, se están organizando fincas familiares en algunas UBPC con los propios cooperativistas de ella. ¿Cómo se les está llamando a las personas que trabajan en esas fincas familiares? Siempre se les llamó campesinos, la agricultura campesina es de trabajo y economía familiar; pero ahora se les denomina 'finqueros'. Ateniéndonos a los patrones culturales, al acervo cultural de este país, ser una cosa o la otra, no es nada. El otro típico nombre que se está usando es 'usufructuario'. Así se ha llamado al que está recibiendo tierras en usufructo por el Decreto Ley 259."
Mavis Dora Álvarez anota la política del Estado tendiente a ignorar los nombres de prácticas tradicionales y la falta de contenido, la capacidad de no ser nada, de los que se crean en sustitución.
Cualquier práctica, agrícola, social, comercial o de otra naturaleza, queda desconectada de su pasado por el solo cambio de nombre; es ese cambio el que le quita como mínimo, por muy semejantes que sean, su identidad. Pero la condición de nuevo no supone falta de arraigo para un término. Aún cuando la práctica agrícola haya cambiado poco, un evento de cualquier índole podría requerir su redefinición. De ser exitoso el cambio, los años darán a la denominación su historia y le legitimarán socialmente. Un cochero pasa a ser chofer por la índole del vehículo que conduce, la majestad pasa a ser señorío por el cambio en el sistema social que le pone al frente del Estado, una patriota soberanista se convierte en gusana por la miseria moral del déspota que la denomina, todas son definiciones que alcanzan notoriedad y, por las razones que sean, determinan nuevos hábitos y prácticas.
En las entrevista acopiadas por Maylan Álvarez en La callada molienda (Premio Memoria del Centro Pablo de la Torriente Brau, 2012) no son pocas las referencias a denominaciones que solo se hicieron corrientes en nuestro país después de 1959. Héroe Nacional del Trabajo, Bon de los 500, miliciano, donante (referido a los donantes de sangre), millonario (referido a los millones de arrobas de caña cortada), cooperativista, todas ayudaron a caracterizar el nuevo panorama laboral del país desde muchos puntos de vista. Estos términos consiguieron generar sentido y por décadas numerosos obreros se posicionaron a su sombra.
Sin embargo, toda redefinición tiene también ciertos riesgos de cara al futuro. Como señala Mavis Dora Álvarez, el nuevo término dificulta la identificación con aquél al que denomina, si se pierden las razones que lo inspiraron poco se puede argumentar para conservarlo y, de forzar su mantenimiento o implementar nuevas redefiniciones, el nuevo concepto y la práctica que pretende nombrar desviarán sus rumbos sin reconocerse.
Eso pasó en Cuba cuando el modelo de desarrollo importado de la antigua URSS colapsó con ella y con el resto del campo socialista. Décadas de una agricultura ineficiente, extensiva y de altos costos colapsaron de pronto sin que fuera posible, para tantos donantes, millonarios ni cooperativistas, mantener siquiera la producción de alimentos básicos, sacrificada en pos de la caña de azúcar.
Las definiciones son frágiles, pero la ausencia de historia y arraigo las hace aún más débiles. Podríamos preguntarnos entonces: ¿Por qué la insistencia del Estado castrista en desvincular al campesino del nombre que le identifica a través de la historia y del espacio geográfico, como denuncia Mavis Dora Álvarez?
Una de las causas de este encono, o cuando menos rechazo del término campesino, es la misma por la que se llama al empresario o comerciante cubano con el término marginal de cuentapropista.
El campesino y el comerciante fueron un problema siempre para el socialismo estatista. Ambos trabajan de manera autónoma, el rigor de sus empresas y el conocimiento particular que deben poseer respecto de aquello que les ocupa, hace que sean reacios a totalizaciones propias de las doctrinas. La calidad de la tierra puede variar la forma de cultivo de cualquier hortaliza, el deterioro del suelo a través de los años cambia las formas de cultivar en la misma región y la adaptación de la tecnología y el saber científico, es también variable. Para lidiar con tantos parámetros, hacen falta personas que permanezcan en el lugar por décadas, que se responsabilicen con sus resultados, que puedan pasar a sus descendientes el conocimiento adquirido y, sobre todo, que tengan autonomía.
Nada de eso está dispuesto a garantizarlo, al menos no como derecho, el castrismo, y privar a una persona de autonomía es una acción que se legitima cuando aparece un nombre que lleve implícita esa pérdida. De ahí que el campesino de ayer, fuera convertido en cooperativista, Héroe Nacional del Trabajo o millonario, y que desmontado todo el imaginario que lo contenía, volviera a su casa, pero para ser ubepecista, finquero o cuentapropista, jamás campesino.
El estatismo castrista se pudo dar cuenta rápidamente de la dificultad que ocasiona el trabajador autónomo para sus maniobras totalizadoras. Si la primera Ley de Reforma Agraria de 1959 mantenía la posibilidad de conservar una cantidad de tierras que le aseguraban al campesino la prevalencia de su condición, la Segunda Ley de Reforma Agraria destruyó cualquier posibilidad de ello[1]. Las subsiguientes "ofensivas revolucionarias" contra el pequeño sector privado que podía de manera artesanal procesar productos del agro, la creación de una institución como Acopio que privó al campesino de la comercialización libre de su producción y las presiones estatales para conseguir la integración cooperativa, convirtieron el campo cubano en un espacio fértil para la arenga, pero no para la siembra.
Arenga es cuando en el Documento programático de la reestructuración de la industria azucarera, recogido por Maylan Álvarez en la primera parte de La callada molienda, se afirma que: "Las tierras que liberarían las actuales áreas cañera que ascienden al 62% del área agrícola, se emplearían en la producción ganadera —carne y leche—, en el cultivo de viandas, frijoles, así como de hortalizas en organopónicos y huertos intensivos, lo cual incrementaría la disponibilidad  de alimentos para las propias familias azucareras y para toda la población, redundaría en la sustitución de importaciones y en la creación de nuevos empleos para trabajadores cañeros, azucareros y sus familiares".
Y añade: "Una parte de esas tierras liberadas de caña se dedicará a áreas forestales, tanto a bosques industriales, con el propósito de utilizar su madera y  la pulpa de esta, lo que proporciona un alto valor agregado, como a bosques naturales asociados a la producción de frutas, producto que también demanda el consumo nacional y la exportación".
Esta afirmación, que no debe haber movido a risa a los campesinos cubanos que iban a quedar sin empleo por la gravedad implícita, es respondida por Luis Pita Suárez, un tecnólogo azucarero nacido en 1950 que testimonia a Maylan Álvarez en La callada molienda: "Después de lo del central se creó una granja. La granja agroindustrial Julio Reyes Cairo. Pero el nombre no se corresponde porque de agro tenía algo, pero de industrial no tenía nada. Era una empresa de nuevo fomento. No tenía una estructura creada. No era rentable tampoco y en la actualidad prácticamente está desintegrada, porque no hay respaldo económico. Incluso tuvimos etapas de dos y hasta tres meses sin cobrar, no se nos podía pagar el salario porque la empresa no tenía cómo buscar el dinero".
Al señalar las carencias de una granja supuestamente agroindustrial, Luis Pita señala, como Mavis Dora Álvarez, el nombre mal puesto, la grandilocuencia usada para encubrir una farsa que ya a tales alturas solo puede clasificar como burla.
Si la euforia revolucionaria permitió la emergencia de un puñado de conceptos, su legitimidad duró lo que los créditos soviéticos pudieron sostener.
Con el fracaso que a la revolución le propició Fidel Castro todos sus términos perdieron sentido, y la palabra campesino, que en algún momento pudo haber sido sinónimo de explotado, hombre sin tierras u olvidado, emerge, menos por desmentir la condición precaria con que antaño se identificaba, que para manifestar la iniquidad que los nuevos conceptos encubren. El castrismo sabe eso, la presión que los antiguos términos realizan en el presente para su restablecimiento son el resultado de la evidencia en que ha quedado su despropósito y perversidad.
Boris G. Arenas
La Habana, julio 2014


[1] Opinión  semejante a la descrita puede encontrarse en el mismo debate reproducido por la revista Temas, allí dice Armando Nova, uno de sus participantes: "Después del triunfo de la Revolución se realiza la anhelada reforma agraria. Primero, la de 1959 y después la de 1963, mediante sendas leyes. Esto provocó cambios estructurales significativos en el contexto de la economía cubana, pues entregó la propiedad de la tierra al que la trabajaba en ese momento y no era dueño de ella, ya fuera precarista, arrendatario, sub-arrendatario, etc. Ese fue un paso muy importante; pero realmente la Reforma Agraria no hizo una total distribución de la tierra de los latifundios expropiados, por cuanto, al finalizar 1963, 75% de la tierra estaba en manos del Estado, así como todo el ciclo de producción, distribución, comercialización, etc. Este fenómeno, indiscutiblemente, no favoreció la vinculación del hombre rural a la tierra, más bien contribuyó a su separación, y le dio continuidad a lo heredado. Era el latifundio en otra modalidad, cualitativamente diferente en cuando a su finalidad, pero que también enajenaba al trabajador agrícola" (Temas, Panel "Cultura Agraria, política y sociedad", intervención de Armando Nova p. 89) 

