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miércoles, 18 de abril de 2012

Los ingenios de Manuel Moreno Fraginals III


En su prólogo a Cuba. La forja de una nación, Rolando Rodríguez agradece a Fidel Castro, entre otras muchas cosas, por haberle facilitado la posibilidad de visitar los archivos de Washington. El prólogo está fechado en la Habana en el mes de octubre de 1997 y principia la edición financiada por CajaMadid. El primero de sus tomos está en mi poder hace años.
Cuando estudiábamos la carrera de historia en la Facultad de Educación a Distancia, alguno de los textos que debimos estudiar aseguraba que, en el conflicto interclasista, unos buscan anular el papel histórico de otros; del mismo modo los grupos ideológicos realizan depuraciones importantes permitiendo la supervivencia de fuentes, testimonios y elementos afines, mientras que condenan al ostracismo y la desaparición los testimonios hostiles. Quizás fuera en el libro de texto de la asignatura "Metodología de la investigación histórica" que se podía leer, junto a una cita de Lenin, que el marxismo o marxismo leninismo (que en una época fueron la misma cosa para nuestros países) reconoce la incidencia de la selectividad ideológica, eso en oposición a pretensiones  de imparcialidad que atribuía el texto a la ciencia histórica que llamaban burguesa.
Elevar una hipótesis al rango de indiscutible evidencia la subordinación del pensamiento a algún tipo de ortodoxia, se fuerza la libertad del intelectual para desvirtuarla en los terrenos de la conveniencia política de cualquier institución, colectivo o país. La gravedad de sus consecuencias no escapó a Manuel Moreno Fraginals ni a su investigación histórica. En "Hacia una filosofía, un lenguaje y un arte imperial" apuntaba, a propósito de la decadencia de la filosofía escolástica española y su subordinación al imperio colonialista español, que esta había pasado de ser una filosofía a ser una ideología[1]. En el mismo año (1989) afirmaba, a propósito de la historiografía cubana del momento: "El absurdo de querer limitar el marxismo a Marx: es decir, el absurdo de querer convertir los escritos de Marx, Engels y Lenin en libros sagrados que enseñan la verdad revelada y a partir de los cuales sólo es posible la exégesis, la interpretación"[2]
En 1989 nuestra historia intelectual más reciente, aquella en la que había tenido desarrollo la vida intelectual de Moreno, era el mejor ejemplo de  los efectos que acarreaba el sometimiento de la filosofía y las ciencias humanas a los intereses políticos. Moreno Fraginals tenía, por ello, una experiencia fértil para interpretar la información histórica en torno a la decadencia del imperio español[3].
No siempre había sido así, Oscar Zanetti asegura que la implantación de los moldes teóricos del llamado socialismo real son instrumentados en Cuba a partir del fracaso de la "Zafra de los Diez Millones" (1970) y trajeron consigo, en el plano teórico, que: "Tanto en la investigación como en la enseñanza, la investigación debía concentrarse en las "regularidades" históricas, aquellas pautas universales que señalaban el rumbo ineluctable de la humanidad y sustentaban un único modelo viable de construcción socialista"[4]. Era la consecuencia de que la sociedad cubana fue confinada (moldeada según Zanetti) en el retorcido sistemas de normas del llamado "socialismo real"[5].
Cuando Rolando Rodríguez agradece a Fidel Castro por las facilidades de que le proveyó para investigar en los Estados Unidos y España, no está sino confirmando la profunda selectividad de las instituciones políticas, muy distantes de la actividad intelectual. "Cuba. La forja de una nación", es un esfuerzo intelectual, pero también político. El autor siente la necesidad de definir la naturaleza de las actitudes de unos y otros, dentro y fuera del campo independentista. Aquellos que obstaculizaban el desarrollo conspirador de Martí y Maceo deben ser depurados con énfasis y se agradecen las fuentes que permiten encontrar los móviles de tal obstáculo.
A lo largo de todo el texto hay un concepto central: revolucionario. Más que "por su historial combativo, su capacidad organizadora, visión política y sacrificio total a su idea"[6], Maceo es grande por ser un "revolucionario legítimo[7]". Distante estaba de Manuel Moreno Fraginals esta avidez de desenhebrar la historia jerarquizando figuras, conceptos morales o hechos específicos. Tales consideraciones solo pueden ser sostenidas en sistemas teóricos de alto grado de selectividad, en los que es posible enajenar del elegido un mundo de trastadas, con muchos niveles de lectura, y todo ello sin temer ser puesto en evidencia por una comunidad intelectual más preocupada por sobrevivir, que por denunciar la farsa argüida. Este "sacrificar al intelectual" destruye el imaginario social respecto a su historia, su resultado es la poca información que la sociedad cubana tiene sobre las figuras históricas del país y la estupefacción en que quedan no pocos cubanos al enterarse de enemistades insalvables entre héroes indiscutibles o la hermandad entre hombres y mujeres a los que el cubano desinformado ubica en campos abiertamente contrarios.
No debe haber escapado a Fidel Castro, la máxima institución del castrismo, las posibilidades de la obra que Rolando Rodríguez desarrollaba. La exaltación de las figuras de Martí y Maceo y su constante apelación a la virtud revolucionaria parecen argumentar, de modo erudito, aquella pregunta constante en todos los exámenes de Historia de Cuba que debió contestar mi generación a lo largo de nuestra vida de estudiantes y que consistía en explicar por qué Fidel tenía razón al considerar que la revolución cubana era una desde el 1868 a 1959. Si en boca de Fidel tal pretensión no era otra cosa que una afirmación política -y en nuestros exámenes una muestra de lo que fue nuestra educación-, la obra de Rolando Rodríguez parece darle la verosimilitud intelectual que Fidel deseaba. 
En una entrevista realizada a propósito de haber obtenido el Premio Nacional de Ciencias Sociales en el año 2007, Rolando Rodríguez afirmó de Manuel Moreno Fraginals: "Si por fin comprobara que sus ayudantes no fueron los que le escribieron El ingenio, quizás lo respetaría un poco más, pero a un cambia casacas como ese no se le puede tener mucha admiración ni respeto".[8]

