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lunes, 18 de mayo de 2015

   La sociedad civil estatal, de Crematorio a Panamá


                                   
Hace pocos días vi la película Crematorio, en fin… el mal, de Juan Carlos Cremata. De alrededor de treinta y dos minutos y guion del mismo J. C. Cremata y Carlos Lechuga, pone en escena el velorio de un miliciano, viejo e intransigente, que repudió en vida las elecciones vitales de los miembros de su familia.
Coincidente con mi tardía asistencia a la película de Cremata –fue realizada en 2013-, el estado cubano organizó el Foro de la Sociedad Civil Cubana, que sesionó el pasado 17 de marzo en la Casa de las Américas y la Casa del ALBA cultural. El Foro y la publicidad que recibió de nuestros medios de difusión, encaminados a mostrar a la sociedad civil como un haz de asociaciones “revolucionarias” o “nuestras", buscan conformar una nutrida “tropa de choque” que asista a la Cumbre de las Américas, de la Ciudad de Panamá en la que estarán presentes organizaciones de la sociedad civil no oficial de la isla.          
Al leer algunas de las organizaciones devenidas de la noche a la mañana miembros de la sociedad civil cubana, no pude dejar de pensar en la película de Juan Carlos Cremata y la delirante cohorte que acompaña el velorio del intransigente miliciano. Asisten a la ceremonia mortuoria sus compañeros de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC), reporteros de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), la de vigilancia del Comité de Defensa de la Revolución (CDR), el albañil, la emigrada, la doctora, los travestis y el babalawo con sus acompañantes. Todos ansiosos por obtener algo de las miserables sobras vitales del difunto.

martes, 21 de abril de 2015

El grupo y la muerte

                                      Yo lo vi / Francisco de Goya,              
                                      Tomado de:https://www.museodelprado.es/typo3temp/pics/2fee04e03d.jpg 
                                                         
No está bien, no está bien gritar hasta anular la voz del que numéricamente es inferior. Azuzar seres humanos hasta hacerles perder la razón. Instar al débil a encontrar fuerza en el grupo. Difuminar del individuo la compasión, la solidaridad y la paz.
Los gritos de la delegación cubana impidiendo la realización de las actividades organizadas a tenor del Foro de la sociedad civil de las Américas avergüenzan a la sensatez y la razón. Orgullo deben sentir los cubanos que no fueron convocados a participar de la delegación de la sociedad civil estatal. Toda vez que un aficionado del castrismo es ignorado, un cobarde no es llamado, un colaborador falta a su cita, se salva un poco. Aumenta la absorción de los minerales en su proceso de digestión, las líneas de la cobertura moral en su móvil, la nitidez de sus rasgos en las fotos de familia.
Al ver el guion de la sociedad civil estatal, algunos especulamos sobre cuál 
sería la suerte de la anunciada visita de Raúl Modesto, el dictador cubano
Cuesta recuperarse de la sorpresa. Paramilitares cubanos apostados en torno de la delegación cubana en el Hotel El Panamá, donde en la mañana del viernes nueve de abril acosaron como fieras a miembros de otra parte de la sociedad civil cubana y cuanto asistente al foro pedía respeto. Eusebio Leal declarando días antes que nunca dará el primer golpe físico ni verbal, Abel Prieto instando a demostrar que Cuba no está controlada por el gobierno y los gritos, los golpes, el escarnio, el repudio, el paredón.