Este artículo es un fragmento de un ensayo que aparecerá próximamente en la revistaIdentidades.
Publicado inicialmente en Diario de Cuba

domingo, 30 de marzo de 2014

Corea del Norte y Cuba, de un MiG las dos alas

caricatura de Omar Santana
Publicado en Diario de Cuba

¿Qué razones puede tener el estado cubano para violar el embargo de armas que la comunidad internacional ha impuesto a la República Popular Democrática de Corea? Cuando el pasado año fue encontrado por las autoridades del Canal de Panamá, en un carguero del país asiático, enterrado bajo miles de sacos de azúcar, un alijo de armas cubanas que incluía dos aviones MiG-21, fue esa una interrogante general. La inmediata declaración pública del gobierno cubano y la divulgación de una nota sobre ello en nuestra prensa oficial, indicaban lo delicado del asunto. En aquella nota el gobierno cubano aseguraba que las armas presentes en el barco norcoreano eran material obsoleto que se enviaba a Corea del Norte para su reparación. Esa, aunque dudosa, habría sido una razón.
Pero el pasado martes 11 de marzo de 2014 un informe de expertos de las Naciones Unidas ha hecho público que ese envío viola las resoluciones de Naciones Unidas destinadas a impedir que el país asiático obtenga o exporte algún tipo de armamento. Las armas, asegura el documento, estaban en perfecto estado, habían sido probadas los días previos a su embarque y parte de ellas estaba en su empaque original. La declaración de nuestros medios de prensa era falsa.
Sobre esta conclusión de los investigadores de la ONU nada ha dicho la prensa oficial cubana.
No son tiempos de Solidaridad. Aquella solidaridad irracional con que el gobierno cubano solía, décadas atrás, rechazar emitir alguna explicación mediana por sus actos. Al parecer el gobierno de Raúl Modesto Castro Ruz no ha intentado usar este argumento con los expertos de la ONU ni tampoco ha sido mencionado en nuestros medios de difusión. Desde el fin del socialismo este-europeo, la solidaridad ha quedado como recurso retórico o para encubrir la naturaleza del negocio montado por el castrismo con la venta de nuestros médicos a países de la región.
Tampoco son tiempos de esgrimir aquello de “a Cuba no la fiscaliza nadie” con que Fidel Alejandro Castro Ruz impidió a los investigadores internacionales entrar a nuestro país en 1963 a raíz de la Crisis de los Misiles. Según deja entender el documento hecho público el pasado martes, las autoridades cubanas cooperaron con la investigación.
El evento abre otras interrogantes. ¿Qué beneficios puede tener para Corea del Norte hacerse de unos aviones antiguos y de algunas piezas de repuestos u otras armas? La respuesta a esta pregunta puede volver más siniestra la participación cubana. Poco, muy poco podrá hacer Corea del Norte con estas armas a menos que le dé un uso menos convencional. La República Popular Democrática de Corea tiene numerosos enemigos firmes y no pocos potenciales, sin embargo, a ninguno de estos países, potencias militares todos o fuertemente respaldados por Estados Unidos, puede significarles el vuelo de un MIG 21 peligro alguno. A menos que el avión cargue, apto para estallar, algo del arsenal atómico que, se presume, posee el gobierno norcoreano. En ese caso no se trataría de un antiguo avión, sino de un inteligente y muy peligroso misil y el gobierno cubano habría jugado un papel muy irresponsable al facilitarle estos aviones a Corea del Norte.
Se puede alegar otra razón en todo este sinsentido. El gobierno cubano podría haber presumido que el barco norcoreano no llegaría a su destino, que las armas serían encontradas ―el historial del barco daba para sospecharlo― y que el gobierno de los Estados Unidos quedaría en dificultades para continuar sondeando la continuidad, modificación o eliminación del embargo económico contra Cuba. Ya Fidel A. Castro Ruz derribó dos avionetas de los Estados Unidos en 1995 para presionar a William Clinton a firmar la Ley Helms-Burton y aumentar el cerco norteamericano sobre nuestro archipiélago. Días antes el presidente norteamericano había puesto reparos importantes para aceptar aquél proyecto de ley y, luego del derribo de las avionetas, quedó sin argumentos frente a otras voces que demandaban acciones más violentas contra instalaciones militares cubanas. Para los que afirman que el embargo norteamericano resulta útil al castrismo, este evento vivifica sus argumentos.
Con el descubrimiento de estas armas y el documento hecho público recientemente por los expertos de la ONU, al gobierno de Barack Obama le será muy difícil retirar a Cuba de la lista de países terroristas o alentar cambios a la política del embargo.
Por otro lado, la longevidad de las armas no manifiesta un compromiso real de apoyo al gobierno de Corea del Norte que justifique medidas globales de mayor gravedad contra el gobierno de Raúl M. Castro.
Es difícil pensar que en la anquilosada mente del presidente cubano ―“sin prisa pero sin pausa”―, o sus asesores, pueda concebirse esta idea y que tengan valor para llevarla adelante. Pero las armas aparecieron y alguna razón debió haber para embarcarlas.
Podría alegarse también que las autoridades cubanas no se daban cuenta de lo que hacían. Habría que ser un poco lerdo para ello, pero recordemos el precio puesto a los automóviles desde que recientemente se liberó su venta en nuestro país, solo para citar uno de los más recientes desvaríos de nuestro gobierno.
Todo está rodeado de mucho absurdo, si no estupidez; al gobierno chino o al ruso, aliados por reminiscencia del castrismo, no debe haberles hecho gracia el episodio, en especial a China, que en los últimos años ha venido distanciándose de la dinastía norcoreana.
Es poco probable que el evento de las armas cubanas en el barco de Corea del Norte tenga repercusión importante para nuestro país. No por casualidad, el texto del documento de la ONU se ha hecho público en medio de la gran crisis internacional que ha desatado Rusia al invadir a Ucrania y anexarse parte de su territorio, lo que le garantiza muy poca atención en los días venideros.

