domingo, 21 de julio de 2013

Acusando recibo desde los dominios del límite



    El compañero Raúl Modesto Castro Ruz acaba de asegurar, en un discurso ilustrador, que: “conductas, antes propias de la marginalidad, como gritar a viva voz en plena calle, el uso indiscriminado de palabras obscenas y la chabacanería al hablar”[1] han trascendido sus espacios naturales para abrirse paso en toda nuestra sociedad. No se refiere, creí entender, a “abrirse paso” como estamos acostumbrados a hacerlo en una guagua de cualquier sitio del país que aún conserve el servicio de ómnibus urbanos, empujando y mirando atravesado, con la violencia manifiesta, con el sudor ardiendo en nuestros ojos y todos los malos olores de una población de aseo deficiente acumulado por décadas, casualmente las mismas que ha durado su gobierno, al frente de las armas primero, sobre nuestras almas después.
   Compañero al fin, Raúl es uno más entre nosotros. ¿Quién no le ha visto en ayunas en 23 y 26, cerca de su apartamento en el Vedado, subir a una guagua cualquiera que lo acerque a la Avenida Paseo para después seguir camino a pie hasta el Ministerio de las Fuerzas Armadas, donde trabaja? Es un gran esfuerzo para sus escoltas evitar el roce de los pasajeros y cuidarle del cuchillo traidor que, aun mellado, puede dar fin a su vida. El cubano está acostumbrado a esto, su hermano Fidel rechazó una y otra vez el confort y el lujo que caracterizan el ejercicio político en otros países del mundo. Nada de costosas amantes de ocasión ni permanentes, cero comilonas solemnes u oficiales; sus hijos en nuestras escuelas, su familia al amparo de nuestras leyes y sus enfermedades tratadas en nuestros mismos hospitales.
    Por ello le cabe toda la autoridad al compañero Raúl para señalar: “lo más sensible es el deterioro real y de imagen de la rectitud y los buenos modales de los cubanos”.[2] Se ampara, no en una valoración superficial, sino en un “levantamiento” realizado –afirma el comandante- por el Partido y los organismos del Gobierno que ha arrojado la sorprendente cifra de ciento noventa y un fenómenos negativos,[3] lo cual sorprende por su precisión y habla del espíritu intransigente del revolucionario, pues en conteos semejantes hechos durante la república anterior a la revolución los fenómenos negativos llegaron a 101 354 (1936) y 209 167 (1951),[4] acusando en el presente una diferencia claramente positiva. Aseguran los que vieron la lista que allí se encuentra (Irregularidad número 17) la práctica de relaciones sexuales en sitios indebidos como parques, cines, oficinas, guaguas y locales abandonados; que sustituyen hoy los antiguos hoteles baratos, casas de citas y posadas, tan asociados al sexo fortuito y la infidelidad conyugal, impropias de un revolucionario. Otra irregularidad presente en el documento (número 44) es el hurto a los campesinos, quienes dejan de sembrar por no poder contener la ola de depredadores que acuden en bicicletas, triciclos, motos, caminando y con muletas, para substraer cualquier cosa que puedan vender luego o comer. La irregularidad número 71 no sorprende, pues ha sido denunciada en nuestros medios de prensa y es aquella que toca el delicado tema de la vivienda y los modos indebidos con que no pocos inescrupulosos las construyen. Proliferan las casas que usan como sostén los angulares retirados a torres de alta tensión eléctrica, como ventanas las sustraídas a ómnibus de transporte público u obrero, con puertas robadas a instalaciones estatales en las que después resulta común ver a empleados defecar sin la debida intimidad. ¿Quién no ha visto un hogar donde se separa la sala del baño con una sábana que en una esquina tiene un número de inventario, o donde unos niños se lavan la boca usando, para sacar el agua de un tanque viejo y oxidado, una vasija substraída de un salón de cirugía? Estos datos sobre las irregularidades pueden ser, no obstante, obra de fabuladores siempre prestos al chisme y al chanchullo, distantes de la práctica oficial.