domingo, 21 de julio de 2013

Acusando recibo desde los dominios del límite



    El compañero Raúl Modesto Castro Ruz acaba de asegurar, en un discurso ilustrador, que: “conductas, antes propias de la marginalidad, como gritar a viva voz en plena calle, el uso indiscriminado de palabras obscenas y la chabacanería al hablar”[1] han trascendido sus espacios naturales para abrirse paso en toda nuestra sociedad. No se refiere, creí entender, a “abrirse paso” como estamos acostumbrados a hacerlo en una guagua de cualquier sitio del país que aún conserve el servicio de ómnibus urbanos, empujando y mirando atravesado, con la violencia manifiesta, con el sudor ardiendo en nuestros ojos y todos los malos olores de una población de aseo deficiente acumulado por décadas, casualmente las mismas que ha durado su gobierno, al frente de las armas primero, sobre nuestras almas después.
   Compañero al fin, Raúl es uno más entre nosotros. ¿Quién no le ha visto en ayunas en 23 y 26, cerca de su apartamento en el Vedado, subir a una guagua cualquiera que lo acerque a la Avenida Paseo para después seguir camino a pie hasta el Ministerio de las Fuerzas Armadas, donde trabaja? Es un gran esfuerzo para sus escoltas evitar el roce de los pasajeros y cuidarle del cuchillo traidor que, aun mellado, puede dar fin a su vida. El cubano está acostumbrado a esto, su hermano Fidel rechazó una y otra vez el confort y el lujo que caracterizan el ejercicio político en otros países del mundo. Nada de costosas amantes de ocasión ni permanentes, cero comilonas solemnes u oficiales; sus hijos en nuestras escuelas, su familia al amparo de nuestras leyes y sus enfermedades tratadas en nuestros mismos hospitales.
    Por ello le cabe toda la autoridad al compañero Raúl para señalar: “lo más sensible es el deterioro real y de imagen de la rectitud y los buenos modales de los cubanos”.[2] Se ampara, no en una valoración superficial, sino en un “levantamiento” realizado –afirma el comandante- por el Partido y los organismos del Gobierno que ha arrojado la sorprendente cifra de ciento noventa y un fenómenos negativos,[3] lo cual sorprende por su precisión y habla del espíritu intransigente del revolucionario, pues en conteos semejantes hechos durante la república anterior a la revolución los fenómenos negativos llegaron a 101 354 (1936) y 209 167 (1951),[4] acusando en el presente una diferencia claramente positiva. Aseguran los que vieron la lista que allí se encuentra (Irregularidad número 17) la práctica de relaciones sexuales en sitios indebidos como parques, cines, oficinas, guaguas y locales abandonados; que sustituyen hoy los antiguos hoteles baratos, casas de citas y posadas, tan asociados al sexo fortuito y la infidelidad conyugal, impropias de un revolucionario. Otra irregularidad presente en el documento (número 44) es el hurto a los campesinos, quienes dejan de sembrar por no poder contener la ola de depredadores que acuden en bicicletas, triciclos, motos, caminando y con muletas, para substraer cualquier cosa que puedan vender luego o comer. La irregularidad número 71 no sorprende, pues ha sido denunciada en nuestros medios de prensa y es aquella que toca el delicado tema de la vivienda y los modos indebidos con que no pocos inescrupulosos las construyen. Proliferan las casas que usan como sostén los angulares retirados a torres de alta tensión eléctrica, como ventanas las sustraídas a ómnibus de transporte público u obrero, con puertas robadas a instalaciones estatales en las que después resulta común ver a empleados defecar sin la debida intimidad. ¿Quién no ha visto un hogar donde se separa la sala del baño con una sábana que en una esquina tiene un número de inventario, o donde unos niños se lavan la boca usando, para sacar el agua de un tanque viejo y oxidado, una vasija substraída de un salón de cirugía? Estos datos sobre las irregularidades pueden ser, no obstante, obra de fabuladores siempre prestos al chisme y al chanchullo, distantes de la práctica oficial.