Boris González Arenas
Viernes 21 de marzo de 2014

martes, 25 de marzo de 2014

Camino al poder a través de la Revolución

Mariela Castro Espín junto a su hermano Alejandro Castro Espín elheraldo.hn

publicado en Diario de Cuba el 23 de marzo de 2014

Cuando el 4 de Septiembre de 1933 Fulgencio Batista encabeza el movimiento militar que, aunado con las fuerzas antimachadistas depone al Presidente Carlos Manuel de Céspedes, no era el sargento la principal figura del movimiento ni la única. Acordó la Junta de los Ocho, como fue conocido el grupo que lideró el cuartelazo en la fortaleza de Columbia, que la jefatura del ejército fuera rotatoria. Pero Batista emergió de la Revolución como el principal líder militar y consiguió, con ello, ser el protagonista político de la Cuba de entonces. Controló el ejército en enfrentamientos sistemáticos con los mandos que no le eran adictos, estableció relaciones con Benjamin Summer Welles –embajador de Estados Unidos que debió ver cómo sus preferidos, la vieja oficialidad y los políticos asociados al machadato, cedían terreno ante el empuje de una joven generación de políticos ambiciosos y dispuestos-; y emergió como una figura de orden en medio de la euforia revolucionaria.
Llegado el momento de cumplir el compromiso y ceder la jefatura del ejército, era Fulgencio Batista lo suficientemente fuerte para desconocerlo. Cuenta Ciro Bianchi que Mario Alfonso, miembro de la Junta de los Ocho, demandó a Batista su cumplimiento. Batista lo denunció por un supuesto golpe de estado que Mario Alfonso habría planeado, pero antes de que se efectuara su detención, en plena  noche, Mario Alfonso, una de las figuras fundamentales del movimiento militar del cuatro de septiembre, fue asesinado.[1]
La muerte de Mario Alfonso es la constatación del cambio de liderazgo que se había operado durante el proceso de afirmación del poder revolucionario que va del cuatro de septiembre del 33 hasta su ultimación en agosto del 34. El paso del liderazgo colectivo al liderazgo único tiene que establecerse con rapidez pues, desde que se constata su intención, comienza también el movimiento de fuerzas contrarias a que se realice.
Al liderazgo no se llega por la reunión de un grupo de sujetos en torno a alguien providencial. Ese es el mito creado por los aparatos de propaganda ideológica. Un mito semejante fue creado alrededor de Gerardo Machado, de Fulgencio Batista, de Fidel A. Castro y será el relato que se construirá en cualquier sitio donde el personalismo se impone tras despertar la ambición de los que inicialmente encabezaban movimientos de renovación de cualquier orientación ideológica. Los liderazgos que emergen en los procesos revolucionarios son siempre una elección coyuntural, será durante el protagonismo posrevolucionario que al hombre ambicioso se le revelará su preciosidad.
La Revolución cubana de la década del cincuenta no es una excepción. Los revolucionarios que se agruparon para subvertir el poder político solo podían hacerlo en condiciones de igualdad. Más allá de la función social de los revolucionarios, de su origen económico o del color de su piel, es el riesgo colectivo el que les enlaza, y la posibilidad de la muerte la que consigue difuminar los contornos de la individualidad. El triunfo será el único evento que puede zanjar el peligro. “En una revolución se triunfa o se muere”, tal fue el modo de manifestar, Ernesto Guevara, el sentimiento común a la subversión revolucionaria.[2] Pero una vez que se triunfa, zanjada la inminencia de la muerte, el constreñimiento de la individualidad se vuelve inoperante y el resurgir de la singularidad será convocado por un peligroso fermento: el poder político.
No era intención, del revolucionario blanco y racista, que una vez obtenido el triunfo se compartiera con los negros el protagonismo social y económico.[3] Tampoco el que pretende beneficios de aristócrata, sumado a la revolución como uno más, dejará de realizar sus ambiciones en la sociedad pos revolucionaria.[4]
El triunfo revolucionario convoca a la individualidad y el poder político le confiere posibilidades de realización descomunales.
Fulgencio Batista, un militar de ascendencia muy humilde, promovería en la década del treinta la modernización del ejército, el mejoramiento de la infraestructura escolar y sanitaria del país y se agenciaría de modo fraudulento una enorme fortuna para distanciar la humillación que la miseria produce. Pero al convocar una Asamblea Constituyente legítima, cortó la posibilidad de seguir concentrando el poder político y económico de la nación. Contra el deseo de no pocos militares acogió la nueva Constitución, resultó electo presidente ya en democracia en el año 1940, y en 1944, llegado el fin de su mandato, declinó nuevamente las presiones de subordinados continuistas y cedió el poder a su enemigo Ramón Grau San Martín, sabiendo que eso implicaba su distanciamiento del país.[5]
La revolución de 1959 no tuvo este corte democratizador, los líderes que sobrevivieron a las purgas castristas adquirieron rangos extraordinarios y su presencia al frente de cualquier institución le confirió una independencia e importancia muchas veces superior a los ministerios a los que en apariencias estaban subordinados. Tal es la historia de la Empresa Flora y Fauna a cargo del comandante Guillermo García, el Hospital Psiquiátrico de la Habana a cargo de Bernabé Ordaz, la Federación de Mujeres a cargo de Vilma Espín; tales son también todas las empresas, ministerios, fundaciones, academias, institutos sobre las cuales solían desplazarse Ramiro Valdés, Juan Almeida Bosque, José Millar Barruecos, Ulises Rosales del Toro, José Ramón Machado Ventura y tantos otros. Tal es también la versión moderna de esta tradición que consiste en distribuir descendientes a la cabeza de diversos espacios. Quizás los más conocidos son Antonio Castro, manager de managers de la pelota cubana y presidente de la Federación Médica Deportiva, e hijo de Fidel Castro; Mariela Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual que, bajo su larga égida se ha convertido en un rutilante palacio en el medio del Vedado habanero, o Alejandro Castro, que según algunos, desempeña la jefatura efectiva del Ministerio del Interior, ambos hijos de Raúl Castro.
En las dictaduras, los años agravan el problema del cambio, y ni siquiera una revolución, con su tremenda disposición a la mudanza, puede aguantar eternamente los tirones en sentido contrario. La ambición se procura, como todos los vicios, una lógica que la conserve.

Boris González Arenas





[1] Bianchi Ross, Ciro “Contar a Cuba. Una historia diferente” Editorial Capitán San Luis, 2012 p. 130
[2] Carta de despedida de Ernesto Guevara a Fidel A. Castro, leída en el Teatro Chaplin (hoy Carlos Marx) el día 3 de octubre de 1965. Tomado de: Habla Fidel. 25 discursos en la Revolución. Oficina de publicaciones del Consejo de Estado, La Habana 2008, p.246
[3] En el año 2013, a propósito de un texto publicado por el intelectual Roberto Zurbano en el periódico Nueva York Times, se produjo un intenso debate sobre la situación social del negro a más de cincuenta años de la Revolución de 1959. Quedaron expuestas muchas de las discriminaciones que siguen padeciendo los negros en Cuba y la interrogante que se abre frente a los cambios que han comenzado en nuestro país mientras siguen sin plantearse soluciones urgentes al tema de la discriminación racial.  Véase: “Para los negros en Cuba la Revolución no ha terminado” y “Mañana será tarde: escucho, aprendo y sigo en la pelea” ambos de Roberto Zurbano; “Dolor, alegría y resistencia” Victor Fowler; “¿Ser negro de la Revolución?” José A. Ponte; Declaración del Capítulo Cubano de la Articulación Regional de Afrodescendientes de Latinoamérica y el Caribe (ARAAC) sobre el artículo de Roberto Zurbano.
[4] Alfredo Guevara (1925-2013), fundador del ICAIC y su presidente por dos largos periodos, está entre los ejemplos más escandalosos de esta actitud.
[5] Una vez que cedió el poder, Fulgencio Batista se estableció en los Estados Unidos y no volvió a Cuba hasta el gobierno de Carlos Prío Socarrás. Consultado en 1945 sobre el regreso de Batista a Cuba, Ramón Grau San Martín diría: “Yo no tengo que hacer ningún reparo sobre el regreso de Batista. (…) Ahora bien, de la misma manera que no impido su vuelta, tampoco puedo evitar que alguien lo acuse solicitando que se investigue cómo ha llegado a poseer una fortuna que asciende a más de 20 millones de pesos”  Bohemia, año 37, no 29, 29 de julio de 1945.
La cita ha sido tomada de: Vázquez García, Humberto, El gobierno de la kubanidad, Editorial Oriente, 2005, p. 128. En opinión de Vázquez García, la afirmación de Grau dejaba claro que: “Para regresar a Cuba legalmente, Batista tendría que esperar la terminación del mandato presidencial de Ramón Grau San Martín. Idem p. 129.

