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martes, 8 de agosto de 2017

Si piensa comprarle un auto a CIMEX búsquese un mecánico


"Menú de ofertas" correspondientes al 17 de julio de 2017
Setenta mil dólares son 1.680.000 pesos cubanos, que son a la vez 7.476 salarios mínimos y 2.270 salarios medios. Para comprar un Audi A4 de 2006 en Cuba hoy, un cubano o cubana que gane el salario mínimo necesita 622 años de trabajo y, en el caso de que gane el salario medio, necesita 189 años.
Además del Audi, 70.000 dólares es por estos días también el precio de un Hyundai Accent de 2014 en la agencia estatal de venta de automóviles de la calle 20 entre 1ª y 3ª, en el barrio habanero de Miramar. El listado incluye el Kia Picanto de 2014 a un precio de 50.000 dólares.
Cuando el Estado comenzó la venta de vehículos a particulares, en enero de 2014, un Kia Picanto de tres años de uso como el que hoy ofrece la agencia de la Corporación CIMEX —parte del poderoso conglomerado militar GAESA—, costaba 40.000 dólares y un Hyundai Accent costaba 45.000, exactamente 25.000 menos de lo que cuesta hoy su similar.
"Compré ese Geely Emgrand de 2013 a finales de 2015, entonces costaba 40.000 dólares y ahora dicen que ha subido a 45.000", dijo un hombre que salía de la agencia de vehículos días atrás y que conserva su auto chino en magníficas condiciones.
"Cuando dices que vas a comprar el carro, ellos lo separan por dos días y te dan un número de cuenta al que tienes que transferir el dinero. Con esa información vas al banco y luego de 1.000 chequeos transfieren el dinero a la cuenta de la Corporación CIMEX. Vienes de nuevo, haces el contrato y te llevas el carro sin ninguna garantía para los problemas que pueda tener. El mío tenía el aire acondicionado roto cuando lo compré y si no estaba peor fue porque supe caer bien".
En un mural rústico al frente de la agencia un fragmento del contrato confirma lo dicho por este Liborio Afortunado. En ese "Extracto del contrato de compraventa" se puede leer: "3. EL COMPRADOR reconoce que el bien adquirido a través de este contrato es un bien de uso, por lo que EL VENDEDOR no asume ninguna obligación respecto a su garantía de calidad y/o uso. Asimismo, EL VENDEDOR queda liberado de reponer o reparar el bien vendido a partir del momento del traspaso de su titularidad".
De la redacción del contrato se desprende una especie de lógica según la cual, por ser el producto "un bien de uso", carece naturalmente de garantía, lo cual es un absurdo. Si bien los productos "de uso" no poseen la garantía del fabricante, un traspaso de propiedad de cualquier tipo protege habitualmente al comprador de roturas inmediatamente posteriores o encubiertas. El propio Código Penal cubano reconoce el delito de estafa como aquél que se realiza "…con el propósito de obtener para sí o para otro, una ventaja o un beneficio patrimonial ilegítimo, y empleando cualquier ardid o engaño que induzca a error a la víctima…".
Si antes de pagar el vehículo el comprador no puede probarlo, o después de haberlo pagado no tiene ninguna posibilidad de reclamar por el deterioro que no percibió en el momento de la compra, la situación tipifica en el delito descrito. Aun así la Corporación CIMEX mantiene las condiciones del intercambio.
Un empleado del lugar asegura que el aspirante a comprador "puede ir con un mecánico y analizar el carro. Si le conviene, lo separamos por dos días hasta que ingrese el dinero en la cuenta bancaria. Nosotros no damos un informe técnico del estado del vehículo, eso lo hace el mecánico del interesado aquí". El empleado confirmó, igualmente, que no hay garantía para ningún defecto o rotura.
Días atrás la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento señaló que en lo que va de año se han pagado 13.800.000 pesos sin respaldo productivo. El semanario Trabajadores reproducía el análisis bajo el título "Continúan pagos sin respaldo productivo". Nada decía la noticia de que se hubiera hablado del fenómeno contrario; o sea, del pago misérrimo por altos niveles de productividad, ni del pago exagerado por productos deteriorados como el que deben realizar los compradores de Audis, Hyundais o Kias viejos.
El esclerosado discurso político cubano, comandado por Raúl Modesto Castro Ruz, enfatiza que en Cuba no se permitirá la acumulación de riquezas. Igualmente insiste en que no pueden subir los salarios si no sube la productividad. En ningún momento aventura nuestro "jefe de Estado" cuál es la razón de que los trabajadores estatales no consigan producir más de 30 dólares mensuales mientras a los trabajadores privados hay que controlarles sus ingresos por desmesurados luego de restarles el 50% en impuestos.
Del mismo modo, cabe preguntarse cómo puede alguien, a todas luces "alguien" ajeno al sistema de pagos socialista, comprar un carro de uso que excede varias veces su precio nuevo en el mercado internacional, sino es acumulando el monto desquiciado que por él reclama la dirigencia revolucionaria.