    Ha dicho Raúl: “se ignoran las más elementales normas de caballerosidad y respeto hacia los ancianos, mujeres embarazadas, madres con niños pequeños e impedidos físicos. Todo esto sucede ante nuestras narices, sin concitar la repulsa y el enfrentamiento ciudadanos”.[5] Modestamente, pienso que esto no es del todo cierto. Si bien la solidaridad tradicional ha desaparecido, surge un nuevo modo de ayuda al prójimo, una “solidaridad al límite” practicada por los cubanos más disímiles sin distinciones de género, raza, edad ni lugar de origen. El objeto de esta solidaridad son aquellos que tienen dificultades manifiestas para lidiar con los rigores de nuestro cotidiano, precisamente las mujeres embarazadas, los ancianos, los niños y los impedidos físicos que señalara el comandante. Frente a tales personas no es difícil comprobar que el frenesí y la violencia que se han vuelto imprescindibles en nuestra vida diaria, se atenúan para procurar dar paso a la embarazada en el pasillo aunque le moleste al que tenemos delante y debamos hacerle comprender con algunos golpes; favorecer al ciego en la repartición de algún bien, aun sabiéndole incapaz de percibir si le dieron la mala; o cargarle la jaba a cualquier anciano sin robarle nada de lo que lleva adentro. No todos son solidarios siquiera de esta manera, pero tal actuar existe y conmueve en una población carente y desesperanzada.
    “Lo real, afirma el compañero Raúl, es que se ha abusado de la nobleza de la Revolución, de no acudir al uso de la fuerza de la ley, por justificado que fuera, privilegiando el convencimiento y el trabajo político, lo cual debemos reconocer que no siempre ha resultado suficiente”.[6]
    No ha faltado quien comenta que por párrafos como el anterior transita una nueva amenaza  para la población cubana, afirman que el comandante encubre una ola de depredación estatal contra el comercio privado, con un llamado a las buenas costumbres y la honradez. Para fundamentarlo se basan en recientes arremetidas contra los cuentapropistas, multándolos con cifras descomunales, confiscando sus mercancías y demoliendo sus locales, todo envuelto en las irregularidades propias de nuestro sistema legal que deja al afectado con pocas posibilidades de reclamación, y en una ley de impuestos aprobada meses atrás que succiona el cincuenta por ciento de la ganancia del comerciante.
    Aun así me cuesta creerlo, pues la misma familia del comandante tiene intereses monetarios en nuevas áreas de desarrollo económico, o al menos eso se comenta. Hay quien dice que su yerno es el mánager del área del Mariel, que tiene multimillonarias inversiones de gobiernos extranjeros, principalmente de Brasil, para su desarrollo como puerto; su hijo es un alto jerarca del Ministerio del Interior, institución que ha tenido, tradicionalmente, grandes intereses económicos y empresas a su arbitrio, y su sobrino es un campeón de golf, deporte que busca desarrollarse en nuestras tierras y al parecer es un suculento negocio puesto bajo su tutela. ¿No sería un sinsentido que el comandante atentase contra los intereses de su propia familia?
    De tener razón los cuentapropistas, y sería mejor para el bien del país que no la tengan, habría que coincidir con Raúl Modesto en que ha crecido en nuestro país la desfachatez, pero habría que incluirlo a él como nuestra mayor vulgaridad y a su discurso como la más reciente de nuestras groserías.
                                                                                 Boris González Arenas
                                                                                    19 de julio de 2013