domingo, 23 de marzo de 2014

A la revista Espacio Laical


Estimado Roberto Veiga González, editor de la Revista Espacio Laical:
Me dirijo a usted con la intención de comentarle algunas ideas a propósito de la lectura del artículo: «Presidente Obama: tiempo para una política creativa para Cuba» (Espacio Laical, Año 9, No 4/2013), del intelectual exiliado en los Estados Unidos, Arturo López-Levy, conferencista –leo al final del número– de la Universidad de Denver.
Para los que vivimos en Cuba, con la condición de buscavidas que ello acarrea, y pretendemos además realizar una labor como intelectuales, la existencia es en extremo difícil. Si a ese escenario le ponemos el adjetivo “religioso” u “opositor”, más allá de las diferencias entre ambos, todo se vuelve más ingrato. Sospecho lo difícil que es llevar adelante una revista como Espacio Laical, aun respetando la ojeriza oficial a la oposición cubana, lo que nos aleja de sus páginas y eventos. Es por ello, porque los miembros de esa oposición no podemos participar de Espacio Laical,  que me ha resultado contraproducente la publicación del artículo del profesor López-Levy con los comentarios que realiza a propósito de Berta Soler y Guillermo Fariñas.
En su artículo, López-Levy analiza la presencia de Barack Obama en un acto de recaudación de fondos de la Fundación Nacional Cubano Americana donde, al parecer, se reunió con Guillermo Fariñas y Berta Soler.
Dice López-Levy:
 «Algunos análisis de la derecha y de la izquierda han enfatizado un par de fotos del presidente, una con Berta Soler, una señora que dice que la Cuba de la dictadura de Batista era una “tacita de oro” y la otra con el opositor santaclareño Guillermo Fariñas, quien presume de vínculos con militares cubanos identificados con el discurso opositor».
El artículo del profesor López-Levy continúa refiriendo el tema de la intervención de Barack Obama que, según él, «es un cuestionamiento respetuoso a la política de aislamiento contra Cuba por anacrónica», pero lo que me ocupa en este momento es la declaración a propósito de Guillermo Fariñas y Berta Soler y atañe más a la naturaleza de Espacio Laical, que al contenido del artículo.
Fariñas y Soler son dos miembros prominentes de la oposición activa cubana; la señora Soler encabeza el movimiento de las Damas de Blanco desde que pereció su líder fundadora, Laura Pollán. Estas mujeres merecen respeto y tienen una historia de agresiones bárbaras por parte del Estado cubano. Durante años se enfrentaron solas a las movilizaciones que en su contra organizaba la Seguridad del Estado, sin declinar su voluntad de ver a sus esposos libres, los que habían sido encarcelados en uno de esos momentos de frenesí con que Fidel A. Castro supo aterrar a la sociedad cubana por décadas. Estas mujeres supieron hacer del terror una energía movilizadora y, para su orgullo y gloria, vencieron.
Pero la lucha por la libertad de nuestros presos políticos no tiene como gestor solo al grupo de mujeres que conforman las Damas de Blanco. Hay otros dos protagonistas fundamentales: Orlando Zapata Tamayo y Guillermo Fariñas. Como conoce, Orlando Zapata Tamayo llevó hasta sus últimas consecuencias una huelga de hambre, y su deceso, en febrero de 2010, se convirtió en el símbolo del horror sufrido por la oposición y, por extensión, -la finalidad del terror no son sus víctimas- por todo el pueblo cubano bajo el castrismo. Guillermo Fariñas fue, durante los días siguientes a la muerte de Zapata Tamayo, el corazón que mantuvo viva su agonía. Desde su casa se declaró en huelga de hambre decidido a abandonarla solo si nuestros presos políticos, los mismos esposos reclamados por las Damas de Blanco, eran liberados. A la conmoción internacional por la muerte de Zapata Tamayo, se sumó el intenso seguimiento de la condición de Fariñas en un forcejeo insólito con la dictadura cubana que debió, días antes de la muerte del líder opositor, deponer su arrogancia característica y consentir la libertad demandada.
Guillermo Fariñas fue además miembro del ejército cubano y es veterano de la Guerra de Angola, demasiada historia para mencionarlo solo de pasada y caracterizándolo como un presumido. Berta Soler y Guillermo Fariñas siguen hoy enfrentando las más diversas represiones por la decidida actividad opositora que realizan.
No tengo la menor duda de que las generaciones futuras se admirarán de la proeza que antecedió la libertad de nuestros presos políticos. Ambos, Berta Soler como miembro de las Damas de Blanco y Guillermo Fariñas, adquirieron rango de próceres en aquellas jornadas, y no es por gusto que el señor Barack Obama aparece con ellos en la actividad analizada por el profesor López-Levy. Soler y Fariñas son la expresión de esa Cuba que ha cambiado, que demanda en palabras de Obama una transformación de la política de los Estados Unidos hacia nuestro país, pues cuando el proceder que López-Levy califica ahora de anacrónico fue establecido, nuestros opositores eran asesinados frente al pelotón de fusilamiento o confinados por décadas en apestosas celdas sin que el mundo pudiera siquiera saber sus nombres. Los que organizaban semejantes matanzas y confinaban a nuestros compatriotas, los suyos y los míos, eran los mismos caudillos que hoy están al frente de nuestro Estado.
Quiera la suerte que ese necesario cambio de política no olvide a los cubanos que combatimos la dictadura ni a los millones que han padecido un exilio cruel, pues sin dudas –y se lo digo sin menoscabo del respeto que le profeso- no serán Espacio Laical ni Arturo López-Levy los que nos recordarán con la intensidad necesaria.
A la dictadura cubana, es cierto, se le ha hecho mucho más difícil mantener aquellos procedimientos represivos que usó décadas atrás y hoy nos criminaliza por delitos comunes, allana nuestras viviendas robando impunemente nuestros bienes, impide nuestros movimientos y reuniones y quizás nos mata, pero a hurtadillas, lo que explicaría las extrañas muertes de Laura Pollán, Oswaldo Payá y Harold Cepero.
¿Por qué le escribo entonces si no dudo de la admiración extraordinaria que Berta Soler y Guillermo Fariñas despiertan?
Pienso que al reproducir su revista el artículo del profesor López-Levy con semejante comentario, sabiendo que Guillermo Fariñas, Berta Soler y el resto de la oposición cubana tienen cerradas estas páginas por una voluntad ajena a usted y a su equipo de realización, es Espacio Laical y no el profesor López-Levy, que puede tener en su exilio la opinión que la ocasión le merezca, la que sale lastimada. Ha cabido a la prensa castrista la costumbre de ignorar y calumniar a quien le venga en gana a Fidel A. Castro primero y a Raúl M. Castro después, sin dar posibilidad de respuesta a sus víctimas. No creo, en ningún caso, que Espacio Laical debe adquirir semejante práctica.
Admiro el trabajo de Espacio Laical y es por ello que le pido mayor consideración hacia aquellos miembros de la sociedad cubana que estamos privados de aparecer en sus páginas, no por casualidad los mismos que estamos impedidos de aparecer en cualquier sitio oficial o público de Cuba. Creo que ello hará de Espacio Laical una revista de mayor alcance y estima.

Cordialmente,
Boris González Arenas

PD: Ojalá pueda usted publicar este comentario en su revista. Cualquiera que sea la decisión, le pido que me realice un acuse de recibo para saber que, al ponerlo en mi blog (http//www.probidadcuba.blogspot.com), ha sido ya recibido por usted.

Muchas gracias

espaciolaical@ccpfv.arqhabana.org


jueves, 13 de junio de 2013

Sí es tiempo de campeones


Muchas son las razones por las que generamos simpatías con desconocidos. El autor del libro que nos gustaría haber escrito, la sesuda que solucionó un problema extraordinario cambiando el simple orden de sus componentes, o aquel ser despreciado por todos que se revela de pronto un ser humano extraordinario por haber escondido a jóvenes perseguidos cuando los tanques arrasaron la plaza; pasan de pronto a convertirse en referente de todo tipo para miles de personas que no les conocen, que no saben nada de sus vidas personales, por la sola admiración de sus hazañas. Hay de todo en ello, la estima de la proeza física o intelectual, el reconocimiento debido del que comprende que, en una situación semejante, habría cerrado las ventanas ignorando la súplica del perseguido; también está un ejercicio de bondad trascendental, el que saca al sujeto que admira de la loa egocéntrica y le afirma, allende el cuerpo que le contiene, en la existencia física o moral de lo admirado.

Por estos días hemos estado un poco en Leinier Domínguez, el cubano que el pasado lunes 3 de junio de 2013 se coronó campeón de la cuarta parada del Grand Prix de ajedrez que se celebró en Salónica, la famosa ciudad griega. Estar un poco en Leinier no significa la reivindicación patriotera del campeón, ni el reclamo de alguno de sus beneficios, es más bien el mérito que nos cabe por haber seguido sus pasos por estos años, disfrutando sus triunfos y sus empates, y añorando que las derrotas no le descorazonen. Seguros de que quien sabe mantener el buen paso tiene posibilidades extraordinarias para el éxito. Y ese momento ha llegado. Leinier comenzó perdiendo la competencia pero su recuperación fue sorprendente, cuatro tablas y seis victorias fueron las responsables de convertirlo en campeón.

Los progresos de Leinier en Salónica los seguimos muchos a través de Abdul Nasser, el periodista de nombre foráneo que, desde el diario Juventud Rebelde los refería con un entusiasmo extraño en nuestros medios de prensa, donde es de buen tono reprimir la exaltación.

Quizás no sea del todo consciente Leinier de la gran importancia de su triunfo y su posterior regreso a nuestra isla. En el pasado un Fidel Alejandro Castro Ruz gustaba de pavonearse con nuestras celebridades, desde una vaca lechera y tumorosa hasta un campeón de boxeo. Los agasajos del comandante eran interminables, el campeón pasaba agradecido, de la noche a la mañana, de un miserable solar en cualquier parte a una casa en Miramar, y a tener derecho a entrar en tiendas que comercializaban en dólares, prohibidas para el resto. Era la política de los estímulos que humillaban, del acercamiento que distanciaba. El campeón que soportaba aquel hedor podía seguir siéndolo, y muchos lo soportaron.

Pero el presente se mueve con otros rumbos; escondidos en un falso pragmatismo, los fondos sociales son cada vez más desprovistos por la política oficial. Se reducen los presupuestos de salud y educación, pero también cultura y deportes. Para esta nueva política, el empeño de la nación y su fulgor estorban. Una nación virtuosa, a la que Leinier contribuye con su triunfo, anega el argumento de los que ensalzan la humildad para emprenderla contra el brillo ajeno, de los que exaltan el individuo indiferenciado para agrandar la masa de cubanos reducidos a servidumbre. Leinier ha dejado de encajar en este perfil. El talento exige independencia y demanda reconocimiento.