jueves, 18 de mayo de 2017

El valor de una respuesta


En un escrito aparecido en el semanario Novedades de Moscú, no. 19 de 1988, titulado Ley para el partido, firmado por el doctor en filosofía Leonid Ionin, puede leerse: "Recuerdo el ambiente solemne en que se discutió y se aprobó la actual Constitución de la URSS de 1977. Tal vez la principal innovación de la misma fuera el artículo que señalaba que el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) es fuerza rectora y dirigente de la sociedad soviética, agregando que 'las organizaciones del partido actúan en el marco de la Constitución de la URSS'".
El artículo constitucional a que alude Leonid Ionin era el sexto de la Constitución de 1977 y tenía su antecedente en la Constitución de 1936, también conocida como Constitución de Stalin. Esa preeminencia del partido sobre la sociedad y el Estado se reflejó en el resto de las constituciones de los países que debían su existencia al tutelaje, más o menos intenso, de la Unión Soviética.
En Cuba quedaría reflejada desde 1976 en el artículo 5 de la Constitución socialista que entonces se puso en vigor. Artículo que será propuesto para ratificación en una anunciada reforma constitucional, según el Informe Central al VII Congreso del Partido Comunista de Cuba leído en abril de 2016 por Raúl Castro.
La innovación en la Constitución de 1977 a que se refiere Leonid Ionin no es, por tanto, el posicionamiento del Partido Comunista sobre las organizaciones sociales y políticas definidas constitucionalmente, pues eso ya estaba presente en su antecesora de 1936, sino a la declaración de que la organización partidista debía actuar "en el marco de la Constitución de la URSS".
Afirma el autor que aquel añadido "dio lugar a numerosas disputas" y que si bien aquella variación nada cambiaba en las relaciones políticas establecidas, "se intentaba refrendar jurídicamente el lugar y el papel del partido en la estructura política de la sociedad soviética".
La Constitución de 1977 fue la cuarta y última Carta Magna que tuvo el país desaparecido en 1991.
¿Qué necesidad había de especificar que el Partido Comunista tenía que actuar en el marco de la legalidad?
Si se toma en cuenta que, como pasa en la Constitución cubana, el referido artículo constitucional no era sucedido por ninguna descripción acerca de las funciones del Partido, ni sobre sus relaciones con los órganos de Gobierno y la sociedad en general, era lógico que el ejercicio de "rectoría y dirigencia" de esas instituciones quedara en un plano ambiguo donde la subordinación fuera más un gesto de fuerza que de naturaleza legal. La relación entre el Partido y los órganos estatales soviéticos tenía que ser problemática, como no es difícil de concebir para los cubanos, que en las últimas décadas hemos tenido un sistema semejante en el que los órganos de Gobierno tienen una existencia nominal frente a la hegemonía del Partido Comunista.
Son numerosas, en la literatura política y académica, las referencias a las confusiones que tal Partido produce respecto del funcionamiento del Estado, tanto en la ciudadanía como en la masa dirigente. A partir de una investigación realizada por la Comisión de Asuntos constitucionales y jurídicos de la Asamblea Nacional de Cuba en 1987, el fallecido investigador Hugo Azcuy describe con eficiencia este fenómeno en nuestro país. En su ensayo de 1995 "Revolución y derechos", afirma que en la referida investigación, "se comprobaba que luego de más de una década de vigencia de la nueva Constitución socialista 'más de las dos terceras partes de los encuestados ignora que la Constitución de la República es la ley más importante del país', incluyendo en este dato un 44.5% del universo de los dirigentes". Añadía el estudioso que ciudadanos y dirigentes, "las dos fuentes mayores de cumplimiento de la ley aparecían asociadas a su desconocimiento".
Esta desorientación la manifiesta también Leonid Ionin en su artículo "Ley para el partido". Allí se pregunta el académico: "¿Cómo debe coordinarse el poder de los Soviets… con el poder de los comités del partido? (…) ¿No contiene este artículo de la Constitución el peligro de que conceptos tales como 'soberanía del pueblo' y 'soberanía de las leyes' se suplante con el concepto de 'soberanía del partido'?"
En 1988, cuando Leonid Ionin enunciaba sus dudas, faltaban tres años para la desintegración de la Unión Soviética. Poco antes, en marzo de 1990, la Carta Magna sufrió una modificación importante y el artículo 6 quedó redactado del siguiente modo:
"El Partido Comunista de la Unión Soviética y otros partidos políticos, así como sus uniones, las organizaciones sociales y los movimientos de masas, participan en la formulación de la política del Estado soviético y en la administración de asuntos estatales y sociales, a través de sus representantes electos de los soviets de los diputados populares y por otras vías".
Con 70 años de tardanza se daba respuesta a la interrogante sobre cuál era la función del partido en el ordenamiento jurídico soviético. No resulta extraño que coincidiera con la legalización del resto de los partidos políticos, la eliminación de la noción de "vanguardia" como atributo de los miembros del Partido Comunista, y la exigencia para todos los partidos de incidir en el Gobierno solo por medio de sus representantes electos. No es tampoco extraño que poco después, en diciembre de 1991, se desintegrase la Unión Soviética, demostrando la fragilidad de un sistema político que debía su suerte a la negación de una respuesta, la misma que desde 1976 tiene pendiente la nación cubana.

martes, 21 de abril de 2015

El grupo y la muerte

                                      Yo lo vi / Francisco de Goya,              
                                      Tomado de:https://www.museodelprado.es/typo3temp/pics/2fee04e03d.jpg 
                                                         
No está bien, no está bien gritar hasta anular la voz del que numéricamente es inferior. Azuzar seres humanos hasta hacerles perder la razón. Instar al débil a encontrar fuerza en el grupo. Difuminar del individuo la compasión, la solidaridad y la paz.
Los gritos de la delegación cubana impidiendo la realización de las actividades organizadas a tenor del Foro de la sociedad civil de las Américas avergüenzan a la sensatez y la razón. Orgullo deben sentir los cubanos que no fueron convocados a participar de la delegación de la sociedad civil estatal. Toda vez que un aficionado del castrismo es ignorado, un cobarde no es llamado, un colaborador falta a su cita, se salva un poco. Aumenta la absorción de los minerales en su proceso de digestión, las líneas de la cobertura moral en su móvil, la nitidez de sus rasgos en las fotos de familia.
Al ver el guion de la sociedad civil estatal, algunos especulamos sobre cuál 
sería la suerte de la anunciada visita de Raúl Modesto, el dictador cubano
Cuesta recuperarse de la sorpresa. Paramilitares cubanos apostados en torno de la delegación cubana en el Hotel El Panamá, donde en la mañana del viernes nueve de abril acosaron como fieras a miembros de otra parte de la sociedad civil cubana y cuanto asistente al foro pedía respeto. Eusebio Leal declarando días antes que nunca dará el primer golpe físico ni verbal, Abel Prieto instando a demostrar que Cuba no está controlada por el gobierno y los gritos, los golpes, el escarnio, el repudio, el paredón.