Son duras palabras para quien, sin dudas, no dedicó ninguno de sus libros a Fidel Castro ni consideró necesarias filiaciones institucionales que le permitieran viajar a cuenta de mecenazgo alguno. La decisión de un intelectual cubano de abandonar Cuba en la década del noventa, sin prebendas oficiales ni apoyo real, un intelectual de sobrado prestigio y mérito, para ir a vivir al extranjero, Miami en el caso de Moreno Fraginals, no puede sino ser interpretada como la realización de un derecho legítimo de autodeterminación, tomado además por un hombre ya en su vejez (Manuel Moreno Fraginals nació en 1920 y murió en el año 2001) y probablemente necesitado de superar, para él y su familia, las condiciones de miseria en que sumió el castrismo al archipiélago cubano; solo por el dolor producido se puede entender que Oscar Zanetti (la filiación de Rolando Rodríguez no da para aspirar a otra declaración) no haya querido, o no haya podido, aceptar la decisión de Fraginals.

Si llegado el país mejor nuestros estudiosos no quieren entender que un hombre es libre, que Moreno Fraginals no puede juzgarse a la ligera y que el compromiso con su familia, y la inmoralidad con que encharcó el castrismo a la Revolución Cubana, obligaron y obligan a replantear a la Patria, replanteando también sus enemigos y los destinos de sus hijos empobrecidos, entonces será ocasión para decir que no vamos por buen camino.