En meses recientes hemos debido asimilar con tristeza que Dayron Robles, el extraordinario corredor guantanamero, que corre con un crucifijo y lee entre competencias, pidiera abandonar el equipo nacional de atletismo, rodeado todo de desagradables rumores sobre las deudas del estado con él y las abusivas extracciones a sus premios; más recientemente Wilfredo León, el niño genio del voleibol mundial, fue castigado por los burócratas de turno, con lo que anegan la carrera del que pudiera ser el más grande voleibolista de todos los tiempos. En las tortuosas marañas de la envidia burocrática, Michael Jordan podría ser convertido en un simple repartidor de formularios y Usain Bolt en un dinámico dependiente de cafeterías de comida rápida. Leinier llega lleno de brillo; como a León y a Robles, los cubanos le seguimos admirados. Pero en los corredores donde hace medio siglo se ha tramado magistralmente nuestra perdición, Leinier debe saber que más de una fiera ha empezado a tejer las trampas donde enredar su genio, y que las fichas de sus enemigos no las podrá buscar sobre la mesa.

Boris González Arenas
 Lunes 11 de junio de 2013

                                     

viernes, 8 de marzo de 2013

Sobre Oswaldo Payá y Harold Cepero


Uno de los hombres más significativos de nuestra historia reciente, Oswaldo Payá Sardiñas, pudo haber sido asesinado por el gobierno cubano. Era una posibilidad, pero la versión oficial del gobierno cubano y el silencio de los que podían desmentirla, había prevalecido hasta el presente. Oswaldo Payá es una de las figuras más importantes dentro de la historia contemporánea cubana. De esos hombres ejemplares que muestran que la política no es un espacio de hombres y mujeres corruptos, si no el entorno donde lo mejor de un país se empeña en adecentarlo y favorecer su progreso. La hez, la perfidia que brota aquí y allá sirviendo a los argumentadores de lo contrario, no son el producto de la política, si no de la estupidez humana. La misma hez brota en la cultura, en los ejércitos y en donde quiera que haya cosas que apetecer. Al brillo y la integridad que la combaten perteneció Oswaldo Payá.
Sabíamos que era muy extraña la diferencia entre la primera descripción del accidente automovilístico del 22 de julio del 2012, pronunciada en el hospital donde murió Harold Cepero Escalante, compañero de Oswaldo en la vida política y que viajaba con él en el automóvil; y la versión oficial que prevaleció después. Era extraño que a los miembros del Movimiento Cristiano Liberación, la organización liderada por Oswaldo, no los dejaran llegar a Harold hasta que este no estuvo sedado, condición a la que siguió su muerte. Era extraño que nadie hablara de los mensajes de texto enviados desde su teléfono móvil, inmediatamente después del accidente, por el sueco Aron Modig y más tarde, usando el mismo teléfono, por el español Ángel Carromero, los otros dos compañeros de viaje de Oswaldo Payá y Harold Cepero aquél día dramático. Era insólito que los textos de los mensajes no salieran a la luz pública, evidentemente una omisión europea que tenía por finalidad sacar a Ángel Carromero de Cuba. Y lo último, que Ángel Carromero llegara a España y permaneciera en silencio, ya no era extraño, era sórdido.
Pero Ángel Carromero ha hablado y sus esperadas palabras difieren del todo de la versión oficial a la que contribuyó con su testimonio, que ahora afirma, fue arrancado por la amenaza de muerte y la inoculación permanente de sustancias sedativas. La hija de Oswaldo Payá, Rosa María Payá Acevedo, fue a verlo y Carromero asegura no haber podido, frente a ella, mantener su silencio. Silencio que ya debía pesar demasiado y con el que no simpaticé nunca, no por la mudez que le pudo haber impuesto el terror, si no porque una vez fuera de Cuba, la estatura de Oswaldo Payá tenía que ser suficiente para hacerlo hablar aunque le costara su orgullo, porque los cubanos hemos debido vagar sin él por décadas y Oswaldo Payá quería devolvérnoslo; aunque le cueste sus bienes, su carrera, sus amigos, porque nada de eso lo tenemos los cubanos y Oswaldo Payá quería devolvérnoslo. Por eso el Proyecto Varela, El Camino del Pueblo, el Proyecto Heredia; por eso su esposa y sus hijos, sembrados en una vivienda del Cerro antiguo, del que yo soy vecino orgulloso. Por todo eso tenía que hablar Ángel Carromero y ahora que ha comenzado a hacerlo tiene que seguir; también tiene que despertar el sueco Aron Modig, el compañero de travesía que viajaba a la derecha de Carromero, y que aparentemente dormía en el momento terrible. Porque el pueblo de Cuba está lleno de preguntas y ahora la vida de estos sobrevivientes no tiene otro sentido que responderlas. ¿Cómo montó Modig en el auto que lo sacó de la escena? ¿Dónde estaban Oswaldo y Harold en aquel momento? ¿Por qué no le quitaron el celular a Modig y sí a Ángel Carromero?
Dos hechos han coincidido en el espectro político cubano y pueden no ser extraños uno del otro. De un lado las declaraciones de Ángel Carromero reavivando las dudas sobre el posible asesinato de Oswaldo Payá y del otro la muerte lamentable del presidente de Venezuela Hugo Rafael Chávez Frías. El gobierno cubano dominaba perfectamente toda la información sobre la enfermedad del presidente venezolano, conocía sus consecuencias inevitables como nadie. La muerte de Hugo Chávez plantea para los dueños del poder en Cuba el posible desmantelamiento de un sistema de pagos generosos al estado cubano merced a los servicios proporcionados por nuestros profesionales de diversas esferas en Venezuela, principalmente médicos y militares. Aún triunfando Nicolás Maduro en la carrera por la presidencia de Venezuela, el deterioro de la economía venezolana y la nueva situación política del chavismo, que debe continuar sin líder, auguran la ralentización si no desaparición de un sistema de ayudas que, por demás, parecía disminuir en los últimos años. Frente a ese panorama, las consecuencias para la maltrecha economía cubana no se harán esperar y con ello el descontento ciudadano que, junto a una oposición organizada y en crecimiento, no pueden ser menos que un muy mal augurio para la dictadura de nuestro país.
Pero si el asesinato de Oswaldo Payá se confirma (y para esto una investigación internacional debe esclarecer la legitimidad de los mensajes de texto enviados por Ángel Carromero y Aron Modig después del accidente), cómo no traer entonces a la mente otra muerte cubierta con la sospecha, e igualmente importante, acaecida meses antes de la muerte del líder opositor.
Laura Pollán, líder de las Damas de Blanco, fue una mujer de coraje cuya presencia en manifestaciones donde debía soportar a esbirros dispuestos por el gobierno para su acoso y humillación, la exponían al contacto físico con sus enemigos aumentando la posibilidad de exterminarla.
Laura Pollán y Oswaldo Payá consiguieron resultados inéditos y no superados a favor de la soberanía ciudadana y el adecentamiento cívico cubanos, emplazaron a Fidel Castro primero y a Raúl Castro después, para concluir el despotismo grosero, que hubiera podido parecer esencial en nuestra tierra, si no fuéramos hombres y mujeres provenientes de ella los que lo enfrentamos.
El probable asesinato de Oswaldo Payá y Harold Cepero, y la crueldad en el trato a Ángel Carromero, de ser confirmados, será otra página en la historia de terror que el estado cubano legará a nuestro porvenir.
Lamento terriblemente las consecuencias de esta tragedia para la familia de Oswaldo, lamento que las declaraciones de Ángel Carromero aviven las dudas sobre lo que el estado cubano se empeñó en mostrar como un accidente y muchos creímos siempre que fue un crimen. Pero me alegra que la esposa y los hijos de Oswaldo Payá estén ahí, con su sencillez y su entereza, su resistencia me llena de esperanzas, la calma de sus voces amaina la desesperación, y el afecto con que se refieren en todo momento a Ángel Carromero ha conseguido transmuta cualquier duda en estima.

Boris González Arenas
8 de marzo de 2013

jueves, 8 de noviembre de 2012

Declaración No 1 del jueves 8 de noviembre de 2012, sobre los arrestos arbitrarios ocurridos en las últimas horas

twitpic de Yoani Sánchez el 8 de noviembre. Estación de Acosta. La Víbora.