domingo, 30 de marzo de 2014

Corea del Norte y Cuba, de un MiG las dos alas

caricatura de Omar Santana
Publicado en Diario de Cuba

¿Qué razones puede tener el estado cubano para violar el embargo de armas que la comunidad internacional ha impuesto a la República Popular Democrática de Corea? Cuando el pasado año fue encontrado por las autoridades del Canal de Panamá, en un carguero del país asiático, enterrado bajo miles de sacos de azúcar, un alijo de armas cubanas que incluía dos aviones MiG-21, fue esa una interrogante general. La inmediata declaración pública del gobierno cubano y la divulgación de una nota sobre ello en nuestra prensa oficial, indicaban lo delicado del asunto. En aquella nota el gobierno cubano aseguraba que las armas presentes en el barco norcoreano eran material obsoleto que se enviaba a Corea del Norte para su reparación. Esa, aunque dudosa, habría sido una razón.
Pero el pasado martes 11 de marzo de 2014 un informe de expertos de las Naciones Unidas ha hecho público que ese envío viola las resoluciones de Naciones Unidas destinadas a impedir que el país asiático obtenga o exporte algún tipo de armamento. Las armas, asegura el documento, estaban en perfecto estado, habían sido probadas los días previos a su embarque y parte de ellas estaba en su empaque original. La declaración de nuestros medios de prensa era falsa.
Sobre esta conclusión de los investigadores de la ONU nada ha dicho la prensa oficial cubana.
No son tiempos de Solidaridad. Aquella solidaridad irracional con que el gobierno cubano solía, décadas atrás, rechazar emitir alguna explicación mediana por sus actos. Al parecer el gobierno de Raúl Modesto Castro Ruz no ha intentado usar este argumento con los expertos de la ONU ni tampoco ha sido mencionado en nuestros medios de difusión. Desde el fin del socialismo este-europeo, la solidaridad ha quedado como recurso retórico o para encubrir la naturaleza del negocio montado por el castrismo con la venta de nuestros médicos a países de la región.
Tampoco son tiempos de esgrimir aquello de “a Cuba no la fiscaliza nadie” con que Fidel Alejandro Castro Ruz impidió a los investigadores internacionales entrar a nuestro país en 1963 a raíz de la Crisis de los Misiles. Según deja entender el documento hecho público el pasado martes, las autoridades cubanas cooperaron con la investigación.
El evento abre otras interrogantes. ¿Qué beneficios puede tener para Corea del Norte hacerse de unos aviones antiguos y de algunas piezas de repuestos u otras armas? La respuesta a esta pregunta puede volver más siniestra la participación cubana. Poco, muy poco podrá hacer Corea del Norte con estas armas a menos que le dé un uso menos convencional. La República Popular Democrática de Corea tiene numerosos enemigos firmes y no pocos potenciales, sin embargo, a ninguno de estos países, potencias militares todos o fuertemente respaldados por Estados Unidos, puede significarles el vuelo de un MIG 21 peligro alguno. A menos que el avión cargue, apto para estallar, algo del arsenal atómico que, se presume, posee el gobierno norcoreano. En ese caso no se trataría de un antiguo avión, sino de un inteligente y muy peligroso misil y el gobierno cubano habría jugado un papel muy irresponsable al facilitarle estos aviones a Corea del Norte.
Se puede alegar otra razón en todo este sinsentido. El gobierno cubano podría haber presumido que el barco norcoreano no llegaría a su destino, que las armas serían encontradas ―el historial del barco daba para sospecharlo― y que el gobierno de los Estados Unidos quedaría en dificultades para continuar sondeando la continuidad, modificación o eliminación del embargo económico contra Cuba. Ya Fidel A. Castro Ruz derribó dos avionetas de los Estados Unidos en 1995 para presionar a William Clinton a firmar la Ley Helms-Burton y aumentar el cerco norteamericano sobre nuestro archipiélago. Días antes el presidente norteamericano había puesto reparos importantes para aceptar aquél proyecto de ley y, luego del derribo de las avionetas, quedó sin argumentos frente a otras voces que demandaban acciones más violentas contra instalaciones militares cubanas. Para los que afirman que el embargo norteamericano resulta útil al castrismo, este evento vivifica sus argumentos.
Con el descubrimiento de estas armas y el documento hecho público recientemente por los expertos de la ONU, al gobierno de Barack Obama le será muy difícil retirar a Cuba de la lista de países terroristas o alentar cambios a la política del embargo.
Por otro lado, la longevidad de las armas no manifiesta un compromiso real de apoyo al gobierno de Corea del Norte que justifique medidas globales de mayor gravedad contra el gobierno de Raúl M. Castro.
Es difícil pensar que en la anquilosada mente del presidente cubano ―“sin prisa pero sin pausa”―, o sus asesores, pueda concebirse esta idea y que tengan valor para llevarla adelante. Pero las armas aparecieron y alguna razón debió haber para embarcarlas.
Podría alegarse también que las autoridades cubanas no se daban cuenta de lo que hacían. Habría que ser un poco lerdo para ello, pero recordemos el precio puesto a los automóviles desde que recientemente se liberó su venta en nuestro país, solo para citar uno de los más recientes desvaríos de nuestro gobierno.
Todo está rodeado de mucho absurdo, si no estupidez; al gobierno chino o al ruso, aliados por reminiscencia del castrismo, no debe haberles hecho gracia el episodio, en especial a China, que en los últimos años ha venido distanciándose de la dinastía norcoreana.
Es poco probable que el evento de las armas cubanas en el barco de Corea del Norte tenga repercusión importante para nuestro país. No por casualidad, el texto del documento de la ONU se ha hecho público en medio de la gran crisis internacional que ha desatado Rusia al invadir a Ucrania y anexarse parte de su territorio, lo que le garantiza muy poca atención en los días venideros.

Boris González Arenas
Viernes 21 de marzo de 2014

martes, 25 de marzo de 2014

Camino al poder a través de la Revolución

Mariela Castro Espín junto a su hermano Alejandro Castro Espín elheraldo.hn

publicado en Diario de Cuba el 23 de marzo de 2014

Cuando el 4 de Septiembre de 1933 Fulgencio Batista encabeza el movimiento militar que, aunado con las fuerzas antimachadistas depone al Presidente Carlos Manuel de Céspedes, no era el sargento la principal figura del movimiento ni la única. Acordó la Junta de los Ocho, como fue conocido el grupo que lideró el cuartelazo en la fortaleza de Columbia, que la jefatura del ejército fuera rotatoria. Pero Batista emergió de la Revolución como el principal líder militar y consiguió, con ello, ser el protagonista político de la Cuba de entonces. Controló el ejército en enfrentamientos sistemáticos con los mandos que no le eran adictos, estableció relaciones con Benjamin Summer Welles –embajador de Estados Unidos que debió ver cómo sus preferidos, la vieja oficialidad y los políticos asociados al machadato, cedían terreno ante el empuje de una joven generación de políticos ambiciosos y dispuestos-; y emergió como una figura de orden en medio de la euforia revolucionaria.
Llegado el momento de cumplir el compromiso y ceder la jefatura del ejército, era Fulgencio Batista lo suficientemente fuerte para desconocerlo. Cuenta Ciro Bianchi que Mario Alfonso, miembro de la Junta de los Ocho, demandó a Batista su cumplimiento. Batista lo denunció por un supuesto golpe de estado que Mario Alfonso habría planeado, pero antes de que se efectuara su detención, en plena  noche, Mario Alfonso, una de las figuras fundamentales del movimiento militar del cuatro de septiembre, fue asesinado.[1]
La muerte de Mario Alfonso es la constatación del cambio de liderazgo que se había operado durante el proceso de afirmación del poder revolucionario que va del cuatro de septiembre del 33 hasta su ultimación en agosto del 34. El paso del liderazgo colectivo al liderazgo único tiene que establecerse con rapidez pues, desde que se constata su intención, comienza también el movimiento de fuerzas contrarias a que se realice.
Al liderazgo no se llega por la reunión de un grupo de sujetos en torno a alguien providencial. Ese es el mito creado por los aparatos de propaganda ideológica. Un mito semejante fue creado alrededor de Gerardo Machado, de Fulgencio Batista, de Fidel A. Castro y será el relato que se construirá en cualquier sitio donde el personalismo se impone tras despertar la ambición de los que inicialmente encabezaban movimientos de renovación de cualquier orientación ideológica. Los liderazgos que emergen en los procesos revolucionarios son siempre una elección coyuntural, será durante el protagonismo posrevolucionario que al hombre ambicioso se le revelará su preciosidad.
La Revolución cubana de la década del cincuenta no es una excepción. Los revolucionarios que se agruparon para subvertir el poder político solo podían hacerlo en condiciones de igualdad. Más allá de la función social de los revolucionarios, de su origen económico o del color de su piel, es el riesgo colectivo el que les enlaza, y la posibilidad de la muerte la que consigue difuminar los contornos de la individualidad. El triunfo será el único evento que puede zanjar el peligro. “En una revolución se triunfa o se muere”, tal fue el modo de manifestar, Ernesto Guevara, el sentimiento común a la subversión revolucionaria.[2] Pero una vez que se triunfa, zanjada la inminencia de la muerte, el constreñimiento de la individualidad se vuelve inoperante y el resurgir de la singularidad será convocado por un peligroso fermento: el poder político.
No era intención, del revolucionario blanco y racista, que una vez obtenido el triunfo se compartiera con los negros el protagonismo social y económico.[3] Tampoco el que pretende beneficios de aristócrata, sumado a la revolución como uno más, dejará de realizar sus ambiciones en la sociedad pos revolucionaria.[4]
El triunfo revolucionario convoca a la individualidad y el poder político le confiere posibilidades de realización descomunales.
Fulgencio Batista, un militar de ascendencia muy humilde, promovería en la década del treinta la modernización del ejército, el mejoramiento de la infraestructura escolar y sanitaria del país y se agenciaría de modo fraudulento una enorme fortuna para distanciar la humillación que la miseria produce. Pero al convocar una Asamblea Constituyente legítima, cortó la posibilidad de seguir concentrando el poder político y económico de la nación. Contra el deseo de no pocos militares acogió la nueva Constitución, resultó electo presidente ya en democracia en el año 1940, y en 1944, llegado el fin de su mandato, declinó nuevamente las presiones de subordinados continuistas y cedió el poder a su enemigo Ramón Grau San Martín, sabiendo que eso implicaba su distanciamiento del país.[5]
La revolución de 1959 no tuvo este corte democratizador, los líderes que sobrevivieron a las purgas castristas adquirieron rangos extraordinarios y su presencia al frente de cualquier institución le confirió una independencia e importancia muchas veces superior a los ministerios a los que en apariencias estaban subordinados. Tal es la historia de la Empresa Flora y Fauna a cargo del comandante Guillermo García, el Hospital Psiquiátrico de la Habana a cargo de Bernabé Ordaz, la Federación de Mujeres a cargo de Vilma Espín; tales son también todas las empresas, ministerios, fundaciones, academias, institutos sobre las cuales solían desplazarse Ramiro Valdés, Juan Almeida Bosque, José Millar Barruecos, Ulises Rosales del Toro, José Ramón Machado Ventura y tantos otros. Tal es también la versión moderna de esta tradición que consiste en distribuir descendientes a la cabeza de diversos espacios. Quizás los más conocidos son Antonio Castro, manager de managers de la pelota cubana y presidente de la Federación Médica Deportiva, e hijo de Fidel Castro; Mariela Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual que, bajo su larga égida se ha convertido en un rutilante palacio en el medio del Vedado habanero, o Alejandro Castro, que según algunos, desempeña la jefatura efectiva del Ministerio del Interior, ambos hijos de Raúl Castro.
En las dictaduras, los años agravan el problema del cambio, y ni siquiera una revolución, con su tremenda disposición a la mudanza, puede aguantar eternamente los tirones en sentido contrario. La ambición se procura, como todos los vicios, una lógica que la conserve.