    Ha dicho Raúl: “se ignoran las más elementales normas de caballerosidad y respeto hacia los ancianos, mujeres embarazadas, madres con niños pequeños e impedidos físicos. Todo esto sucede ante nuestras narices, sin concitar la repulsa y el enfrentamiento ciudadanos”.[5] Modestamente, pienso que esto no es del todo cierto. Si bien la solidaridad tradicional ha desaparecido, surge un nuevo modo de ayuda al prójimo, una “solidaridad al límite” practicada por los cubanos más disímiles sin distinciones de género, raza, edad ni lugar de origen. El objeto de esta solidaridad son aquellos que tienen dificultades manifiestas para lidiar con los rigores de nuestro cotidiano, precisamente las mujeres embarazadas, los ancianos, los niños y los impedidos físicos que señalara el comandante. Frente a tales personas no es difícil comprobar que el frenesí y la violencia que se han vuelto imprescindibles en nuestra vida diaria, se atenúan para procurar dar paso a la embarazada en el pasillo aunque le moleste al que tenemos delante y debamos hacerle comprender con algunos golpes; favorecer al ciego en la repartición de algún bien, aun sabiéndole incapaz de percibir si le dieron la mala; o cargarle la jaba a cualquier anciano sin robarle nada de lo que lleva adentro. No todos son solidarios siquiera de esta manera, pero tal actuar existe y conmueve en una población carente y desesperanzada.
    “Lo real, afirma el compañero Raúl, es que se ha abusado de la nobleza de la Revolución, de no acudir al uso de la fuerza de la ley, por justificado que fuera, privilegiando el convencimiento y el trabajo político, lo cual debemos reconocer que no siempre ha resultado suficiente”.[6]
    No ha faltado quien comenta que por párrafos como el anterior transita una nueva amenaza  para la población cubana, afirman que el comandante encubre una ola de depredación estatal contra el comercio privado, con un llamado a las buenas costumbres y la honradez. Para fundamentarlo se basan en recientes arremetidas contra los cuentapropistas, multándolos con cifras descomunales, confiscando sus mercancías y demoliendo sus locales, todo envuelto en las irregularidades propias de nuestro sistema legal que deja al afectado con pocas posibilidades de reclamación, y en una ley de impuestos aprobada meses atrás que succiona el cincuenta por ciento de la ganancia del comerciante.
    Aun así me cuesta creerlo, pues la misma familia del comandante tiene intereses monetarios en nuevas áreas de desarrollo económico, o al menos eso se comenta. Hay quien dice que su yerno es el mánager del área del Mariel, que tiene multimillonarias inversiones de gobiernos extranjeros, principalmente de Brasil, para su desarrollo como puerto; su hijo es un alto jerarca del Ministerio del Interior, institución que ha tenido, tradicionalmente, grandes intereses económicos y empresas a su arbitrio, y su sobrino es un campeón de golf, deporte que busca desarrollarse en nuestras tierras y al parecer es un suculento negocio puesto bajo su tutela. ¿No sería un sinsentido que el comandante atentase contra los intereses de su propia familia?
    De tener razón los cuentapropistas, y sería mejor para el bien del país que no la tengan, habría que coincidir con Raúl Modesto en que ha crecido en nuestro país la desfachatez, pero habría que incluirlo a él como nuestra mayor vulgaridad y a su discurso como la más reciente de nuestras groserías.
                                                                                 Boris González Arenas
                                                                                    19 de julio de 2013