[1] Raúl M. Castro: La pérdida de valores éticos y el irrespeto a las buenas costumbres puede revertirse mediante la acción concertada de todos los factores sociales. Intervención del General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la Primera Sesión Ordinaria de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, el 7 de julio de 2013, “Año 55 de la Revolución”, Juventud Rebelde, 9 de julio de 2013, p. 4.
[2] Ídem.
[3] Ídem.
[4] Estas cifras me las dio Cheo Guzmán, custodio de un cine de la Avenida Ayestarán, que se desempeñaba como carretillero en la década del cincuenta y se hizo traductor del idioma uzbeko en la década del setenta. En el año 1989 Cheo quedó sin trabajo y desde entonces se desempeña como vigilante.
[5] Raúl M. Castro, ob.cit., p. 4.
[6] Ídem.


jueves, 13 de junio de 2013

Sí es tiempo de campeones


Muchas son las razones por las que generamos simpatías con desconocidos. El autor del libro que nos gustaría haber escrito, la sesuda que solucionó un problema extraordinario cambiando el simple orden de sus componentes, o aquel ser despreciado por todos que se revela de pronto un ser humano extraordinario por haber escondido a jóvenes perseguidos cuando los tanques arrasaron la plaza; pasan de pronto a convertirse en referente de todo tipo para miles de personas que no les conocen, que no saben nada de sus vidas personales, por la sola admiración de sus hazañas. Hay de todo en ello, la estima de la proeza física o intelectual, el reconocimiento debido del que comprende que, en una situación semejante, habría cerrado las ventanas ignorando la súplica del perseguido; también está un ejercicio de bondad trascendental, el que saca al sujeto que admira de la loa egocéntrica y le afirma, allende el cuerpo que le contiene, en la existencia física o moral de lo admirado.

Por estos días hemos estado un poco en Leinier Domínguez, el cubano que el pasado lunes 3 de junio de 2013 se coronó campeón de la cuarta parada del Grand Prix de ajedrez que se celebró en Salónica, la famosa ciudad griega. Estar un poco en Leinier no significa la reivindicación patriotera del campeón, ni el reclamo de alguno de sus beneficios, es más bien el mérito que nos cabe por haber seguido sus pasos por estos años, disfrutando sus triunfos y sus empates, y añorando que las derrotas no le descorazonen. Seguros de que quien sabe mantener el buen paso tiene posibilidades extraordinarias para el éxito. Y ese momento ha llegado. Leinier comenzó perdiendo la competencia pero su recuperación fue sorprendente, cuatro tablas y seis victorias fueron las responsables de convertirlo en campeón.

Los progresos de Leinier en Salónica los seguimos muchos a través de Abdul Nasser, el periodista de nombre foráneo que, desde el diario Juventud Rebelde los refería con un entusiasmo extraño en nuestros medios de prensa, donde es de buen tono reprimir la exaltación.

Quizás no sea del todo consciente Leinier de la gran importancia de su triunfo y su posterior regreso a nuestra isla. En el pasado un Fidel Alejandro Castro Ruz gustaba de pavonearse con nuestras celebridades, desde una vaca lechera y tumorosa hasta un campeón de boxeo. Los agasajos del comandante eran interminables, el campeón pasaba agradecido, de la noche a la mañana, de un miserable solar en cualquier parte a una casa en Miramar, y a tener derecho a entrar en tiendas que comercializaban en dólares, prohibidas para el resto. Era la política de los estímulos que humillaban, del acercamiento que distanciaba. El campeón que soportaba aquel hedor podía seguir siéndolo, y muchos lo soportaron.

Pero el presente se mueve con otros rumbos; escondidos en un falso pragmatismo, los fondos sociales son cada vez más desprovistos por la política oficial. Se reducen los presupuestos de salud y educación, pero también cultura y deportes. Para esta nueva política, el empeño de la nación y su fulgor estorban. Una nación virtuosa, a la que Leinier contribuye con su triunfo, anega el argumento de los que ensalzan la humildad para emprenderla contra el brillo ajeno, de los que exaltan el individuo indiferenciado para agrandar la masa de cubanos reducidos a servidumbre. Leinier ha dejado de encajar en este perfil. El talento exige independencia y demanda reconocimiento.

