martes, 12 de junio de 2012

El contrario no es enemigo


No podemos invocar a Dios, Padre de todos,
 si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios.
                                                                     Nostra Aetate [1]

Es difícil muchas veces entender que el recelo de nuestro vecino por el muro que hemos levantado no responde a la envidia, ni a un sentimiento de malicia que no puede reprimir. El muro nuestro puede restarle, como nos ha dicho, luz. También puede temer que alguien se suba en el muro y desde allí salté a su patio, lo que le obliga a recoger en la noche el cubo de la limpieza o la ropa que dejaba secando hasta el día siguiente.
Cuanto más, con su disgusto, el vecino puede ser nuestro contrario. No demolerá el muro en la noche, no reclamará nuestro esfuerzo en una ayuda cualquiera para, una vez desprevenidos, asestarnos un golpe demoledor con un trozo de hierro que ya tiene preparado, no le dirá a su hijo que golpee al nuestro, ni irá corriendo a denunciarnos por alquilar nuestra vivienda a un extranjero.
Cuando algunos intelectuales o sacerdotes de la Iglesia Católica Cubana (no la "Iglesia Cubana", que son muchas) hablan de "la oposición", como un todo de una sola epidermis, cometen a sabiendas un error propio de los contrarios, no de los enemigos. Buscan legitimar su pretensión de estar en el medio de dos fuerzas y para ello es más fácil caracterizar, a ambas, de modo semejante. Desconocen que muchos fieles de su Iglesia participan desde hace muchos años, de manera brillante, en ese movimiento plural e indefinible que se opone a la dictadura que nos humilla; lo hacen por la sociedad cubana, por ellos (por el horror que produce a los dignos sentirse deshonrosos de su dignidad) y por la Iglesia Católica Cubana, de la que son miembros honorables. Porque no hay nada tan honorable como ser fieles a tan diversas responsabilidades.
Pero no es la Iglesia la que requerirá a nuestro hijo con esa dialéctica atroz de la intimidación y el premio para llevarlo a otras tierras a que entregue su vida, cuando aún no tiene barbas y el fusil excede la proporción debida entre el tamaño del arma y el del cuerpo que la porta. Tampoco la Iglesia pondrá a nuestra esposa en el dilema de continuar a nuestro lado, con hambre y sin esperanzas, o marchar bien lejos a vender barato nuestro trabajo, para cobrarse los beneficios. Tampoco la Iglesia será la Única, la Obligatoria, la que te niegue tú dignidad si no le perteneces, tú integridad si no te le entregas.
Ciertamente tú contrario puede convertirse en tú enemigo. En la década del cincuenta del siglo XX Fidel Castro entregaba sanos y satisfechos a los soldados que caían prisioneros del Ejército Rebelde, la sociedad cubana se sintió maravillada con la gallardía de aquél movimiento dispuesto a morir sin rencor. Como un triunfo del contrario se vivió el Primero de Enero de 1959, apenas días después comenzaron los fusilamientos sumarios, los juicios repetidos hasta conseguir la condena deseada, las depuraciones crueles; la conocida dinámica del crimen como forma de gobierno, la conversión no ya del contrario, sino del otro, en enemigo. Ese modo artero de sojuzgar que usaron los que parecían idóneos para el gobierno y que dura, sin ninguna duda, hasta nuestros días.
Nada de esto hay en las declaraciones que, desde La Iglesia Católica Cubana (no la "Iglesia Cubana") realizan algunos de sus intelectuales o clérigos. Si los autores del editorial El compromiso con la verdad[2] (Espacio Laical No 2 del 2012), elucubraron "un frente" contra la Iglesia Católica Cubana y su máxima autoridad eclesiástica en la isla, el Cardenal Jaime Ortega; no lo hizo Orlando Márquez Hidalgo, director de la Revista Palabra Nueva, en la ponencia presentada en LASA 2012 y titulada La Iglesia como puente de acercamiento. Ambas son publicaciones de la Iglesia Católica Cubana y ambas responden a la política actual de esa institución.
Tampoco pretendió Hidalgo que el puente que puede tender la Iglesia Católica Cubana  sea el único ni el mejor, que los que no quieran cruzarlo sean "incapaces de asumir un quehacer y un discurso bien fundamentado, sereno, propositivo e inclusivo"[3].
Dijo:
"…no basta la existencia del puente si las personas no están dispuestas a cruzarlo, o no sabemos construir y habilitar el puente. El significado necesita del significante, de lo contrario el puente puede ser tan solo una estructura-ficción,…[4]"