[1] Raúl M. Castro: La pérdida de valores éticos y el irrespeto a las buenas costumbres puede revertirse mediante la acción concertada de todos los factores sociales. Intervención del General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la Primera Sesión Ordinaria de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, el 7 de julio de 2013, “Año 55 de la Revolución”, Juventud Rebelde, 9 de julio de 2013, p. 4.
[2] Ídem.
[3] Ídem.
[4] Estas cifras me las dio Cheo Guzmán, custodio de un cine de la Avenida Ayestarán, que se desempeñaba como carretillero en la década del cincuenta y se hizo traductor del idioma uzbeko en la década del setenta. En el año 1989 Cheo quedó sin trabajo y desde entonces se desempeña como vigilante.
[5] Raúl M. Castro, ob.cit., p. 4.
[6] Ídem.


miércoles, 13 de febrero de 2013

Frente al fracaso moral

Lágrimas de hombre, lienzo de Igor Urquiza

Contamos con poco los que en la sociedad aterrada levantamos la vista. Algunos amigos, una hermana, el hijo o el padre, un puñado de orgullos, un buche de estima. También contamos con la dignidad anónima, la de un vecino o un colega que sin aspaviento niega su concurso a los encargados de la persecución. Poco más si acaso. No hay leyes que nos protejan -en ninguna parte de la constitución vigente aparece alguna consideración respetuosa hacia nosotros-, lazos filiales que nos aúnen, grupos humanos que nos exalten. No podemos contar con los obreros, con los artistas, con los intelectuales, con los campesinos, con los militares, con los técnicos; en la sociedad aterrada nada es lo que su nombre indica. De cualquier colectivo social saldrá el que alimenta la calumnia, la que otorgará callando, el que aconsejará el espanto, los que anhelan en silencio ver doblegarse a la osadía. Hablan desde el redil y sus consejos se asemejan a los de los amigos que piden prudencia por temor a nuestra suerte. Pero sus motivaciones son diferentes.
Las consecuencias del orgullo no son pocas, la cobardía se confunde con la ojeriza y el sujeto diferenciado se convierte en loco por expresar sus ideas con claridad, irresponsable por actuar sin considerar las prohibiciones que el estado criminal dispone, ingenuo por no aceptar medir las consecuencias de sus actos.
La sociedad del redil no se siente maculada lo suficiente por necesitar, para comer, la carne robada a los enfermos, los medicamentos substraídos de una farmacia; tampoco le imputa mudarse para la casa confiscada a la familia perseguida, aprovecharse de los bienes dejados a la zaga por el que huye del país, taparse con las sábanas robadas del hotel ni limpiarse el trasero con la materia prima del papel inalcanzable para un salario medio. Sin embargo no puede tolerar, y ahí tales enclenques se yerguen cual tribunos, que el individuo soberano reciba honorarios por publicar sus cavilaciones, premios por insistir hasta el honor en la dignidad de la autoridad personal; el reconocimiento infinito de quienes, desde un mundo democrático, asisten azorados a lo que pueden ser los últimos gritos de nuestras entrañas.
Es demasiado encono y nuestros cuerpos lo sienten, pero no se levanta la mirada para volver con la cabeza gacha; por el contrario, la rara anatomía moral decide que la vista alta vigorice los miembros, exalte los sentidos y permita escuchar, sobre los alaridos que llegan de las vallas, el roce del sol con el espacio, las luces primeras del amanecer.
Boris González Arenas
Martes 12 de febrero de 2013