Boris González Arenas





[1] Bianchi Ross, Ciro “Contar a Cuba. Una historia diferente” Editorial Capitán San Luis, 2012 p. 130
[2] Carta de despedida de Ernesto Guevara a Fidel A. Castro, leída en el Teatro Chaplin (hoy Carlos Marx) el día 3 de octubre de 1965. Tomado de: Habla Fidel. 25 discursos en la Revolución. Oficina de publicaciones del Consejo de Estado, La Habana 2008, p.246
[3] En el año 2013, a propósito de un texto publicado por el intelectual Roberto Zurbano en el periódico Nueva York Times, se produjo un intenso debate sobre la situación social del negro a más de cincuenta años de la Revolución de 1959. Quedaron expuestas muchas de las discriminaciones que siguen padeciendo los negros en Cuba y la interrogante que se abre frente a los cambios que han comenzado en nuestro país mientras siguen sin plantearse soluciones urgentes al tema de la discriminación racial.  Véase: “Para los negros en Cuba la Revolución no ha terminado” y “Mañana será tarde: escucho, aprendo y sigo en la pelea” ambos de Roberto Zurbano; “Dolor, alegría y resistencia” Victor Fowler; “¿Ser negro de la Revolución?” José A. Ponte; Declaración del Capítulo Cubano de la Articulación Regional de Afrodescendientes de Latinoamérica y el Caribe (ARAAC) sobre el artículo de Roberto Zurbano.
[4] Alfredo Guevara (1925-2013), fundador del ICAIC y su presidente por dos largos periodos, está entre los ejemplos más escandalosos de esta actitud.
[5] Una vez que cedió el poder, Fulgencio Batista se estableció en los Estados Unidos y no volvió a Cuba hasta el gobierno de Carlos Prío Socarrás. Consultado en 1945 sobre el regreso de Batista a Cuba, Ramón Grau San Martín diría: “Yo no tengo que hacer ningún reparo sobre el regreso de Batista. (…) Ahora bien, de la misma manera que no impido su vuelta, tampoco puedo evitar que alguien lo acuse solicitando que se investigue cómo ha llegado a poseer una fortuna que asciende a más de 20 millones de pesos”  Bohemia, año 37, no 29, 29 de julio de 1945.
La cita ha sido tomada de: Vázquez García, Humberto, El gobierno de la kubanidad, Editorial Oriente, 2005, p. 128. En opinión de Vázquez García, la afirmación de Grau dejaba claro que: “Para regresar a Cuba legalmente, Batista tendría que esperar la terminación del mandato presidencial de Ramón Grau San Martín. Idem p. 129.