En meses recientes hemos debido asimilar con tristeza que Dayron Robles, el extraordinario corredor guantanamero, que corre con un crucifijo y lee entre competencias, pidiera abandonar el equipo nacional de atletismo, rodeado todo de desagradables rumores sobre las deudas del estado con él y las abusivas extracciones a sus premios; más recientemente Wilfredo León, el niño genio del voleibol mundial, fue castigado por los burócratas de turno, con lo que anegan la carrera del que pudiera ser el más grande voleibolista de todos los tiempos. En las tortuosas marañas de la envidia burocrática, Michael Jordan podría ser convertido en un simple repartidor de formularios y Usain Bolt en un dinámico dependiente de cafeterías de comida rápida. Leinier llega lleno de brillo; como a León y a Robles, los cubanos le seguimos admirados. Pero en los corredores donde hace medio siglo se ha tramado magistralmente nuestra perdición, Leinier debe saber que más de una fiera ha empezado a tejer las trampas donde enredar su genio, y que las fichas de sus enemigos no las podrá buscar sobre la mesa.

Boris González Arenas
 Lunes 11 de junio de 2013

                                     

sábado, 9 de marzo de 2013

Las llaves del tiempo


Esta foto ha llegado a mí de algún modo, ha abierto una puerta y he podido ver, dentro de aquello que tengo de casa, la conformación de las habitaciones que he diseñado en los últimos veinte años con la ayuda de mi país. La foto va acompañada de un texto que la atribuye a un señor llamado José García Poveda, alias “el Flaco”, extranjero que llegó a Cuba en 1990. Ese año, que para tantos países de la Europa Oriental puede ser sinónimo de un muro que se derrumbó para dejar a hombres y mujeres frente a frente reconociéndose iguales, es para los cubanos sinónimo de una deriva incierta entre el desamparo, la frustración y la muerte.
En 1990 yo cumplí catorce años y el director de la secundaria Raúl Gómez García en el Vedado, un buen hombre –creo recordar que bueno-, me aseguraba que el Programa Alimentario, nueva estrategia de movilización para la producción agrícola, daría pronto resultados sorprendentes, a la altura del estampado que había aparecido por aquellos días en el reverso de los billetes de veinte pesos y que representaba a los hombres y la técnica consiguiendo los frutos augurados por el nuevo plan.
Pero no soy el niño con el tanque ni la niña con el pulóver grande en esta foto extraordinaria, tampoco soy la nube al fondo ni el mar quieto, que parece esperar la estampida que lo convertirá en la carretera más o menos firme que encontró un pueblo para buscar algún destino. No soy la suela del zapato sin cordones, ni los rizos desordenados, ni la mano apoyada y abierta como pidiendo al fotógrafo que no se vaya de allí, que siga esperando, que la función recién comienza como la vida que tiene enfrente y que él, con su cámara, puede realizar el testimonio único de lo que se aproxima.
La imagen sugiere un fotógrafo desprevenido, inconsciente de estar dando la espalda a la tormenta e interpuesto en su objetivo. Ignorante de que en un país de ciclones no es la primera vez que el tornado se conforma en la tierra y que, para llegar a estos niños, porque nadie habrá de salvarse, pasará sobre su cuerpo al que no podrá volver a reconocer frente al espejo.
Gran tarea la de “el Flaco”, si es que es cierta la nota que le atribuye la imagen. Si hoy quisiera hacerse una foto con la misma intensidad, ¿qué debería anticiparnos del futuro de nuestro país el gesto de la mano de esa niña? ¿Qué debería sugerir ese horizonte, dividido entre la gran ciudad y el espacio abierto? Sabiendo que solo puedo plantear la respuesta que deseo, quisiera que el gesto de su mano augurase una nación con criterio y autoridad, y que en el horizonte se produjese un reencuentro mágico y de reconciliación, imprescindibles para tener un futuro menos dramático del que se abrió a mi país en 1990.