Desde muy temprano debió ser consciente Moreno Fraginals de las desviaciones que, del inspirador ideal revolucionario, había sufrido la institucionalidad cubana y el que resultó su máximo beneficiario: Fidel Castro. En su libro "Cuba/España, España/Cuba" señala con amargura la destrucción de lo que llama la cuenca lechera de Bayamo que había conseguido, a partir del ganado español, un ganado criollo  insuperable. Señala además como injustificada la nacionalización de las sociedades españolas, que prestaron un gran apoyo a la sociedad cubana, favorecieron los vínculos entre los descendientes de españoles e inspiraron al resto de la sociedad modelos de fraternidad de los que hoy carecemos.

Rolando Rodríguez se puede preciar de ser un intelectual revolucionario en la medida que pertenece al grupo de cubanos que aceptaron convertir la revolución en un movimiento político regido, más que dirigido, por Fidel Castro; donde la supeditación a la voluntad del líder y el apoyo a sus zigzagueos políticos, así como el adormecimiento de la conciencia crítica, ha garantizado, por medio siglo ya, posiciones de privilegio y reconocimiento, cuando menos degradantes, que ha distribuido el mismo líder a los que le sirven de alfombra y luminaria. Esa cómoda militancia explica que en una misma persona puede habitar, conscientemente, el apoyo a la estrangulación económica de la pequeña propiedad industrial y de servicios que tuvo lugar en 1968, las confiscaciones de locales, herramientas, junto al secuestro de una vida de trabajo y las consecuencias sociales que ello implicó; a la vez que el entusiasmo al acudir, incluso con algún capital, a la despenalización del libre desempeño de modestos oficios que el castrismo, sin asomo de vergüenza, acude presuroso a implementar cuando el reinado del espanto se hace más difícil de sostener.

Esta dinámica de progresivo envilecimiento produjo dos actitudes radicalmente diferentes en nuestra historia más reciente: la sublimación del orden que la motiva, en el caso cubano, más que la revolución el castrismo y, en el extremo opuesto, el repudio de ese mismo orden. Rolando Rodríguez y Manuel Moreno Fraginals son ejemplos de estas dos actitudes extremas, pero las implicaciones morales de una y otra son radicalmente diferentes.

Largo será nuestro retorno a un discurso nacional auténtico, sin silenciamientos ni omisiones. En ese algo extraordinario Manuel Moreno Fraginals camina entre negros y negras  esclavos y libres, entre hombres y mujeres que un día dejaron de explotar el trabajo de semejantes y se alzaron a construir una nación de todos, quizás alumbrados por alguna estrella de azúcar. En ese algo extraordinario también está nuestro sitio, desde el que podremos sentir las consecuencias de todo aquello que no queremos hacer hoy en nuestra patria destruida y secuestrada.