Desde ayer miércoles 7 de noviembre de 2012 se han realizado numerosos arrestos arbitrarios que se han extendido hasta ahora. El número de los detenidos en el momento es imposible de contabilizar pues, como en ocasiones anteriores, los teléfonos móviles y fijos de los implicados han sido intervenidos y su funcionalidad anulada. Entre los arrestados están Antonio Rodiles y Yoani Sánchez.
El detonante de la actual situación fue el arresto hecho en su casa de la abogada independiente Yaremis Flores, de la asociación jurídica CubaLex. A raíz del cual fue un grupo de personas a reclamar su liberación inmediata frente al cuartel de la Seguridad del Estado conocido por Sección 21, en la avenida 31 y 110, Playa. Su esposo Veizant Boloy, también jurista, fue el primero en ser arrestado cuando se interesaba por el paradero de Yaremis. Todos los amigos que exigieron alguna explicación fueron apresados, de forma violenta.
Hoy ocurrió lo mismo frente a la estación de Aguilera donde se encuentran hace más de 24 horas Antonio Rodiles y Laritza Diversent, abogada de CubaLex. Las personas que allí esperaban pacíficamente que alguien les respondiera con palabras sólo recibieron una dura golpiza y que los metieran tras las rejas.
Algunos detenidos entre ayer y hoy son: Andrés Pérez, Mario Morago, Vladimir Torres, Rolando Rabanal, Luis M. Fumero, Ailer González (liberada hoy alrededor de la 1 pm), Antonio Rodiles, Eugenio Leal, Agustín y Angel Santiesteban, quien fuera duramente apaleado. Claudio Fuentes sigue desaparecido. 
A los detenidos en la capital se suman José Daniel Ferrer, de la UNPACU, en Santiago de Cuba y Enyor Díaz Allen de HablemosPress, en Guantánamo.
El artículo 58 de la Constitución -vigente- de la República de Cuba dice:
La libertad e inviolabilidad de su persona están garantizadas a todos los que residen en el territorio nacional.
Nadie puede ser detenido sino en los casos, en la forma y con las garantías que prescriben las leyes…
La razón de estas detenciones no ha sido comunicada, ni a los familiares de los arrestados ni, por supuesto, en los medios de prensa nacionales.
Pero los motivos pueden ser numerosos. Un día después de obtener Barack Obama la reelección como presidente de los Estados Unidos, los agentes de la dictadura cubana pueden sentirse tentados a ratificar a la población cubana el absoluto menosprecio que sienten por nuestros derechos universales e inalienables. A la comunidad internacional se le notifica, de este modo, la absoluta impunidad con que seguimos siendo tratados los que, desde este infinito archipiélago, estamos decididos a plantar, en nuestra fértil tierra, el gran árbol de la libertad.
No se nos escapa la crítica situación que se presenta en el Oriente del país, donde el paso del huracán Sandy ha agravado la situación alimentaria y sanitaria, habiéndose reportado en diversas regiones la aparición de casos de cólera, que el gobierno cubano encubre y que se sumarían a la extensa epidemia de dengue que hemos padecido por varios meses, cuyas estadísticas son también un "estricto secreto de estado".
La muerte de Fidel o Raúl Castro, sería otra razón de peso para extirpar a la sociedad civil cubana sus más locuaces representantes. Un gobierno cobarde entraría en pánico si además quedara acéfalo.
El grupo arrestado ha venido participando desde hace meses en la campaña cívica Por otra Cuba, donde se insta al gobierno de Raúl Castro a ratificar el Pacto de los Derechos Políticos y Civiles y el Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, firmados por el gobierno cubano el 28 de febrero del 2008 en la ciudad de Nueva York, único paso verdaderamente esperanzador, por las obligaciones que tal ratificación impica para este triste gobierno. Las consecuencias de esa ratificación sería la sustitución definitiva del aparato de gobierno de Fidel Castro.
Demandamos, de modo inmediato, la liberación sin cargos de los diversos arrestados.
El cese definitivo de los arrestos arbitrarios y que entorpecen el desarrollo de las actividades cívicas que organiza la sociedad civil.
Pedimos al pueblo cubano que evalúe la complicidad que se deriva de la acción intimidada, que no acepte el engaño que supone la extensión de un régimen de permisos, cuando tan cerca estamos de un régimen de libertades y a la comunidad internacional, que mantenga el apoyo que dispensa a nuestra sociedad civil, pues Cuba sigue mereciendo, como el resto de las naciones, la libertad plena y el autogobierno soberano.

Boris González Arenas

martes, 12 de junio de 2012

El contrario no es enemigo


No podemos invocar a Dios, Padre de todos,
 si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios.
                                                                     Nostra Aetate [1]

Es difícil muchas veces entender que el recelo de nuestro vecino por el muro que hemos levantado no responde a la envidia, ni a un sentimiento de malicia que no puede reprimir. El muro nuestro puede restarle, como nos ha dicho, luz. También puede temer que alguien se suba en el muro y desde allí salté a su patio, lo que le obliga a recoger en la noche el cubo de la limpieza o la ropa que dejaba secando hasta el día siguiente.
Cuanto más, con su disgusto, el vecino puede ser nuestro contrario. No demolerá el muro en la noche, no reclamará nuestro esfuerzo en una ayuda cualquiera para, una vez desprevenidos, asestarnos un golpe demoledor con un trozo de hierro que ya tiene preparado, no le dirá a su hijo que golpee al nuestro, ni irá corriendo a denunciarnos por alquilar nuestra vivienda a un extranjero.
Cuando algunos intelectuales o sacerdotes de la Iglesia Católica Cubana (no la "Iglesia Cubana", que son muchas) hablan de "la oposición", como un todo de una sola epidermis, cometen a sabiendas un error propio de los contrarios, no de los enemigos. Buscan legitimar su pretensión de estar en el medio de dos fuerzas y para ello es más fácil caracterizar, a ambas, de modo semejante. Desconocen que muchos fieles de su Iglesia participan desde hace muchos años, de manera brillante, en ese movimiento plural e indefinible que se opone a la dictadura que nos humilla; lo hacen por la sociedad cubana, por ellos (por el horror que produce a los dignos sentirse deshonrosos de su dignidad) y por la Iglesia Católica Cubana, de la que son miembros honorables. Porque no hay nada tan honorable como ser fieles a tan diversas responsabilidades.
Pero no es la Iglesia la que requerirá a nuestro hijo con esa dialéctica atroz de la intimidación y el premio para llevarlo a otras tierras a que entregue su vida, cuando aún no tiene barbas y el fusil excede la proporción debida entre el tamaño del arma y el del cuerpo que la porta. Tampoco la Iglesia pondrá a nuestra esposa en el dilema de continuar a nuestro lado, con hambre y sin esperanzas, o marchar bien lejos a vender barato nuestro trabajo, para cobrarse los beneficios. Tampoco la Iglesia será la Única, la Obligatoria, la que te niegue tú dignidad si no le perteneces, tú integridad si no te le entregas.
Ciertamente tú contrario puede convertirse en tú enemigo. En la década del cincuenta del siglo XX Fidel Castro entregaba sanos y satisfechos a los soldados que caían prisioneros del Ejército Rebelde, la sociedad cubana se sintió maravillada con la gallardía de aquél movimiento dispuesto a morir sin rencor. Como un triunfo del contrario se vivió el Primero de Enero de 1959, apenas días después comenzaron los fusilamientos sumarios, los juicios repetidos hasta conseguir la condena deseada, las depuraciones crueles; la conocida dinámica del crimen como forma de gobierno, la conversión no ya del contrario, sino del otro, en enemigo. Ese modo artero de sojuzgar que usaron los que parecían idóneos para el gobierno y que dura, sin ninguna duda, hasta nuestros días.
Nada de esto hay en las declaraciones que, desde La Iglesia Católica Cubana (no la "Iglesia Cubana") realizan algunos de sus intelectuales o clérigos. Si los autores del editorial El compromiso con la verdad[2] (Espacio Laical No 2 del 2012), elucubraron "un frente" contra la Iglesia Católica Cubana y su máxima autoridad eclesiástica en la isla, el Cardenal Jaime Ortega; no lo hizo Orlando Márquez Hidalgo, director de la Revista Palabra Nueva, en la ponencia presentada en LASA 2012 y titulada La Iglesia como puente de acercamiento. Ambas son publicaciones de la Iglesia Católica Cubana y ambas responden a la política actual de esa institución.
Tampoco pretendió Hidalgo que el puente que puede tender la Iglesia Católica Cubana  sea el único ni el mejor, que los que no quieran cruzarlo sean "incapaces de asumir un quehacer y un discurso bien fundamentado, sereno, propositivo e inclusivo"[3].
Dijo:
"…no basta la existencia del puente si las personas no están dispuestas a cruzarlo, o no sabemos construir y habilitar el puente. El significado necesita del significante, de lo contrario el puente puede ser tan solo una estructura-ficción,…[4]"