domingo, 23 de marzo de 2014

A la revista Espacio Laical


Estimado Roberto Veiga González, editor de la Revista Espacio Laical:
Me dirijo a usted con la intención de comentarle algunas ideas a propósito de la lectura del artículo: «Presidente Obama: tiempo para una política creativa para Cuba» (Espacio Laical, Año 9, No 4/2013), del intelectual exiliado en los Estados Unidos, Arturo López-Levy, conferencista –leo al final del número– de la Universidad de Denver.
Para los que vivimos en Cuba, con la condición de buscavidas que ello acarrea, y pretendemos además realizar una labor como intelectuales, la existencia es en extremo difícil. Si a ese escenario le ponemos el adjetivo “religioso” u “opositor”, más allá de las diferencias entre ambos, todo se vuelve más ingrato. Sospecho lo difícil que es llevar adelante una revista como Espacio Laical, aun respetando la ojeriza oficial a la oposición cubana, lo que nos aleja de sus páginas y eventos. Es por ello, porque los miembros de esa oposición no podemos participar de Espacio Laical,  que me ha resultado contraproducente la publicación del artículo del profesor López-Levy con los comentarios que realiza a propósito de Berta Soler y Guillermo Fariñas.
En su artículo, López-Levy analiza la presencia de Barack Obama en un acto de recaudación de fondos de la Fundación Nacional Cubano Americana donde, al parecer, se reunió con Guillermo Fariñas y Berta Soler.
Dice López-Levy:
 «Algunos análisis de la derecha y de la izquierda han enfatizado un par de fotos del presidente, una con Berta Soler, una señora que dice que la Cuba de la dictadura de Batista era una “tacita de oro” y la otra con el opositor santaclareño Guillermo Fariñas, quien presume de vínculos con militares cubanos identificados con el discurso opositor».
El artículo del profesor López-Levy continúa refiriendo el tema de la intervención de Barack Obama que, según él, «es un cuestionamiento respetuoso a la política de aislamiento contra Cuba por anacrónica», pero lo que me ocupa en este momento es la declaración a propósito de Guillermo Fariñas y Berta Soler y atañe más a la naturaleza de Espacio Laical, que al contenido del artículo.
Fariñas y Soler son dos miembros prominentes de la oposición activa cubana; la señora Soler encabeza el movimiento de las Damas de Blanco desde que pereció su líder fundadora, Laura Pollán. Estas mujeres merecen respeto y tienen una historia de agresiones bárbaras por parte del Estado cubano. Durante años se enfrentaron solas a las movilizaciones que en su contra organizaba la Seguridad del Estado, sin declinar su voluntad de ver a sus esposos libres, los que habían sido encarcelados en uno de esos momentos de frenesí con que Fidel A. Castro supo aterrar a la sociedad cubana por décadas. Estas mujeres supieron hacer del terror una energía movilizadora y, para su orgullo y gloria, vencieron.
Pero la lucha por la libertad de nuestros presos políticos no tiene como gestor solo al grupo de mujeres que conforman las Damas de Blanco. Hay otros dos protagonistas fundamentales: Orlando Zapata Tamayo y Guillermo Fariñas. Como conoce, Orlando Zapata Tamayo llevó hasta sus últimas consecuencias una huelga de hambre, y su deceso, en febrero de 2010, se convirtió en el símbolo del horror sufrido por la oposición y, por extensión, -la finalidad del terror no son sus víctimas- por todo el pueblo cubano bajo el castrismo. Guillermo Fariñas fue, durante los días siguientes a la muerte de Zapata Tamayo, el corazón que mantuvo viva su agonía. Desde su casa se declaró en huelga de hambre decidido a abandonarla solo si nuestros presos políticos, los mismos esposos reclamados por las Damas de Blanco, eran liberados. A la conmoción internacional por la muerte de Zapata Tamayo, se sumó el intenso seguimiento de la condición de Fariñas en un forcejeo insólito con la dictadura cubana que debió, días antes de la muerte del líder opositor, deponer su arrogancia característica y consentir la libertad demandada.
Guillermo Fariñas fue además miembro del ejército cubano y es veterano de la Guerra de Angola, demasiada historia para mencionarlo solo de pasada y caracterizándolo como un presumido. Berta Soler y Guillermo Fariñas siguen hoy enfrentando las más diversas represiones por la decidida actividad opositora que realizan.
No tengo la menor duda de que las generaciones futuras se admirarán de la proeza que antecedió la libertad de nuestros presos políticos. Ambos, Berta Soler como miembro de las Damas de Blanco y Guillermo Fariñas, adquirieron rango de próceres en aquellas jornadas, y no es por gusto que el señor Barack Obama aparece con ellos en la actividad analizada por el profesor López-Levy. Soler y Fariñas son la expresión de esa Cuba que ha cambiado, que demanda en palabras de Obama una transformación de la política de los Estados Unidos hacia nuestro país, pues cuando el proceder que López-Levy califica ahora de anacrónico fue establecido, nuestros opositores eran asesinados frente al pelotón de fusilamiento o confinados por décadas en apestosas celdas sin que el mundo pudiera siquiera saber sus nombres. Los que organizaban semejantes matanzas y confinaban a nuestros compatriotas, los suyos y los míos, eran los mismos caudillos que hoy están al frente de nuestro Estado.
Quiera la suerte que ese necesario cambio de política no olvide a los cubanos que combatimos la dictadura ni a los millones que han padecido un exilio cruel, pues sin dudas –y se lo digo sin menoscabo del respeto que le profeso- no serán Espacio Laical ni Arturo López-Levy los que nos recordarán con la intensidad necesaria.
A la dictadura cubana, es cierto, se le ha hecho mucho más difícil mantener aquellos procedimientos represivos que usó décadas atrás y hoy nos criminaliza por delitos comunes, allana nuestras viviendas robando impunemente nuestros bienes, impide nuestros movimientos y reuniones y quizás nos mata, pero a hurtadillas, lo que explicaría las extrañas muertes de Laura Pollán, Oswaldo Payá y Harold Cepero.
¿Por qué le escribo entonces si no dudo de la admiración extraordinaria que Berta Soler y Guillermo Fariñas despiertan?
Pienso que al reproducir su revista el artículo del profesor López-Levy con semejante comentario, sabiendo que Guillermo Fariñas, Berta Soler y el resto de la oposición cubana tienen cerradas estas páginas por una voluntad ajena a usted y a su equipo de realización, es Espacio Laical y no el profesor López-Levy, que puede tener en su exilio la opinión que la ocasión le merezca, la que sale lastimada. Ha cabido a la prensa castrista la costumbre de ignorar y calumniar a quien le venga en gana a Fidel A. Castro primero y a Raúl M. Castro después, sin dar posibilidad de respuesta a sus víctimas. No creo, en ningún caso, que Espacio Laical debe adquirir semejante práctica.
Admiro el trabajo de Espacio Laical y es por ello que le pido mayor consideración hacia aquellos miembros de la sociedad cubana que estamos privados de aparecer en sus páginas, no por casualidad los mismos que estamos impedidos de aparecer en cualquier sitio oficial o público de Cuba. Creo que ello hará de Espacio Laical una revista de mayor alcance y estima.

Cordialmente,
Boris González Arenas

PD: Ojalá pueda usted publicar este comentario en su revista. Cualquiera que sea la decisión, le pido que me realice un acuse de recibo para saber que, al ponerlo en mi blog (http//www.probidadcuba.blogspot.com), ha sido ya recibido por usted.