Boris González Arenas


[1] "…: se producía un tránsito mediante el cual una filosofía pasaba a ser una ideología." Moreno Fraginals, Manuel "Hacia una filosofía, un lenguaje y un arte imperial" En: Orbita de Manuel Moreno Fraginals Editorial Unión 2009 p. 365
[2] Riccio, Alejandra: "El ingenio de Moreno" Revolución y Cultura No 9 Septiembre 1989 p. 10
[3] De hecho el mismo Moreno Fraginals era consciente de la fuerza que tiene el presente de un autor en la forma como interpreta el hecho histórico. Refuta en "La historia como arma" el afán de descalificar al presente del autor como fuente de conocimiento y experiencias para la interpretación de la información histórica; lo descalifica, no como mentira absoluta, sino como "gran mentira parcial". Este "parcial" denota la capacidad del autor a la hora de entender la plasticidad de toda afirmación.
[4] Zanetti Lecuona, Oscar: "Isla en la historia: La historiografía de Cuba en el siglo XX" Ediciones Unión 2005 p. 52
[5] "Con el fracaso de la "Zafra de los Diez Millones" -1970-, en Cuba los arrestos experimentales cedieron su lugar a una sociedad moldeada cada vez más según las normas, en apariencia exitosas, del llamado "socialismo real" Isla en la Historia p. 52
Una periodización de la historia intelectual de 1959 a nuestros días es difícil. Si bien parece que el año setenta marca un antes y un después, no debe olvidarse que ese "antes y después" lo es para la generación de aquellos que eran muy jóvenes y de escaso protagonismo en 1959. Pero desde 1959 a la intelectualidad establecida se le hizo evidente los caminos arteros con que Fidel Castro comenzaba a empedrar la revolución en sus búsquedas democráticas. Jorge Mañach, Herminio Portell Vilá y Gastón Baquero fueron algunos de esos intelectuales que habrían sido imprescindibles para las nuevas generaciones que, privada de ellos, carecían de la necesaria postura crítica ejercida desde el prestigio de intelectuales sólidos y comprometidos. Ya en la Biblioteca Nacional en el año 61 se habían cerrado las primeras puertas al debate intelectual y no debe olvidarse que la revista "Pensamiento Crítico" (1967-1971), a la que no pocos citan como un adalid de la historia intelectual cubana, estaba centrada en el pensamiento marxista y el por entonces llamado revolucionario sin que existiera su contraparte crítica, lo que destaca la preeminencia temática del marxismo, impensable en la comunidad intelectual cubana de 1959, ni siquiera en la progresista o revolucionaria.
[6] Moreno Fraginals, Manuel: "Cuba/España, España/Cuba" España Editorial Crítica Grijalbo Mondadori 1995 p. 246
[7] Rodríguez, Rolando: "Cuba La forja de una nación" CajaMadrid España 1999 Tomo I Pág. 446 "No comprendían que en él operaba, como en cualquier revolucionaria legítimo, el deseo de conseguir el fin de la esclavitud por la lacra social que ésta representaba"
[8] Prieto Alfredo "Un historiador sin archivos es un repetidor o refritador de otros (Conversación con Rolando Rodríguez)" La letra del escriba No 66 Enero-Febrero 2008 p. 6

jueves, 15 de marzo de 2012

Los ingenios de Manuel Moreno Fraginals II

II
En la colección de escritos reunidos en la Órbita de Manuel Moreno Fraginals se encuentra el que Fraginals dedicara a Anselmo Suárez y Romero. En la escritura de Suárez y Romero Fraginals descubre una de las presencias más inquietantes en todo proyecto humano: La culpa compartida, el útero seco de una especie no honorable que por su propia deshonra no amerita la fecundación de estado alguno. Cita Fraginals a Anselmo Suárez y Romero "¡Y nosotros aspiramos a la libertad! ¿Cómo puede ser esto? Con los vestidos salpicados de sangre pretendemos subir a las alturas"3.

Por muchas razones Cuba ha conocido el apego a métodos de exclusión y escarnio que diversos grupos de poder han exteriorizado. Parecería nuestra patria, desde algunos siglos atrás a la fecha, una sucesión indecorosa de tales escenarios. Una fabulosa legión de ideólogos ha estado dispuesta a empantanar su alma justificando la degradación y el desmejoramiento de aquellos que humillan. En Negrofobia, Moreno Fraginals precisa el ambiente desde el que se arguyó la defensa de la violencia y el desprecio al negro. Centrado en José Antonio Saco, Fraginals describe cómo los grupos cubanos beneficiados optaron por el sacrificio de la nación, de toda nuestra riqueza natural y, con el sacrificio del negro, se inclinó también por el desmonte brutal de la sociedad cubana constituida. El desprecio del negro se convirtió en el eje del desarrollo de un nuevo tipo de sociedad y mientras mayor fue su éxito, más acabada se tornó la retórica racista. Mientras más se benefician los grupos dominantes de aquello que discriminan, más criminales son sus modos de controlarlo.