domingo, 2 de diciembre de 2012

Por Estado de SATS II. La libertad de Antonio Rodiles

James Ensor: Cristo entrando en Bruselas

Finalmente hemos celebrado la libertad de Antonio Rodiles, fue el lunes 26 de noviembre de 2012, diecinueve días después de su arresto brutal frente a la Sección Veintiuno de la Depauperada Salubridad del Estado, conocida también como DSE. Pedazo, trozo, cacho, toda sección remite a falta de integridad, coraje, plenitud. Puede referir también algo en construcción, aspiración de incrementar su dignidad, llegar a ser. Nada de eso existe en este caso, los llamados Órganos de la Seguridad del Estado de Cuba cocinan las acciones a la sombra: donde un ciudadano habla, ellos cuchichean, donde una mujer íntegra se erige en tribuno frontal, ellos buscan el costado, la mentira.
Antonio Rodiles fue golpeado, más aún, insultado, vejado; una de sus manos fue machacada por una mujer con el tacón de su zapato aprovechando que Antonio las tenía apoyadas sobre el carro policial al que se negaba a entrar. Antonio vio a la mujer y cuenta que ella reía. Esa risa la hemos visto ya, en los videos de acoso y golpeaduras a las Damas de Blanco, en una situación similar contra Reinaldo Escobar, en las imágenes de las marchas frente a la Embajada del Perú, en los conductores del barco responsable del hundimiento del transbordador Trece de Marzo que en agosto de 1994 llenó de muerte el horizonte habanero, en los testimonios de las víctimas de tantas décadas de incitación a la barbarie desde la tribuna esclerosada. Es una risa infrahumana; quienes la profieren, hombres o mujeres, parecen haber curtido el rostro durante décadas para llegar a esa mueca sórdida. Pero estuvo también antes, mucho antes, quizás ha estado siempre. El pintor James Ensor la reprodujo en 1888: es el público que recibe a Jesús en su cuadro Cristo entrando en Bruselas.
Han sido días duros para todos, días de incertidumbre. Su arresto ocurrió horas después de la victoria electoral de Barack Obama. Antonio estaba enfrascado en la recogida de bienes de consumo para enviar al oriente del país, donde los destrozos del huracán Sandy parecen insalvables mientras el dengue y el cólera siguen haciendo estragos. Es también Antonio el Coordinador Nacional de la campaña Por otra Cuba, que ha sido articulada a nivel nacional con algunas de las figuras más interesantes de la sociedad civil, consiguiendo que los ciudadanos cubanos se familiaricen con el Pacto de los Derechos Políticos y Civiles y el Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, que fueron firmados por el gobierno cubano en febrero del año 2008, pero que requieren ser ratificados para que nuestro sombrío sistema legal tenga que reformarse a su tenor. Se suma a todo ello Estado de Sats, su proyecto originario, las entrevistas, la organización de encuentros, los programas de cine, las publicaciones periódicas.
Sus días de prisión, sin embargo, nos acercaron más a Antonio Rodiles, sus amigos hemos podido estar más cerca de su papá y su mamá de lo que habíamos estado antes. Hemos comprendido el origen de su osadía. Su mamá no paraba de trabajar y atendernos, sugerir ideas, participar de nuestras actividades, salir en nuestras fotos, rubricar nuestros documentos. Es un placer su presencia en esas imágenes y que su firma participe con la nuestra. Un gran placer.
También compartimos con su papá. Todos hemos admirado esa disposición del padre de Antonio a servirle de compañía en sus andanzas. Quedándose siempre dentro del carro destartalado mientras Antonio sube a nuestras casas. ¡Qué humildad en alguien con su historia! Me emociona pensar que algún día puedan mis hijos estar en peligro y sea yo el que no me despegue de ellos con tal de exponer mi cuerpo anciano a las embestidas de las bestias. Los padres son una fuerza sobrenatural y en el caso de Antonio Rodiles esa potencia está por entero a su servicio.
Otra persona se destacó en especial en estos días de zozobra en que tan al tanto estuvimos todos: Claudio Fuentes Madan. Claudio fue apresado al día siguiente de la detención de Antonio mientras demandaba su libertad frente a la estación de policía que está en la Avenida Acosta, en el municipio Diez de Octubre. Estaban con él Ángel Santiesteban y Yoani Sánchez, entre otros. No fue hasta dos días después, el domingo 11 de noviembre, que Claudio salió libre. Desde ese momento acompañó a los padres de Antonio hasta conseguir que ellos sumaran, a la zozobra por ver llegar al hijo de la prisión, la inquietud por ver llegar a Claudio cada noche.
Hay ocasiones en que ni siquiera son necesarias pocas palabras para entender. Nada dijeron de la detención de Antonio los periodistas de los medios de difusión oficiales, esos difusores del miedo; tampoco habló el Minint ni el Comisionado Nacional de Béisbol, ni el general que levantó la mano en 1989 aprobando la muerte de su compañero de tantos años, para regresar a su casa y conservar el juego de muebles, la esposa joven y la poca vida que queda después de la traición.
En todo sistema social crecemos parejos los que amamos la libertad y los que la desprecian y se avergüenzan frente a ella, retorcimientos estos últimos para los que el castrismo es levadura generosa. Frente a Antonio Rodiles, y los bravos que le acompañaban el pasado día 7 de noviembre de 2012, estos esbirros pudieron percibirse por un instante de lucidez en toda la degradación que les conforma; ni el uniforme verde olivo, ni las estrellas del hombro, ni la miserable cohorte de oportunistas viciados, impiden en el enfermo de mal el impacto de tal instante. Doloroso debió haber sido, tan doloroso que al encimarse a Antonio no pudieron evitar, ni el frenesí canallesco, ni la risa histérica de las hienas.

Boris González Arenas
1 de diciembre 2012

jueves, 8 de noviembre de 2012

Declaración No 1 del jueves 8 de noviembre de 2012, sobre los arrestos arbitrarios ocurridos en las últimas horas

twitpic de Yoani Sánchez el 8 de noviembre. Estación de Acosta. La Víbora.