Algunas lozas faltan al puente desde el momento que personas como Yoani Sánchez o Dagoberto Valdez, entre otros, tan importantes en nuestra sociedad contemporánea, están ausentes por completo de cada uno de los números de sus revistas, de las invitaciones a sus actos académicos y litúrgicos, y de sus numerosas declaraciones oficiales, donde no faltan a menudo figuras relacionadas al estado enemigo.
Falta también el reconocimiento a esas mujeres extraordinarias que, vestidas de blanco y con flores en la mano, convergieron con la Iglesia Católica Cubana, no buscando la sombra de la institución sino aunando sus luces; el reconocimiento de Guillermo Fariñas, que con la fuerza que en las carreras de relevo potencia los rendimientos, mantuvo encendida la gran protesta que ultimó a  Orlando Zapata Tamayo. Ese reconocimiento falta y de ahí parten las reservas de contrarios que hoy pueden erigirse, reservas que no son, ni un muro para atropellar al vecino, ni un puente horadado para ver caer al que le cruza, como parecen haberse complacido en declarar los redactores de El compromiso con la verdad.
                                                                                      Boris González Arenas
                                                   





[1] Declaración del Concilio Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia Católica con las religiones no cristianas. Aprobada en San Pedro el 28 de octubre de 1965
[2] José Ramón Pérez, Roberto Veiga, Lenier González y Alexis Pestano
[3] "El compromiso con la verdad". José Ramón Pérez, Roberto Veiga, Lenier González y Alexis Pestano. Versión digital.
[4] "La Iglesia como puente de acercamiento" Orlando Márquez Hidalgo LASA 2012. Versión digital.

martes, 27 de marzo de 2012

Los retos de la amistad



                                     
                               




   a José Orlando T. S. Tajonera, por su vidable amistad
                                                 Amicus Plato, sed magis amica veritas[1]

Desde hace cuatro décadas el proyecto Criterios, una de las empresas culturales más admirables de la historia de nuestro país, lleva adelante la puesta en circulación de una revista especializada en temas diversos, todos relacionados con el estudio de "…la teoría de la literatura, las artes, y la cultura".[2]
Pero ni un proyecto ni una intención son extraordinarios si no son llevados adelante por hombres y mujeres especiales. El resultado del evento Criterios es extraordinario. Dentro de todos los que puedan haber colaborado o trabajado para el proyecto, Desiderio Navarro es, para todos los que le conocemos, su artífice. Aunque le conozco poco, siempre ha estado dispuesto a conversar conmigo de todos los temas en los cuales es un maestro. Desiderio Navarro puede despertar muchos recelos y dudas, pero su obra magnífica está ahí para inspirar, aún en último término, respeto y agradecimiento.
Cuando el pasado 28 de febrero de 2012 fui a la presentación del número 37 de la revista con la intención de intervenir desde el público, no era una persona desentendida ni desagradecida del gran proyecto de Criterios. No lo era entonces y, por supuesto, no lo soy ahora.
Lo que escribiré a continuación comparte mi admiración por Criterios, pero también mi compromiso con nuestro país y con tantos amigos que, desde la oposición a los desmanes de un castrismo degradante, buscamos concienciar, en todos los campos --y el intelectual es fundamental-, al colectivo ciudadano al que pertenecemos, el único actor que debe construir el presente. Criterios y mi país, dos amistades con las que quisiera contar siempre.
La actividad estaba citada para las tres de la tarde y ya Desiderio había anunciado la presencia de un panel que, como presentación del número y en la celebración del cuarenta aniversario de Criterios, discutiría sobre la esfera pública en Cuba.[3]La razón era que en el primer artículo de la revista, cuyo autor es Bernhard Peters,[4]se discute la pertinencia de lo que él llama "esfera pública". Partiendo de la lectura de este artículo, un panel notable haría una evaluación del modo como nuestra esfera pública se ajusta, o no, a la evaluación de Peters.
Estaban en el panel: Yasmín Portales, Jorge Luis Acanda, Arturo Arango, Rafael Hernández, Mario Castillo, Leonardo Padura y Roberto Veiga.
El primer problema fue a la llegada. A las tres de la tarde había en los bajos del ICAIC una cola numerosa. Los custodios hacían pasar de diez en diez a los asistentes, con el argumento de que así se organizaba la subida por el elevador. La realidad era que camino al elevador había varios sujetos –para mí desconocidos y yo desconocido para ellos (por suerte)- que se encargaban, de algún modo, de impedir la entrada a aquellos que, por alguna razón, consideraban incómodos para "la institución". El conocido procedimiento de no dejar entrar a los actos públicos a los miembros de la oposición, los únicos tradicionalmente ubicados como indeseables. De conciertos, actividades intelectuales, proyecciones cinematográficas, actividades políticas, los que en Cuba disentimos somos sistemáticamente apartados. Nosotros los opositores –un amigo juicioso se niega a declararse tal por la certeza de que no milita en una oposición, sino en la Posición- decimos Fidel Castro donde otros prefieren divagar; individualizamos la responsabilidad donde otros prefieren generalizarla; vamos en busca de la reunión de todos los cubanos sin condiciones donde otros prefieren leyes para flexibilizar; apostamos por la alegría donde otros se conforman con paliativos de la tristeza. Orlando Luis Pardo Lazo estaba en la cola, pero ya dos personas –según me enteré después- habían sido privadas de la entrada. Acababa de ponerme en la cola cuando escuché a Orlando Luis decir que el acto no era público, que no se confundieran los que allí asistían. Evidentemente lo acababan de sacar. La maniobra era hábil. Abajo, los impresentables, los agentes de la inseguridad del estrado, depuran la asistencia. Arriba, los intelectuales, de un modo limpio y sin agentes patógenos, pueden diseñar el discurso de nación que luego será consumido por una población ávida, pero sin encontrar en él el "algo" que quisieran haber escuchado y que no se pronunció. Ese algo, una vez más, debía quedar en las vísceras de los que no entraron.
Si todo el tiempo dudé acerca de mi intervención, cada nuevo evento la confirmaba. Llegado el momento entré –había dudado de lograrlo- y mi paso hacia el elevador no fue cortado por persona alguna. Arriba no alcancé asiento, todo el amplio salón estaba lleno. En el piso se sentó un grupo grande de personas. El total de las intervenciones duró más de dos horas, todo un reto para la atención. Pocas veces se puede escuchar, en Cuba, personas inteligentes pronunciándose sobre algún tema particular. Algunas de las reservas escuchadas sobre lo que allí se pronunció, no me han parecido justas y pienso que es equivocado desestimar de un plumazo la intervención de alguien porque no se pronuncia como yo quisiera. Más cuando ese alguien es veinte o treinta años mayor que yo y ha debido navegar en aguas esquizoides desde que tiene conciencia.
Estoy convencido de que el terror, el pavor, el miedo inmovilizante, legitiman las reglas de lo que lo provoca. El castrismo ha sido, por medio siglo, la principal fuente de miedo de este país. Todos hemos aprendido a temer por la apariencia de legitimidad que las movilizaciones millonarias insuflan; por el estudio cuidadoso de un discurso mediocre, pero imprescindible para sobrevivir, articulado desde el estrado por el comandante y traducido a un sentido común, que no lo es tanto, por similar número de aterrados; hemos temido por las cárceles; por el escarnio; por la soledad y, en última instancia, por el recurso infalible del Paredón, esa muerte definitiva a diferencia de todas las otras. Por otro lado la tragedia compartida establece las reglas de una solidaridad cómplice y el cubano ha sabido irse bandeando.
Pero todo ese edificio debe ser cuidado y en él el opositor no debe encontrar espacio. Eso pasó en la presentación de la revista Criterios. Al menos eso creo. De los panelistas solo uno, Mario Castillo –el más joven junto a Yasmín Portales-, condenó la represión habida en la entrada contra activistas del Comité Cubano por la Integración Racial. Los demás no consideraron, o por lo menos no lo expresaron, que fuera un atentado contra la libertad el privar a cubanos como ellos de entrar en un evento público.
Después de muchas horas, con las personas cansadas y deseosas de comprar la revista, tocó el turno al público. Fui el primero en levantar la mano y conmigo lo hicieron otros. Como estaba sentado en el frente, no podía adivinar la disposición del auditorio para escuchar a alguien más. Básicamente mi intervención sería sobre cuatro puntos, todos centrados en parte de lo que habían dicho los panelistas por este orden: Rafael Hernández, Jorge Luis Acanda, Roberto Veiga y Mario Castillo. Haré un breve recuento pues la memoria traiciona. Rafael Hernández había enumerado una serie de deseos de los cubanos. Creo recordar que eran nueve. El cubano quiere una salud pública de máxima calidad, no pagar impuestos, una libreta de abastecimientos cargada de productos y otros enunciados cuya carga material me pareció imprecisa. Jorge Luis Acanda hizo una breve relación de la esfera pública con elementos filosóficos precedentes, sobre todo el marxismo, y el modo como podían intervenir en la discusión de la esfera pública cubana. Roberto Veiga usó en su intervención el término "ciberchancleteo" que ha sido usado contra la comunidad blogger que denuncia los desmanes cotidianos. Mario Castillo hizo un análisis crítico del artículo de Peters y, como ya dije, fue el único de los panelistas que señaló la censura a algunos de los asistentes.
Para los que estábamos en el público había un micrófono dispuesto en el salón. Primero debí presentarme y después comencé mi intervención. Expresé que con la enumeración de Rafael Hernández yo no me identificaba. Los deseos del cubano, que él enunció, no son mis deseos. Afirmé que no necesariamente quiero verme en el Hospital Cimeq –la institución hospitalaria a que se había referido Rafael Hernández y que sirve, junto a otros edificios, para dar servicios de salud de excelencia a la clase política cubana en contraste con el gran deterioro de las instalaciones de salud del país-, sino que puedo conformarme con ver a Raúl Castro en la misma consulta de cualquier anciano o a su nieto en un hospital pediátrico como el de Centro Habana, donde no hace mucho debí ingresar a mi hijo. El ofensivo contraste entre nuestras condiciones de vida y las de la laya política cubana era el centro de esta observación. Decir Fidel Castro o Raúl Castro, en medio de una crítica al gobierno es "pasarse de la raya", convertirse automáticamente en alguien que debe ser ignorado, a quien es mejor no haber oído y ese era mi deseo ese día, que se oyera. Considero que ya Rafael Hernández, al señalar el hospital donde los beneficiados del poder se atienden, denunciaba a la usanza de los años ochenta, donde bordeando la frontalidad se hacían todas las acusaciones. Pero no son tiempos de bordear la frontalidad, si es que alguna vez lo fueron. El cambio joven[5] y radical es imprescindible si no queremos tener que ir al fondo del mar a sacar, como a una nueva Atlántida, el cuerpo de Cuba.
Sobre la intervención de Acanda me limité a declarar mi distanciamiento de una interpretación que establece la dependencia de los paradigmas éticos de los ordenamientos socio-económicos. Específicamente el marxismo, al que se había referido Acanda, cuya lógica de que el hombre primero tiene que comer para luego poder pensar establece una jerarquización que me parece ajena a nuestra condición humana. Sin pretender, por supuesto, que el marxismo sea un islote disociado del pensamiento filosófico o una preocupación fútil dentro de los estudios humanos.
Roberto Veiga introdujo un tema de particular importancia. Al usar la palabra "ciberchancleteo" ponía de relieve otra actitud muy cotidiana: la desestimación fácil de los que militamos en la oposición. El mote ha sido usado para devaluar la práctica de Yoani Sánchez, Claudia Cadelo, Lía Villares y más blogueros cubanos. Hice especial énfasis en esto, y en que cuando los medios oficiales cubanos, tan adictos a lo mediocre e inmoral, hacen gala de ello, no se ve la misma reacción crítica en nuestra sociedad intelectual. Usé como ejemplo el artículo "¿Para quién la muerte es útil?"[6], mandado a escribir a Enrique Ubieta por el estado cubano para dar la noticia de la muerte de Orlando Zapata Tamayo. No se puede decir que Ubieta sentó un precedente, porque lo que hizo lo ha estado haciendo Fidel Castro Ruz por más de cincuenta años. Denigrar seres humanos que no tienen ni los medios ni, como en este caso, la vida para responder. Pero fue un artículo vergonzoso, que en una ciudadanía sana habría ocasionado una respuesta inmediata, a la altura de la que dio el mundo. En su réplica, Veiga afirmó que el uso de la denominación "ciberchancleteo" se refería a todo lo mediocre que se mueve en Internet, sin distinguir militancias humanas. Aunque está claro cuál fue el origen de este apelativo, la afirmación de Veiga fue positiva. Al no desestimar que Enrique Ubieta pueda participar de la mediocridad, lo consideré incluido por Veiga. Al no declarar quiénes de los que escribimos desde la oposición podemos ser señalados al modo de Ubieta, podemos no sentirnos aludidos.
Por último alabé la conducta de Mario Castillo al denunciar las censuras habidas en la entrada de la actividad y eché de menos que no hubiera sido secundada por los demás panelistas. Sugerí que ningún evento intelectual debe desarrollarse sin la condena explícita de los actos de represión que buscan filtrar los asistentes.
Los panelistas escucharon mi intervención con respeto y si las respuestas de ellos fueron con mayor o menor molestia, ninguna la consideré infamante. Rafael Hernández respondió a lo que dije asegurando que los deseos del cubano enumerados por él no corresponden a un sujeto de cierta inmoralidad –como lo había calificado yo- sino que el cubano, por alguna razón que no comprendí, se considera con especial derecho a lo mejor. No estoy de acuerdo con él y no dejo de ver, aun en esta respuesta, una velada referencia al argumento oficialista de que el cubano de hoy, por los derechos dados por la revolución y el socialismo, tiene unas expectativas de vida extraordinarias. Si en la década del cincuenta nuestras expectativas no hubieran sido elevadas, la gran Revolución Cubana, la revolución ciudadana que secuestraron astutamente Fidel Castro y sus secuaces, sin dudas no se hubiera producido. Las redes de abastecimiento de las montañas, que desde las más distantes bodegas de la ciudad llevaban alimentos, por las vías más disímiles, a los rebeldes; las fuentes de financiamiento que permitieron la compra de información, armas, medicinas y demás necesidades; y el apoyo de los mejores gobiernos extranjeros que, con una admiración añorada hoy, favorecieron el asentamiento y la organización de exiliados revolucionarios, nada de eso se habría producido. Tampoco se habría producido la entrega extraordinaria de millones de seres humanos que, una vez triunfada la Revolución y creyendo ver en Fidel su garantía, entregaron cuanto tenían después de una vida de trabajo en pos de expectativas enormes. La memoria de tales eventos y la constatación de la insania moral de sus beneficiarios, demudan la vergüenza y confirman la situación cubana como una de las tragedias más grandes de la historia contemporánea.
La respuesta de Desiderio Navarro afirmando que la institución se permite el derecho de admisión, sabiendo que su uso no es contra quienes vienen drogados, indebidamente vestidos o ebrios, sino contra los que militamos en la denuncia del régimen cubano, no puede satisfacer.  Aun viniendo de la autoridad que le cabe, la verdad es que en la práctica verificable los que han sido expulsados de la institución son los miembros de la oposición visible cubana. Le pediría yo, para evitar próximas envestidas a nuestro legítimo derecho, la realización de las presentaciones en los numerosos espacios verdaderamente públicos de la isla. Como quiera que decida él hacer, el proyecto cultural Criterios ha sido y es prueba de su claridad, capacidad creativa y energía sin límites por más de cuarenta años y felicitarlo después de tantas pruebas de constancia, es el menor de los homenajes posibles.