Es cuando Moreno Fraginals se refiere al esclavo y la sociedad que lo anida, que sentimos con más dolor el peso de su erudición. Nadie que habita una sociedad esclavizada está libre de semejante estigma, y son solo elegidos como Suárez y Romero los que pueden sentirlo, cualquiera que sea su condición en tal sociedad. ¿Cómo concebir entonces, después de Manuel Moreno Fraginals, una descripción de la historia en la que los libertadores merecen todos los elogios y sus contrarios la censura? Libertadores y enemigos habían leído por igual el Diario del Gobierno de la Habana que, el siete de junio de 1818 decía:

"Una negra de nación carabalí, con un hijo de dos años, sana y sin tachas, en 370 libras, y sin el hijo en 350."4

O este otro ejemplar que anunciaba el 20 de diciembre de 1827:

"Una mulata de 24 años, escelente lavandera, planchadora, cocinera y más que regular enrizadora; entiende algo de costura y sabe perfectamente asistir enfermos, con dos hijas, una de cuatro años y medio y otra de cuatro meses, se venden juntas o separadas por su
ajuste;…"5

Por un acto de denotación semejante Lezama Lima había notado, en un artículo sobre la muerte del Lugarteniente General Antonio Maceo, a propósito de una frase de Pascal, la duda sobre los sobrevivientes:

"Si para hacer relatos es necesario ser destruido por la propia batalla que se narra, es que hay una forma superior de testificar"6.

Los hombres y mujeres que plantearan nuestra independencia debían hacerlo desde la muerte, único modo de librarse del estigma que acarreaba haber cohabitado con la sociedad esclavista que en nuestro siglo XIX deshonró a cada uno de los cubanos. Nos han narrado –parece decir Moreno Fraginals- un cuento idílico donde la división en malos y buenos está ajustada al imaginario de una república llena de necesidades, carente de sus mejores hijos y poblada por muchos de los sujetos que, al no saber morir en el campo de batalla, corrieron presurosos a obtener los beneficios de su veteranía7.

En nuestro pomposo advenimiento democrático había más de una zancadilla y la República nació de la mano de sobrevivientes, pero a nuestro discurso libertario no le faltaban narradores idóneos. Miles de cubanos y cubanas habían muerto y sus argumentos fueron la testificación superior sobre la que especulaba Lezama Lima y la redención necesaria de un pasado, entonces reciente, cuya riqueza era disfrutada sobre los cuerpos de quienes la producían. Hay algo extraño en la traición, en dilatar las decisiones que pueden salvar vidas, en la sucesión de tiempos posterior al acto de cobardía; el resultado de ese proceso puede ser la puesta en práctica de una conducta que parezca validar la torcedura. El traidor podrá reconocerse mucho mejor si hace de la traición su cotidiano, igualmente el cobarde y el que dilapida el tiempo precioso para tomar decisiones cruciales. Toda vez que en Cuba un gobernante ha buscado perpetuar el uso del poder, se ha puesto en funcionamiento un pobre mecanismo de perfidia y escarnio que les permita naturalizar el crimen, la usurpación de la libertad y la consagración del miedo. No es mucha la diferencia entre las estrategias mentales de que se valió Fidel Castro a lo largo de estos años para convertir el país en su feudo, de las argucias de que se pudo haber valido Gerardo Machado para buscar primero su reelección y posteriormente su permanencia en el poder, ni Valeriano Weyler para concentrar a los cubanos en unos pocos pueblos y ciudades, haciendo blanco de la muerte no solo a la población cubana sino también al soldado español encargado de custodiarlo.

Tampoco debió haber sido muy diferente para la sacarocracia cubana asumir como natural, a fines del siglo XVIII y frente a la promesa de riquezas sin límite, la desarticulación de una sociedad donde el negro libre y el mestizo hacían causa común en su conjunto. Fraginals le llama "sociedad negro-mulata" en uno de los ensayos centrales de la colección8. Tal actualización económica, en una sociedad signada por la opresión y la falta de derechos, podía llevar más temprano que tarde, y lo hizo, a hechos de criminalidad insospechada. Se dificultó la coartación, proceso por el cual se permitía a los esclavos comprar su libertad. Se disolvieron los batallones de pardos y morenos (señala Fraginals que esto se realiza exactamente cuando peleaban en el continente americano en apoyo del imperio español). Se limitó el desarrollo de los oficios a los negros hasta lograr, años más tarde, que muchos de ellos fueran desempeñados únicamente por blancos. Por último, se liquidó (1844) físicamente a "la pequeña burguesía negro-mulata bajo el pretexto de una sublevación general de los negros". En una sociedad donde no se respeta la
soberanía individual, los ajustes estructurales se harán aún a costa de las mayores hecatombes humanas.