Boris González Arenas
        9 de marzo de 2013

                                              
                                          

viernes, 8 de marzo de 2013

Sobre Oswaldo Payá y Harold Cepero


Uno de los hombres más significativos de nuestra historia reciente, Oswaldo Payá Sardiñas, pudo haber sido asesinado por el gobierno cubano. Era una posibilidad, pero la versión oficial del gobierno cubano y el silencio de los que podían desmentirla, había prevalecido hasta el presente. Oswaldo Payá es una de las figuras más importantes dentro de la historia contemporánea cubana. De esos hombres ejemplares que muestran que la política no es un espacio de hombres y mujeres corruptos, si no el entorno donde lo mejor de un país se empeña en adecentarlo y favorecer su progreso. La hez, la perfidia que brota aquí y allá sirviendo a los argumentadores de lo contrario, no son el producto de la política, si no de la estupidez humana. La misma hez brota en la cultura, en los ejércitos y en donde quiera que haya cosas que apetecer. Al brillo y la integridad que la combaten perteneció Oswaldo Payá.
Sabíamos que era muy extraña la diferencia entre la primera descripción del accidente automovilístico del 22 de julio del 2012, pronunciada en el hospital donde murió Harold Cepero Escalante, compañero de Oswaldo en la vida política y que viajaba con él en el automóvil; y la versión oficial que prevaleció después. Era extraño que a los miembros del Movimiento Cristiano Liberación, la organización liderada por Oswaldo, no los dejaran llegar a Harold hasta que este no estuvo sedado, condición a la que siguió su muerte. Era extraño que nadie hablara de los mensajes de texto enviados desde su teléfono móvil, inmediatamente después del accidente, por el sueco Aron Modig y más tarde, usando el mismo teléfono, por el español Ángel Carromero, los otros dos compañeros de viaje de Oswaldo Payá y Harold Cepero aquél día dramático. Era insólito que los textos de los mensajes no salieran a la luz pública, evidentemente una omisión europea que tenía por finalidad sacar a Ángel Carromero de Cuba. Y lo último, que Ángel Carromero llegara a España y permaneciera en silencio, ya no era extraño, era sórdido.
Pero Ángel Carromero ha hablado y sus esperadas palabras difieren del todo de la versión oficial a la que contribuyó con su testimonio, que ahora afirma, fue arrancado por la amenaza de muerte y la inoculación permanente de sustancias sedativas. La hija de Oswaldo Payá, Rosa María Payá Acevedo, fue a verlo y Carromero asegura no haber podido, frente a ella, mantener su silencio. Silencio que ya debía pesar demasiado y con el que no simpaticé nunca, no por la mudez que le pudo haber impuesto el terror, si no porque una vez fuera de Cuba, la estatura de Oswaldo Payá tenía que ser suficiente para hacerlo hablar aunque le costara su orgullo, porque los cubanos hemos debido vagar sin él por décadas y Oswaldo Payá quería devolvérnoslo; aunque le cueste sus bienes, su carrera, sus amigos, porque nada de eso lo tenemos los cubanos y Oswaldo Payá quería devolvérnoslo. Por eso el Proyecto Varela, El Camino del Pueblo, el Proyecto Heredia; por eso su esposa y sus hijos, sembrados en una vivienda del Cerro antiguo, del que yo soy vecino orgulloso. Por todo eso tenía que hablar Ángel Carromero y ahora que ha comenzado a hacerlo tiene que seguir; también tiene que despertar el sueco Aron Modig, el compañero de travesía que viajaba a la derecha de Carromero, y que aparentemente dormía en el momento terrible. Porque el pueblo de Cuba está lleno de preguntas y ahora la vida de estos sobrevivientes no tiene otro sentido que responderlas. ¿Cómo montó Modig en el auto que lo sacó de la escena? ¿Dónde estaban Oswaldo y Harold en aquel momento? ¿Por qué no le quitaron el celular a Modig y sí a Ángel Carromero?