Desde ayer miércoles 7 de noviembre de 2012 se han realizado numerosos arrestos arbitrarios que se han extendido hasta ahora. El número de los detenidos en el momento es imposible de contabilizar pues, como en ocasiones anteriores, los teléfonos móviles y fijos de los implicados han sido intervenidos y su funcionalidad anulada. Entre los arrestados están Antonio Rodiles y Yoani Sánchez.
El detonante de la actual situación fue el arresto hecho en su casa de la abogada independiente Yaremis Flores, de la asociación jurídica CubaLex. A raíz del cual fue un grupo de personas a reclamar su liberación inmediata frente al cuartel de la Seguridad del Estado conocido por Sección 21, en la avenida 31 y 110, Playa. Su esposo Veizant Boloy, también jurista, fue el primero en ser arrestado cuando se interesaba por el paradero de Yaremis. Todos los amigos que exigieron alguna explicación fueron apresados, de forma violenta.
Hoy ocurrió lo mismo frente a la estación de Aguilera donde se encuentran hace más de 24 horas Antonio Rodiles y Laritza Diversent, abogada de CubaLex. Las personas que allí esperaban pacíficamente que alguien les respondiera con palabras sólo recibieron una dura golpiza y que los metieran tras las rejas.
Algunos detenidos entre ayer y hoy son: Andrés Pérez, Mario Morago, Vladimir Torres, Rolando Rabanal, Luis M. Fumero, Ailer González (liberada hoy alrededor de la 1 pm), Antonio Rodiles, Eugenio Leal, Agustín y Angel Santiesteban, quien fuera duramente apaleado. Claudio Fuentes sigue desaparecido. 
A los detenidos en la capital se suman José Daniel Ferrer, de la UNPACU, en Santiago de Cuba y Enyor Díaz Allen de HablemosPress, en Guantánamo.
El artículo 58 de la Constitución -vigente- de la República de Cuba dice:
La libertad e inviolabilidad de su persona están garantizadas a todos los que residen en el territorio nacional.
Nadie puede ser detenido sino en los casos, en la forma y con las garantías que prescriben las leyes…
La razón de estas detenciones no ha sido comunicada, ni a los familiares de los arrestados ni, por supuesto, en los medios de prensa nacionales.
Pero los motivos pueden ser numerosos. Un día después de obtener Barack Obama la reelección como presidente de los Estados Unidos, los agentes de la dictadura cubana pueden sentirse tentados a ratificar a la población cubana el absoluto menosprecio que sienten por nuestros derechos universales e inalienables. A la comunidad internacional se le notifica, de este modo, la absoluta impunidad con que seguimos siendo tratados los que, desde este infinito archipiélago, estamos decididos a plantar, en nuestra fértil tierra, el gran árbol de la libertad.
No se nos escapa la crítica situación que se presenta en el Oriente del país, donde el paso del huracán Sandy ha agravado la situación alimentaria y sanitaria, habiéndose reportado en diversas regiones la aparición de casos de cólera, que el gobierno cubano encubre y que se sumarían a la extensa epidemia de dengue que hemos padecido por varios meses, cuyas estadísticas son también un "estricto secreto de estado".
La muerte de Fidel o Raúl Castro, sería otra razón de peso para extirpar a la sociedad civil cubana sus más locuaces representantes. Un gobierno cobarde entraría en pánico si además quedara acéfalo.
El grupo arrestado ha venido participando desde hace meses en la campaña cívica Por otra Cuba, donde se insta al gobierno de Raúl Castro a ratificar el Pacto de los Derechos Políticos y Civiles y el Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, firmados por el gobierno cubano el 28 de febrero del 2008 en la ciudad de Nueva York, único paso verdaderamente esperanzador, por las obligaciones que tal ratificación impica para este triste gobierno. Las consecuencias de esa ratificación sería la sustitución definitiva del aparato de gobierno de Fidel Castro.
Demandamos, de modo inmediato, la liberación sin cargos de los diversos arrestados.
El cese definitivo de los arrestos arbitrarios y que entorpecen el desarrollo de las actividades cívicas que organiza la sociedad civil.
Pedimos al pueblo cubano que evalúe la complicidad que se deriva de la acción intimidada, que no acepte el engaño que supone la extensión de un régimen de permisos, cuando tan cerca estamos de un régimen de libertades y a la comunidad internacional, que mantenga el apoyo que dispensa a nuestra sociedad civil, pues Cuba sigue mereciendo, como el resto de las naciones, la libertad plena y el autogobierno soberano.