Boris González Arenas

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3 Moreno Fraginals, Manuel "Órbita" Anselmo Suárez y Romero (1818-1878) Ediciones Unión 2009
p. 38
4 Moreno Fraginals, Manuel "El ingenio" Editorial Ciencias Sociales1978 Tomo II p.44 (Nota al pie No 63)
5 Idem
6 Lezama Lima, José "Revelaciones de mi fiel Habana" Ediciones Unión2010 p. 104
7 La "Guerrita de 1905" y la represión criminal contra el "Partidode los Independientes de Color" fueron dos de los eventos más denigrantes acontecidos en la independencia joven y en ambos bandos militaban importantes grupos de veteranos. Son incidentes silenciados por nuestra historiografía, entre otras causas porque emborronan el discurso exagerado que sobre los mambises ha necesitado trazarse nuestra república.
8 Moreno Fraginals, Manuel: "Peculiaridades de la esclavitud en Cuba" Ediciones Unión Orbita 2009 p. 163 (Trabajo presentado originalmente en la XVII Conferencia Anual de Historiadores del Caribe, 8-12 de abril de 1985)

sábado, 21 de enero de 2012

Los ingenios de Manuel Moreno Fraginals


 El pasado mes de junio de 2011 compré en la librería Hurón Azul de la UNEAC la Órbita de Manuel Moreno Fraginals. Una selección de escritos del autor de “El ingenio”, una obra que todos deberíamos leer, sea cual sea nuestra vocación profesional y nuestra filiación política e intelectual. A falta de “El ingenio”- solo hay una edición cubana de la obra completa-, puede acercarse al pensamiento de Moreno Fraginals a través de esta selección, cuidadosamente realizada y prologada por Oscar Zanetti Lecuona. El prólogo de Zanetti –pocas personas podrían hacerlo mejor que él- analiza la situación historiográfica posterior a 1959, el entorno en que Fraginals escribe El ingenio y algunas consecuencias personales y teóricas de su publicación al tiempo que aborda críticamente muchos de los ensayos incluidos en el libro. Finalmente Zanetti refiere uno de los principales acontecimientos de la vida de Fraginals, el abandono de su patria, ya en la vejez, para marchar a residir a Miami. Zanetti no deja de censurar la decisión de Moreno de marchar al exilio y, en particular, a Miami. Pero por la honorabilidad que aflora en cada escrito suyo y el cuidado que siempre pone en realzar la obra de Moreno Fraginals, podríamos decir que semejante juicio, lejos de enlodar la memoria del maestro, la enaltece. En el prólogo, fechado en noviembre del 2009, Zanetti es menos riguroso que en el año 2001, cuando a propósito de la muerte de Moreno Fraginals afirmaba, en un artículo aparecido en la Gaceta de Cuba1, lo siguiente:
“Lo que no alcanzamos a comprender quienes apreciábamos a Moreno –y continuaríamos tratándolo con el afecto que merecen su obra y su carácter-, lo que se nos hacía inaceptable, es que este gran historiador dejase a su país en crisis, para irse, a Miami, a echar su suerte con la descendencia –si no económica, ciertamente ideológica- de la sacarocracia cuya gestión histórica tan profundamente censurara”
En el entramado de posturas intelectuales que perviven en la sociedad cubana hoy día existe aquella que evita identificar nuestro proyecto emancipador con la actitud política de Fidel Castro y el estado salido de sus funciones de estadista. Poner en espacios diferentes a la revolución y a Fidel Castro, algo que pudo haber sido muy natural en 1959, es en el presente muy difícil aunque la posteridad deba devolver a su sitio ambos fenómenos que sin dudas no son lo mismo. Para Fidel Castro tal empeño fue siempre una conducta indeseable. Implícita va en ella algún rechazo a su