Dos hechos han coincidido en el espectro político cubano y pueden no ser extraños uno del otro. De un lado las declaraciones de Ángel Carromero reavivando las dudas sobre el posible asesinato de Oswaldo Payá y del otro la muerte lamentable del presidente de Venezuela Hugo Rafael Chávez Frías. El gobierno cubano dominaba perfectamente toda la información sobre la enfermedad del presidente venezolano, conocía sus consecuencias inevitables como nadie. La muerte de Hugo Chávez plantea para los dueños del poder en Cuba el posible desmantelamiento de un sistema de pagos generosos al estado cubano merced a los servicios proporcionados por nuestros profesionales de diversas esferas en Venezuela, principalmente médicos y militares. Aún triunfando Nicolás Maduro en la carrera por la presidencia de Venezuela, el deterioro de la economía venezolana y la nueva situación política del chavismo, que debe continuar sin líder, auguran la ralentización si no desaparición de un sistema de ayudas que, por demás, parecía disminuir en los últimos años. Frente a ese panorama, las consecuencias para la maltrecha economía cubana no se harán esperar y con ello el descontento ciudadano que, junto a una oposición organizada y en crecimiento, no pueden ser menos que un muy mal augurio para la dictadura de nuestro país.
Pero si el asesinato de Oswaldo Payá se confirma (y para esto una investigación internacional debe esclarecer la legitimidad de los mensajes de texto enviados por Ángel Carromero y Aron Modig después del accidente), cómo no traer entonces a la mente otra muerte cubierta con la sospecha, e igualmente importante, acaecida meses antes de la muerte del líder opositor.
Laura Pollán, líder de las Damas de Blanco, fue una mujer de coraje cuya presencia en manifestaciones donde debía soportar a esbirros dispuestos por el gobierno para su acoso y humillación, la exponían al contacto físico con sus enemigos aumentando la posibilidad de exterminarla.
Laura Pollán y Oswaldo Payá consiguieron resultados inéditos y no superados a favor de la soberanía ciudadana y el adecentamiento cívico cubanos, emplazaron a Fidel Castro primero y a Raúl Castro después, para concluir el despotismo grosero, que hubiera podido parecer esencial en nuestra tierra, si no fuéramos hombres y mujeres provenientes de ella los que lo enfrentamos.
El probable asesinato de Oswaldo Payá y Harold Cepero, y la crueldad en el trato a Ángel Carromero, de ser confirmados, será otra página en la historia de terror que el estado cubano legará a nuestro porvenir.
Lamento terriblemente las consecuencias de esta tragedia para la familia de Oswaldo, lamento que las declaraciones de Ángel Carromero aviven las dudas sobre lo que el estado cubano se empeñó en mostrar como un accidente y muchos creímos siempre que fue un crimen. Pero me alegra que la esposa y los hijos de Oswaldo Payá estén ahí, con su sencillez y su entereza, su resistencia me llena de esperanzas, la calma de sus voces amaina la desesperación, y el afecto con que se refieren en todo momento a Ángel Carromero ha conseguido transmuta cualquier duda en estima.