Muchas gracias

espaciolaical@ccpfv.arqhabana.org


domingo, 21 de julio de 2013

Acusando recibo desde los dominios del límite



    El compañero Raúl Modesto Castro Ruz acaba de asegurar, en un discurso ilustrador, que: “conductas, antes propias de la marginalidad, como gritar a viva voz en plena calle, el uso indiscriminado de palabras obscenas y la chabacanería al hablar”[1] han trascendido sus espacios naturales para abrirse paso en toda nuestra sociedad. No se refiere, creí entender, a “abrirse paso” como estamos acostumbrados a hacerlo en una guagua de cualquier sitio del país que aún conserve el servicio de ómnibus urbanos, empujando y mirando atravesado, con la violencia manifiesta, con el sudor ardiendo en nuestros ojos y todos los malos olores de una población de aseo deficiente acumulado por décadas, casualmente las mismas que ha durado su gobierno, al frente de las armas primero, sobre nuestras almas después.
   Compañero al fin, Raúl es uno más entre nosotros. ¿Quién no le ha visto en ayunas en 23 y 26, cerca de su apartamento en el Vedado, subir a una guagua cualquiera que lo acerque a la Avenida Paseo para después seguir camino a pie hasta el Ministerio de las Fuerzas Armadas, donde trabaja? Es un gran esfuerzo para sus escoltas evitar el roce de los pasajeros y cuidarle del cuchillo traidor que, aun mellado, puede dar fin a su vida. El cubano está acostumbrado a esto, su hermano Fidel rechazó una y otra vez el confort y el lujo que caracterizan el ejercicio político en otros países del mundo. Nada de costosas amantes de ocasión ni permanentes, cero comilonas solemnes u oficiales; sus hijos en nuestras escuelas, su familia al amparo de nuestras leyes y sus enfermedades tratadas en nuestros mismos hospitales.
    Por ello le cabe toda la autoridad al compañero Raúl para señalar: “lo más sensible es el deterioro real y de imagen de la rectitud y los buenos modales de los cubanos”.[2] Se ampara, no en una valoración superficial, sino en un “levantamiento” realizado –afirma el comandante- por el Partido y los organismos del Gobierno que ha arrojado la sorprendente cifra de ciento noventa y un fenómenos negativos,[3] lo cual sorprende por su precisión y habla del espíritu intransigente del revolucionario, pues en conteos semejantes hechos durante la república anterior a la revolución los fenómenos negativos llegaron a 101 354 (1936) y 209 167 (1951),[4] acusando en el presente una diferencia claramente positiva. Aseguran los que vieron la lista que allí se encuentra (Irregularidad número 17) la práctica de relaciones sexuales en sitios indebidos como parques, cines, oficinas, guaguas y locales abandonados; que sustituyen hoy los antiguos hoteles baratos, casas de citas y posadas, tan asociados al sexo fortuito y la infidelidad conyugal, impropias de un revolucionario. Otra irregularidad presente en el documento (número 44) es el hurto a los campesinos, quienes dejan de sembrar por no poder contener la ola de depredadores que acuden en bicicletas, triciclos, motos, caminando y con muletas, para substraer cualquier cosa que puedan vender luego o comer. La irregularidad número 71 no sorprende, pues ha sido denunciada en nuestros medios de prensa y es aquella que toca el delicado tema de la vivienda y los modos indebidos con que no pocos inescrupulosos las construyen. Proliferan las casas que usan como sostén los angulares retirados a torres de alta tensión eléctrica, como ventanas las sustraídas a ómnibus de transporte público u obrero, con puertas robadas a instalaciones estatales en las que después resulta común ver a empleados defecar sin la debida intimidad. ¿Quién no ha visto un hogar donde se separa la sala del baño con una sábana que en una esquina tiene un número de inventario, o donde unos niños se lavan la boca usando, para sacar el agua de un tanque viejo y oxidado, una vasija substraída de un salón de cirugía? Estos datos sobre las irregularidades pueden ser, no obstante, obra de fabuladores siempre prestos al chisme y al chanchullo, distantes de la práctica oficial.
    Ha dicho Raúl: “se ignoran las más elementales normas de caballerosidad y respeto hacia los ancianos, mujeres embarazadas, madres con niños pequeños e impedidos físicos. Todo esto sucede ante nuestras narices, sin concitar la repulsa y el enfrentamiento ciudadanos”.[5] Modestamente, pienso que esto no es del todo cierto. Si bien la solidaridad tradicional ha desaparecido, surge un nuevo modo de ayuda al prójimo, una “solidaridad al límite” practicada por los cubanos más disímiles sin distinciones de género, raza, edad ni lugar de origen. El objeto de esta solidaridad son aquellos que tienen dificultades manifiestas para lidiar con los rigores de nuestro cotidiano, precisamente las mujeres embarazadas, los ancianos, los niños y los impedidos físicos que señalara el comandante. Frente a tales personas no es difícil comprobar que el frenesí y la violencia que se han vuelto imprescindibles en nuestra vida diaria, se atenúan para procurar dar paso a la embarazada en el pasillo aunque le moleste al que tenemos delante y debamos hacerle comprender con algunos golpes; favorecer al ciego en la repartición de algún bien, aun sabiéndole incapaz de percibir si le dieron la mala; o cargarle la jaba a cualquier anciano sin robarle nada de lo que lleva adentro. No todos son solidarios siquiera de esta manera, pero tal actuar existe y conmueve en una población carente y desesperanzada.
    “Lo real, afirma el compañero Raúl, es que se ha abusado de la nobleza de la Revolución, de no acudir al uso de la fuerza de la ley, por justificado que fuera, privilegiando el convencimiento y el trabajo político, lo cual debemos reconocer que no siempre ha resultado suficiente”.[6]
    No ha faltado quien comenta que por párrafos como el anterior transita una nueva amenaza  para la población cubana, afirman que el comandante encubre una ola de depredación estatal contra el comercio privado, con un llamado a las buenas costumbres y la honradez. Para fundamentarlo se basan en recientes arremetidas contra los cuentapropistas, multándolos con cifras descomunales, confiscando sus mercancías y demoliendo sus locales, todo envuelto en las irregularidades propias de nuestro sistema legal que deja al afectado con pocas posibilidades de reclamación, y en una ley de impuestos aprobada meses atrás que succiona el cincuenta por ciento de la ganancia del comerciante.
    Aun así me cuesta creerlo, pues la misma familia del comandante tiene intereses monetarios en nuevas áreas de desarrollo económico, o al menos eso se comenta. Hay quien dice que su yerno es el mánager del área del Mariel, que tiene multimillonarias inversiones de gobiernos extranjeros, principalmente de Brasil, para su desarrollo como puerto; su hijo es un alto jerarca del Ministerio del Interior, institución que ha tenido, tradicionalmente, grandes intereses económicos y empresas a su arbitrio, y su sobrino es un campeón de golf, deporte que busca desarrollarse en nuestras tierras y al parecer es un suculento negocio puesto bajo su tutela. ¿No sería un sinsentido que el comandante atentase contra los intereses de su propia familia?
    De tener razón los cuentapropistas, y sería mejor para el bien del país que no la tengan, habría que coincidir con Raúl Modesto en que ha crecido en nuestro país la desfachatez, pero habría que incluirlo a él como nuestra mayor vulgaridad y a su discurso como la más reciente de nuestras groserías.
                                                                                 Boris González Arenas
                                                                                    19 de julio de 2013




[1] Raúl M. Castro: La pérdida de valores éticos y el irrespeto a las buenas costumbres puede revertirse mediante la acción concertada de todos los factores sociales. Intervención del General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la Primera Sesión Ordinaria de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, el 7 de julio de 2013, “Año 55 de la Revolución”, Juventud Rebelde, 9 de julio de 2013, p. 4.
[2] Ídem.
[3] Ídem.
[4] Estas cifras me las dio Cheo Guzmán, custodio de un cine de la Avenida Ayestarán, que se desempeñaba como carretillero en la década del cincuenta y se hizo traductor del idioma uzbeko en la década del setenta. En el año 1989 Cheo quedó sin trabajo y desde entonces se desempeña como vigilante.
[5] Raúl M. Castro, ob.cit., p. 4.
[6] Ídem.