Boris González Arenas

miércoles, 7 de marzo de 2012

Un lugar donde vivir… sin miedo

Es un edificio de sesenta años. Construido en cualquier parte de la ciudad a finales de la década del cuarenta. Los apartamentos del frente tienen un pequeño balcón con vista a la calle, en la primera planta están ubicados a ambos lados de la puerta del edificio y en los pisos siguientes a ambos lados del pasillo. Los apartamentos interiores tienen balcones al costado del edificio. Tiene tres plantas y aún siendo de proporciones modestas, está bien ubicado y construido.
Justo al lado derecho de la puerta de entrada vive una anciana sola. Trabajó muchos años de maestra de primaria y ahora lleva más de diez años jubilada. Su hijo vive en Estados Unidos, gracias a ello puede mantener, la anciana, un nivel de vida muy superior al que le corresponde. Como tantos, creyó firmemente que en Cuba se construía una sociedad más justa y que dando a diario clases a niños por un salario modesto, aportaba lo necesario a ese país mejor. Era la época en que una economía incompetente era sostenida por colosales financiamientos soviéticos. Pero la época terminó y ella pudo ver lo fácil que se trocaba una educación viabilizada para crear un hombre nuevo, en otra, productora de servicios tradicionales y desesperados.
Su alumna favorita, hija de un matrimonio de un cubano y una soviética, jefa de colectivo a los once años (En 1987), era puta a los dieciséis (En 1992). Gerardo, el jabado de las pecas en la cara, cuya madre trabajaba en Cubana de aviación, de donde traía los dulcecitos para las fiestas que organizaba "la maestra de su hijo", y con un padre desconocido para todos pues llevaba más de cinco años de misión militar en Mozambique; que declamaba los poemas del Indio Naborí a los nueve años (En 1985), quedó sepultado para siempre en las aguas del Golfo de México, después de haber sido visto en una balsa junto a otros amigos y su novia (En 1994). Esa anciana puede, gracias a su hijo, tomar hoy un helado o ir a un hospital en taxi, nivel de vida que es un sueño para sus ex compañeras de trabajo.
Justo en el apartamento de al lado, vive un señor con su esposa ambos negros y mayores de sesenta años. Ellos no tienen hijos en el extranjero ni en ninguna parte. Sencillamente no tienen hijos. Él trabaja aún en el Circulo Social donde ha trabajado toda su vida. Un antiguo club de la clase media cubana que lleva cerrado veinte años (Desde 1987), después de servir otros veinte (Desde 1964) a cualquier ministerio que lo dejó destruirse, no era el ministerio del ejército ni el del interior. 
Hace cuatro años (En el 2008) en su apartamento comenzó a brotar un manantial de agua albañal. Después de varios días de gestiones infructuosas el hombre se decidió y abrió un pequeño orificio en la pared de su cocina. El agua comenzó a fluir hacia el pasillo del edificio, corriendo por un costado hasta salir por la puerta de entrada y de ahí rueda calle abajo hasta desaparecer en alguna alcantarilla que aún no está tupida.
El agua es sumamente apestosa y los vecinos del edificio no perdonan la fetidez que provoca tal solución. Poco a poco le han ido retirando el habla hasta dejarlos completamente solos. Un bombillo que tenían sobre la puerta lo rompieron una noche (En el 2009) y el edificio tuvo que despertar con los gritos desesperados del "negro del dos" que dejó brotar en palabras su ira contenida. Después le arrancaron el número dos que tenía la puerta, pero eso no provocó mayor disgusto porque a la maestra jubilada le arrancaron el número uno. También arrancaron un sello de bronce que identificaba, a la izquierda de la puerta del edificio, al arquitecto del inmueble (En el 2010).
La maestra jubilada sigue recibiendo visitas y su vida social se mantiene activa (En el 2012). Estos obreros despreciados, que no pueden con su salario reparar un salidero (En el 2012), y que no pueden apelar a sus ahorros después de una vida de trabajo (Desde 1967) porque no tienen, viven en la más absoluta soledad y al amparo del silencio.
En Cuba la protesta se ha convertido en delito, nada anima a la esperanza y la prudencia, por recurrida, se ha identificado con el miedo.
¿Pero a qué se teme?
La ex maestra teme quedarse sola y morir una mañana sin que su hijo al otro lado del mar, siquiera lo sospeche. Su hijo teme perder, con su madre, lo único que le queda en Cuba, lo que es importante para él,
que no se entiende como americano. Los inquilinos del dos temen que la peste se enraíce en su cuerpo, en sus alimentos; instintivamente llevan la nariz a sus ropas para comprobar que no apestan. El resto de los vecinos temen que el agua albañal socave los cimientos del edificio.
El gobierno teme a la venganza, los amigos y los amantes a ver a sus allegados en el presidio, las madres y los padres a no encontrar el cuerpo de sus hijos en el mar para darles sepultura digna, los obreros a no tener ningún trabajo, los desempleados a no poder seguir viviendo vendiendo cualquier cosa, es una sociedad y en la sociedad los sentimientos se comparten aunque sean diversas las causas que parecen motivarlos.
Una sociedad que debe empezar por aprender que al miedo basta con no sentirlo.

Boris González Arenas
1º  de marzo de 2012
               
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