Boris González Arenas
8 de marzo de 2013

miércoles, 13 de febrero de 2013

Frente al fracaso moral

Lágrimas de hombre, lienzo de Igor Urquiza

Contamos con poco los que en la sociedad aterrada levantamos la vista. Algunos amigos, una hermana, el hijo o el padre, un puñado de orgullos, un buche de estima. También contamos con la dignidad anónima, la de un vecino o un colega que sin aspaviento niega su concurso a los encargados de la persecución. Poco más si acaso. No hay leyes que nos protejan -en ninguna parte de la constitución vigente aparece alguna consideración respetuosa hacia nosotros-, lazos filiales que nos aúnen, grupos humanos que nos exalten. No podemos contar con los obreros, con los artistas, con los intelectuales, con los campesinos, con los militares, con los técnicos; en la sociedad aterrada nada es lo que su nombre indica. De cualquier colectivo social saldrá el que alimenta la calumnia, la que otorgará callando, el que aconsejará el espanto, los que anhelan en silencio ver doblegarse a la osadía. Hablan desde el redil y sus consejos se asemejan a los de los amigos que piden prudencia por temor a nuestra suerte. Pero sus motivaciones son diferentes.
Las consecuencias del orgullo no son pocas, la cobardía se confunde con la ojeriza y el sujeto diferenciado se convierte en loco por expresar sus ideas con claridad, irresponsable por actuar sin considerar las prohibiciones que el estado criminal dispone, ingenuo por no aceptar medir las consecuencias de sus actos.
La sociedad del redil no se siente maculada lo suficiente por necesitar, para comer, la carne robada a los enfermos, los medicamentos substraídos de una farmacia; tampoco le imputa mudarse para la casa confiscada a la familia perseguida, aprovecharse de los bienes dejados a la zaga por el que huye del país, taparse con las sábanas robadas del hotel ni limpiarse el trasero con la materia prima del papel inalcanzable para un salario medio. Sin embargo no puede tolerar, y ahí tales enclenques se yerguen cual tribunos, que el individuo soberano reciba honorarios por publicar sus cavilaciones, premios por insistir hasta el honor en la dignidad de la autoridad personal; el reconocimiento infinito de quienes, desde un mundo democrático, asisten azorados a lo que pueden ser los últimos gritos de nuestras entrañas.
Es demasiado encono y nuestros cuerpos lo sienten, pero no se levanta la mirada para volver con la cabeza gacha; por el contrario, la rara anatomía moral decide que la vista alta vigorice los miembros, exalte los sentidos y permita escuchar, sobre los alaridos que llegan de las vallas, el roce del sol con el espacio, las luces primeras del amanecer.
Boris González Arenas
Martes 12 de febrero de 2013