viernes, 8 de marzo de 2013

Sobre Oswaldo Payá y Harold Cepero


Uno de los hombres más significativos de nuestra historia reciente, Oswaldo Payá Sardiñas, pudo haber sido asesinado por el gobierno cubano. Era una posibilidad, pero la versión oficial del gobierno cubano y el silencio de los que podían desmentirla, había prevalecido hasta el presente. Oswaldo Payá es una de las figuras más importantes dentro de la historia contemporánea cubana. De esos hombres ejemplares que muestran que la política no es un espacio de hombres y mujeres corruptos, si no el entorno donde lo mejor de un país se empeña en adecentarlo y favorecer su progreso. La hez, la perfidia que brota aquí y allá sirviendo a los argumentadores de lo contrario, no son el producto de la política, si no de la estupidez humana. La misma hez brota en la cultura, en los ejércitos y en donde quiera que haya cosas que apetecer. Al brillo y la integridad que la combaten perteneció Oswaldo Payá.
Sabíamos que era muy extraña la diferencia entre la primera descripción del accidente automovilístico del 22 de julio del 2012, pronunciada en el hospital donde murió Harold Cepero Escalante, compañero de Oswaldo en la vida política y que viajaba con él en el automóvil; y la versión oficial que prevaleció después. Era extraño que a los miembros del Movimiento Cristiano Liberación, la organización liderada por Oswaldo, no los dejaran llegar a Harold hasta que este no estuvo sedado, condición a la que siguió su muerte. Era extraño que nadie hablara de los mensajes de texto enviados desde su teléfono móvil, inmediatamente después del accidente, por el sueco Aron Modig y más tarde, usando el mismo teléfono, por el español Ángel Carromero, los otros dos compañeros de viaje de Oswaldo Payá y Harold Cepero aquél día dramático. Era insólito que los textos de los mensajes no salieran a la luz pública, evidentemente una omisión europea que tenía por finalidad sacar a Ángel Carromero de Cuba. Y lo último, que Ángel Carromero llegara a España y permaneciera en silencio, ya no era extraño, era sórdido.
Pero Ángel Carromero ha hablado y sus esperadas palabras difieren del todo de la versión oficial a la que contribuyó con su testimonio, que ahora afirma, fue arrancado por la amenaza de muerte y la inoculación permanente de sustancias sedativas. La hija de Oswaldo Payá, Rosa María Payá Acevedo, fue a verlo y Carromero asegura no haber podido, frente a ella, mantener su silencio. Silencio que ya debía pesar demasiado y con el que no simpaticé nunca, no por la mudez que le pudo haber impuesto el terror, si no porque una vez fuera de Cuba, la estatura de Oswaldo Payá tenía que ser suficiente para hacerlo hablar aunque le costara su orgullo, porque los cubanos hemos debido vagar sin él por décadas y Oswaldo Payá quería devolvérnoslo; aunque le cueste sus bienes, su carrera, sus amigos, porque nada de eso lo tenemos los cubanos y Oswaldo Payá quería devolvérnoslo. Por eso el Proyecto Varela, El Camino del Pueblo, el Proyecto Heredia; por eso su esposa y sus hijos, sembrados en una vivienda del Cerro antiguo, del que yo soy vecino orgulloso. Por todo eso tenía que hablar Ángel Carromero y ahora que ha comenzado a hacerlo tiene que seguir; también tiene que despertar el sueco Aron Modig, el compañero de travesía que viajaba a la derecha de Carromero, y que aparentemente dormía en el momento terrible. Porque el pueblo de Cuba está lleno de preguntas y ahora la vida de estos sobrevivientes no tiene otro sentido que responderlas. ¿Cómo montó Modig en el auto que lo sacó de la escena? ¿Dónde estaban Oswaldo y Harold en aquel momento? ¿Por qué no le quitaron el celular a Modig y sí a Ángel Carromero?
Dos hechos han coincidido en el espectro político cubano y pueden no ser extraños uno del otro. De un lado las declaraciones de Ángel Carromero reavivando las dudas sobre el posible asesinato de Oswaldo Payá y del otro la muerte lamentable del presidente de Venezuela Hugo Rafael Chávez Frías. El gobierno cubano dominaba perfectamente toda la información sobre la enfermedad del presidente venezolano, conocía sus consecuencias inevitables como nadie. La muerte de Hugo Chávez plantea para los dueños del poder en Cuba el posible desmantelamiento de un sistema de pagos generosos al estado cubano merced a los servicios proporcionados por nuestros profesionales de diversas esferas en Venezuela, principalmente médicos y militares. Aún triunfando Nicolás Maduro en la carrera por la presidencia de Venezuela, el deterioro de la economía venezolana y la nueva situación política del chavismo, que debe continuar sin líder, auguran la ralentización si no desaparición de un sistema de ayudas que, por demás, parecía disminuir en los últimos años. Frente a ese panorama, las consecuencias para la maltrecha economía cubana no se harán esperar y con ello el descontento ciudadano que, junto a una oposición organizada y en crecimiento, no pueden ser menos que un muy mal augurio para la dictadura de nuestro país.
Pero si el asesinato de Oswaldo Payá se confirma (y para esto una investigación internacional debe esclarecer la legitimidad de los mensajes de texto enviados por Ángel Carromero y Aron Modig después del accidente), cómo no traer entonces a la mente otra muerte cubierta con la sospecha, e igualmente importante, acaecida meses antes de la muerte del líder opositor.
Laura Pollán, líder de las Damas de Blanco, fue una mujer de coraje cuya presencia en manifestaciones donde debía soportar a esbirros dispuestos por el gobierno para su acoso y humillación, la exponían al contacto físico con sus enemigos aumentando la posibilidad de exterminarla.
Laura Pollán y Oswaldo Payá consiguieron resultados inéditos y no superados a favor de la soberanía ciudadana y el adecentamiento cívico cubanos, emplazaron a Fidel Castro primero y a Raúl Castro después, para concluir el despotismo grosero, que hubiera podido parecer esencial en nuestra tierra, si no fuéramos hombres y mujeres provenientes de ella los que lo enfrentamos.
El probable asesinato de Oswaldo Payá y Harold Cepero, y la crueldad en el trato a Ángel Carromero, de ser confirmados, será otra página en la historia de terror que el estado cubano legará a nuestro porvenir.
Lamento terriblemente las consecuencias de esta tragedia para la familia de Oswaldo, lamento que las declaraciones de Ángel Carromero aviven las dudas sobre lo que el estado cubano se empeñó en mostrar como un accidente y muchos creímos siempre que fue un crimen. Pero me alegra que la esposa y los hijos de Oswaldo Payá estén ahí, con su sencillez y su entereza, su resistencia me llena de esperanzas, la calma de sus voces amaina la desesperación, y el afecto con que se refieren en todo momento a Ángel Carromero ha conseguido transmuta cualquier duda en estima.