actividad política y una independencia de criterio que el castrismo, al desdibujar todo contorno, destruye. Esta posición busca seguir sintiendo la Revolución como propia y hoy día, ya más producto de una refinada tradición cultural que de una experiencia común, encontrará claridad suficiente para continuar el discurso emancipador cuando la caricaturización a que le ha sometido Fidel Castro tiende a desencantar y desorientar a la mayoría de los cubanos. Uno de esos Prometeos parece ser Oscar Zanetti Lecuona. De entre otros bolsones, de este sale parte de la acritud con que Zanetti considera a Fraginals. No debería ser a los Estados Unidos a donde vaya un luchador nacionalista cubano, por más que pueda haber despreciado el despropósito castrista.
Pero desahuciar del discurso de la nación alguno de sus componentes más contemporáneos obliga a realizar una arqueología del mismo discurso para encontrar los elementos desde los cuales reconstruir las lagunas provocadas. El peligro de sostener tal nacionalismo consiste en dejarle expuesto a una apreciación inexacta y extemporánea con lo que se granjeará, cuando menos, la indiferencia.
El gobierno de Fidel Castro complicó, con no poca gravedad, el fundamento de nuestra soberanía. Ha sido difícil para el ciudadano cubano asimilar, no sólo que de las filas del independentismo y la autodeterminación podían salir obstáculos a nuestra libertad a la altura de los impuestos por España y Estados Unidos, sino que tal obstáculo podía partir desde los mismos dirigentes del movimiento emancipador. Al censurar a Manuel Moreno Fraginals, Oscar Zanetti atribuye a Miami un rol que hace mucho no tiene, al menos que no tiene de manera primordial. Si bien las relaciones entre Cuba y Estados Unidos han sido siempre problemáticas (nada hace pensar que no lo vayan a seguir siendo), hace muchas décadas que, más que la reserva de la “herencia ideológica de la sacarocracia cubana”, los Estados Unidos son el receptor ideal del excedente humano que el castrismo fermenta. Y desde ese punto de vista, los cubanos no pueden sino agradecer que tales posibilidades se les abran en una tierra extranjera, desde el momento en que, por medio siglo ya, el castrismo se ha dedicado con una constancia pasmosa a destruir cualquier estrategia de crecimiento personal o colectivo que se implementa al interior de la patria. Asociar un espacio a una fuente natural de peligro o generalizar experiencias históricas específicas tratando de aplicarlas al conjunto de nuestra práctica como nación, no sólo invisibiliza las acechanzas que puedan surgir; sino que permite la construcción de una retórica dispuesta a vaciarse de contenido y útil sólo para aquellos que resultan directamente beneficiados de su mantenimiento.
La Revolución de 1959 y el secuestro que de ella hicieron Fidel Castro y sus favoritos deberían confirmar que Cuba rehace de continuo la significación de sus espacios físicos y espirituales, aparentando una indefinición parecida a la que describe Moreno a propósito del año 1898 y sus consecuencias para nuestra nación: “Para Cuba aún no se ha hallado la definición exacta: como en los versos de Lezama Lima, Cuba parece escaparse cuando uno cree haber hallado la definición mejor”2.

Boris González Arenas

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1 Zanetti Lecuona, Oscar: “Moreno, entre la historia y la leyenda” La Gaceta de Cuba, No 4 Julio- Agosto 2001
2 Fraginals Moreno, Manuel: “Cuba/España, España/Cuba” Edit. Crítica, Grijalbo Mondadori, Barcelona 1995 p. 293

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