domingo, 2 de diciembre de 2012

Por Estado de SATS II. La libertad de Antonio Rodiles

James Ensor: Cristo entrando en Bruselas

Finalmente hemos celebrado la libertad de Antonio Rodiles, fue el lunes 26 de noviembre de 2012, diecinueve días después de su arresto brutal frente a la Sección Veintiuno de la Depauperada Salubridad del Estado, conocida también como DSE. Pedazo, trozo, cacho, toda sección remite a falta de integridad, coraje, plenitud. Puede referir también algo en construcción, aspiración de incrementar su dignidad, llegar a ser. Nada de eso existe en este caso, los llamados Órganos de la Seguridad del Estado de Cuba cocinan las acciones a la sombra: donde un ciudadano habla, ellos cuchichean, donde una mujer íntegra se erige en tribuno frontal, ellos buscan el costado, la mentira.
Antonio Rodiles fue golpeado, más aún, insultado, vejado; una de sus manos fue machacada por una mujer con el tacón de su zapato aprovechando que Antonio las tenía apoyadas sobre el carro policial al que se negaba a entrar. Antonio vio a la mujer y cuenta que ella reía. Esa risa la hemos visto ya, en los videos de acoso y golpeaduras a las Damas de Blanco, en una situación similar contra Reinaldo Escobar, en las imágenes de las marchas frente a la Embajada del Perú, en los conductores del barco responsable del hundimiento del transbordador Trece de Marzo que en agosto de 1994 llenó de muerte el horizonte habanero, en los testimonios de las víctimas de tantas décadas de incitación a la barbarie desde la tribuna esclerosada. Es una risa infrahumana; quienes la profieren, hombres o mujeres, parecen haber curtido el rostro durante décadas para llegar a esa mueca sórdida. Pero estuvo también antes, mucho antes, quizás ha estado siempre. El pintor James Ensor la reprodujo en 1888: es el público que recibe a Jesús en su cuadro Cristo entrando en Bruselas.
Han sido días duros para todos, días de incertidumbre. Su arresto ocurrió horas después de la victoria electoral de Barack Obama. Antonio estaba enfrascado en la recogida de bienes de consumo para enviar al oriente del país, donde los destrozos del huracán Sandy parecen insalvables mientras el dengue y el cólera siguen haciendo estragos. Es también Antonio el Coordinador Nacional de la campaña Por otra Cuba, que ha sido articulada a nivel nacional con algunas de las figuras más interesantes de la sociedad civil, consiguiendo que los ciudadanos cubanos se familiaricen con el Pacto de los Derechos Políticos y Civiles y el Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, que fueron firmados por el gobierno cubano en febrero del año 2008, pero que requieren ser ratificados para que nuestro sombrío sistema legal tenga que reformarse a su tenor. Se suma a todo ello Estado de Sats, su proyecto originario, las entrevistas, la organización de encuentros, los programas de cine, las publicaciones periódicas.
Sus días de prisión, sin embargo, nos acercaron más a Antonio Rodiles, sus amigos hemos podido estar más cerca de su papá y su mamá de lo que habíamos estado antes. Hemos comprendido el origen de su osadía. Su mamá no paraba de trabajar y atendernos, sugerir ideas, participar de nuestras actividades, salir en nuestras fotos, rubricar nuestros documentos. Es un placer su presencia en esas imágenes y que su firma participe con la nuestra. Un gran placer.
También compartimos con su papá. Todos hemos admirado esa disposición del padre de Antonio a servirle de compañía en sus andanzas. Quedándose siempre dentro del carro destartalado mientras Antonio sube a nuestras casas. ¡Qué humildad en alguien con su historia! Me emociona pensar que algún día puedan mis hijos estar en peligro y sea yo el que no me despegue de ellos con tal de exponer mi cuerpo anciano a las embestidas de las bestias. Los padres son una fuerza sobrenatural y en el caso de Antonio Rodiles esa potencia está por entero a su servicio.
Otra persona se destacó en especial en estos días de zozobra en que tan al tanto estuvimos todos: Claudio Fuentes Madan. Claudio fue apresado al día siguiente de la detención de Antonio mientras demandaba su libertad frente a la estación de policía que está en la Avenida Acosta, en el municipio Diez de Octubre. Estaban con él Ángel Santiesteban y Yoani Sánchez, entre otros. No fue hasta dos días después, el domingo 11 de noviembre, que Claudio salió libre. Desde ese momento acompañó a los padres de Antonio hasta conseguir que ellos sumaran, a la zozobra por ver llegar al hijo de la prisión, la inquietud por ver llegar a Claudio cada noche.
Hay ocasiones en que ni siquiera son necesarias pocas palabras para entender. Nada dijeron de la detención de Antonio los periodistas de los medios de difusión oficiales, esos difusores del miedo; tampoco habló el Minint ni el Comisionado Nacional de Béisbol, ni el general que levantó la mano en 1989 aprobando la muerte de su compañero de tantos años, para regresar a su casa y conservar el juego de muebles, la esposa joven y la poca vida que queda después de la traición.
En todo sistema social crecemos parejos los que amamos la libertad y los que la desprecian y se avergüenzan frente a ella, retorcimientos estos últimos para los que el castrismo es levadura generosa. Frente a Antonio Rodiles, y los bravos que le acompañaban el pasado día 7 de noviembre de 2012, estos esbirros pudieron percibirse por un instante de lucidez en toda la degradación que les conforma; ni el uniforme verde olivo, ni las estrellas del hombro, ni la miserable cohorte de oportunistas viciados, impiden en el enfermo de mal el impacto de tal instante. Doloroso debió haber sido, tan doloroso que al encimarse a Antonio no pudieron evitar, ni el frenesí canallesco, ni la risa histérica de las hienas.

Boris González Arenas
1 de diciembre 2012
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