Boris González Arenas
8 de marzo de 2013

miércoles, 13 de febrero de 2013

Frente al fracaso moral

Lágrimas de hombre, lienzo de Igor Urquiza

Contamos con poco los que en la sociedad aterrada levantamos la vista. Algunos amigos, una hermana, el hijo o el padre, un puñado de orgullos, un buche de estima. También contamos con la dignidad anónima, la de un vecino o un colega que sin aspaviento niega su concurso a los encargados de la persecución. Poco más si acaso. No hay leyes que nos protejan -en ninguna parte de la constitución vigente aparece alguna consideración respetuosa hacia nosotros-, lazos filiales que nos aúnen, grupos humanos que nos exalten. No podemos contar con los obreros, con los artistas, con los intelectuales, con los campesinos, con los militares, con los técnicos; en la sociedad aterrada nada es lo que su nombre indica. De cualquier colectivo social saldrá el que alimenta la calumnia, la que otorgará callando, el que aconsejará el espanto, los que anhelan en silencio ver doblegarse a la osadía. Hablan desde el redil y sus consejos se asemejan a los de los amigos que piden prudencia por temor a nuestra suerte. Pero sus motivaciones son diferentes.
Las consecuencias del orgullo no son pocas, la cobardía se confunde con la ojeriza y el sujeto diferenciado se convierte en loco por expresar sus ideas con claridad, irresponsable por actuar sin considerar las prohibiciones que el estado criminal dispone, ingenuo por no aceptar medir las consecuencias de sus actos.
La sociedad del redil no se siente maculada lo suficiente por necesitar, para comer, la carne robada a los enfermos, los medicamentos substraídos de una farmacia; tampoco le imputa mudarse para la casa confiscada a la familia perseguida, aprovecharse de los bienes dejados a la zaga por el que huye del país, taparse con las sábanas robadas del hotel ni limpiarse el trasero con la materia prima del papel inalcanzable para un salario medio. Sin embargo no puede tolerar, y ahí tales enclenques se yerguen cual tribunos, que el individuo soberano reciba honorarios por publicar sus cavilaciones, premios por insistir hasta el honor en la dignidad de la autoridad personal; el reconocimiento infinito de quienes, desde un mundo democrático, asisten azorados a lo que pueden ser los últimos gritos de nuestras entrañas.
Es demasiado encono y nuestros cuerpos lo sienten, pero no se levanta la mirada para volver con la cabeza gacha; por el contrario, la rara anatomía moral decide que la vista alta vigorice los miembros, exalte los sentidos y permita escuchar, sobre los alaridos que llegan de las vallas, el roce del sol con el espacio, las luces primeras del amanecer.
Boris González Arenas
Martes 12 de febrero de 2013

jueves, 8 de noviembre de 2012

Declaración No 1 del jueves 8 de noviembre de 2012, sobre los arrestos arbitrarios ocurridos en las últimas horas

twitpic de Yoani Sánchez el 8 de noviembre. Estación de Acosta. La Víbora.

Desde ayer miércoles 7 de noviembre de 2012 se han realizado numerosos arrestos arbitrarios que se han extendido hasta ahora. El número de los detenidos en el momento es imposible de contabilizar pues, como en ocasiones anteriores, los teléfonos móviles y fijos de los implicados han sido intervenidos y su funcionalidad anulada. Entre los arrestados están Antonio Rodiles y Yoani Sánchez.
El detonante de la actual situación fue el arresto hecho en su casa de la abogada independiente Yaremis Flores, de la asociación jurídica CubaLex. A raíz del cual fue un grupo de personas a reclamar su liberación inmediata frente al cuartel de la Seguridad del Estado conocido por Sección 21, en la avenida 31 y 110, Playa. Su esposo Veizant Boloy, también jurista, fue el primero en ser arrestado cuando se interesaba por el paradero de Yaremis. Todos los amigos que exigieron alguna explicación fueron apresados, de forma violenta.
Hoy ocurrió lo mismo frente a la estación de Aguilera donde se encuentran hace más de 24 horas Antonio Rodiles y Laritza Diversent, abogada de CubaLex. Las personas que allí esperaban pacíficamente que alguien les respondiera con palabras sólo recibieron una dura golpiza y que los metieran tras las rejas.
Algunos detenidos entre ayer y hoy son: Andrés Pérez, Mario Morago, Vladimir Torres, Rolando Rabanal, Luis M. Fumero, Ailer González (liberada hoy alrededor de la 1 pm), Antonio Rodiles, Eugenio Leal, Agustín y Angel Santiesteban, quien fuera duramente apaleado. Claudio Fuentes sigue desaparecido. 
A los detenidos en la capital se suman José Daniel Ferrer, de la UNPACU, en Santiago de Cuba y Enyor Díaz Allen de HablemosPress, en Guantánamo.
El artículo 58 de la Constitución -vigente- de la República de Cuba dice:
La libertad e inviolabilidad de su persona están garantizadas a todos los que residen en el territorio nacional.
Nadie puede ser detenido sino en los casos, en la forma y con las garantías que prescriben las leyes…
La razón de estas detenciones no ha sido comunicada, ni a los familiares de los arrestados ni, por supuesto, en los medios de prensa nacionales.
Pero los motivos pueden ser numerosos. Un día después de obtener Barack Obama la reelección como presidente de los Estados Unidos, los agentes de la dictadura cubana pueden sentirse tentados a ratificar a la población cubana el absoluto menosprecio que sienten por nuestros derechos universales e inalienables. A la comunidad internacional se le notifica, de este modo, la absoluta impunidad con que seguimos siendo tratados los que, desde este infinito archipiélago, estamos decididos a plantar, en nuestra fértil tierra, el gran árbol de la libertad.
No se nos escapa la crítica situación que se presenta en el Oriente del país, donde el paso del huracán Sandy ha agravado la situación alimentaria y sanitaria, habiéndose reportado en diversas regiones la aparición de casos de cólera, que el gobierno cubano encubre y que se sumarían a la extensa epidemia de dengue que hemos padecido por varios meses, cuyas estadísticas son también un "estricto secreto de estado".
La muerte de Fidel o Raúl Castro, sería otra razón de peso para extirpar a la sociedad civil cubana sus más locuaces representantes. Un gobierno cobarde entraría en pánico si además quedara acéfalo.
El grupo arrestado ha venido participando desde hace meses en la campaña cívica Por otra Cuba, donde se insta al gobierno de Raúl Castro a ratificar el Pacto de los Derechos Políticos y Civiles y el Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, firmados por el gobierno cubano el 28 de febrero del 2008 en la ciudad de Nueva York, único paso verdaderamente esperanzador, por las obligaciones que tal ratificación impica para este triste gobierno. Las consecuencias de esa ratificación sería la sustitución definitiva del aparato de gobierno de Fidel Castro.
Demandamos, de modo inmediato, la liberación sin cargos de los diversos arrestados.
El cese definitivo de los arrestos arbitrarios y que entorpecen el desarrollo de las actividades cívicas que organiza la sociedad civil.
Pedimos al pueblo cubano que evalúe la complicidad que se deriva de la acción intimidada, que no acepte el engaño que supone la extensión de un régimen de permisos, cuando tan cerca estamos de un régimen de libertades y a la comunidad internacional, que mantenga el apoyo que dispensa a nuestra sociedad civil, pues Cuba sigue mereciendo, como el resto de las naciones, la libertad plena y el autogobierno soberano.

Boris González Arenas
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