                                                                              Boris González Arenas                                           La Habana, 13 de marzo de 2012

Artículo realizado para la revista Voces (No 14) presentada en casa de Yoani Sánchez el pasado viernes 23 de marzo de 2012.
                                                          


[1] Atribuida a Aristóteles, la famosa frase significa: Soy amigo de Platón, pero más amigo soy de la verdad. Ha sido muy usada para significar que no basta con que una opinión sea usada por una autoridad para que sea aceptada.
[2] Así versa en la nota que aparece escrita en el borde superior izquierdo de la portada de cada número
[3] Decía una de sus convocatorias: "Desde el pasado domingo se encuentran en el Aeropuerto de La Habana, ocasionando ya pago de sobrestadía, los ejemplares del número 37 de la revista Criterios, uno de los más logrados de su trayectoria - -nuevamente por la presencia de algunas de las más grandes figuras y grandes temas del pensamiento mundial actual. 
Aun si Ediciones Unión mantuviera su negativa a firmar esta vez la solicitud de extracción aduanal establecida "por lo que puede haber dentro de esa revista", y aunque se repitieran, como en días recientes, los actos de vandalismo furtivo en la sede del Centro, allí celebraremos, el próximo 28 de febrero, el 40 aniversario del comienzo, en un lejano febrero,  de la lucha de Criterios por la circulación local de lo mejor del pensamiento cultural mundial  y contra el autobloqueo y el monologismo antiintelectual. 
A todos aquellos que sientan que con estas cuatro décadas de publicaciones y actividades  Criterios los ayudó en algo en su formación o información o trabajo, y que desearan que lo siguiera haciendo a pesar de todos los obstáculos, los invitamos a expresarlo esta única vez con su asistencia".
[4] Peters, Bernhard: El sentido de la esfera pública Revista Criterios No 37 2011, pp 5-54.
[5] O sea, todo lo que sea menor de ochenta años.
[6] 27 de febrero de 2010
Creative Commons License probidad by Boris González Arenas is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Based on a work at probidadcuba.blogspot.com.