Algunas lozas faltan al puente desde el momento que personas como Yoani Sánchez o Dagoberto Valdez, entre otros, tan importantes en nuestra sociedad contemporánea, están ausentes por completo de cada uno de los números de sus revistas, de las invitaciones a sus actos académicos y litúrgicos, y de sus numerosas declaraciones oficiales, donde no faltan a menudo figuras relacionadas al estado enemigo.
Falta también el reconocimiento a esas mujeres extraordinarias que, vestidas de blanco y con flores en la mano, convergieron con la Iglesia Católica Cubana, no buscando la sombra de la institución sino aunando sus luces; el reconocimiento de Guillermo Fariñas, que con la fuerza que en las carreras de relevo potencia los rendimientos, mantuvo encendida la gran protesta que ultimó a  Orlando Zapata Tamayo. Ese reconocimiento falta y de ahí parten las reservas de contrarios que hoy pueden erigirse, reservas que no son, ni un muro para atropellar al vecino, ni un puente horadado para ver caer al que le cruza, como parecen haberse complacido en declarar los redactores de El compromiso con la verdad.
                                                                                      Boris González Arenas
                                                   





[1] Declaración del Concilio Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia Católica con las religiones no cristianas. Aprobada en San Pedro el 28 de octubre de 1965
[2] José Ramón Pérez, Roberto Veiga, Lenier González y Alexis Pestano
[3] "El compromiso con la verdad". José Ramón Pérez, Roberto Veiga, Lenier González y Alexis Pestano. Versión digital.
[4] "La Iglesia como puente de acercamiento" Orlando Márquez Hidalgo LASA 2012. Versión digital.

miércoles, 18 de abril de 2012

Los ingenios de Manuel Moreno Fraginals III


En su prólogo a Cuba. La forja de una nación, Rolando Rodríguez agradece a Fidel Castro, entre otras muchas cosas, por haberle facilitado la posibilidad de visitar los archivos de Washington. El prólogo está fechado en la Habana en el mes de octubre de 1997 y principia la edición financiada por CajaMadid. El primero de sus tomos está en mi poder hace años.
Cuando estudiábamos la carrera de historia en la Facultad de Educación a Distancia, alguno de los textos que debimos estudiar aseguraba que, en el conflicto interclasista, unos buscan anular el papel histórico de otros; del mismo modo los grupos ideológicos realizan depuraciones importantes permitiendo la supervivencia de fuentes, testimonios y elementos afines, mientras que condenan al ostracismo y la desaparición los testimonios hostiles. Quizás fuera en el libro de texto de la asignatura "Metodología de la investigación histórica" que se podía leer, junto a una cita de Lenin, que el marxismo o marxismo leninismo (que en una época fueron la misma cosa para nuestros países) reconoce la incidencia de la selectividad ideológica, eso en oposición a pretensiones  de imparcialidad que atribuía el texto a la ciencia histórica que llamaban burguesa.
Elevar una hipótesis al rango de indiscutible evidencia la subordinación del pensamiento a algún tipo de ortodoxia, se fuerza la libertad del intelectual para desvirtuarla en los terrenos de la conveniencia política de cualquier institución, colectivo o país. La gravedad de sus consecuencias no escapó a Manuel Moreno Fraginals ni a su investigación histórica. En "Hacia una filosofía, un lenguaje y un arte imperial" apuntaba, a propósito de la decadencia de la filosofía escolástica española y su subordinación al imperio colonialista español, que esta había pasado de ser una filosofía a ser una ideología[1]. En el mismo año (1989) afirmaba, a propósito de la historiografía cubana del momento: "El absurdo de querer limitar el marxismo a Marx: es decir, el absurdo de querer convertir los escritos de Marx, Engels y Lenin en libros sagrados que enseñan la verdad revelada y a partir de los cuales sólo es posible la exégesis, la interpretación"[2]
En 1989 nuestra historia intelectual más reciente, aquella en la que había tenido desarrollo la vida intelectual de Moreno, era el mejor ejemplo de  los efectos que acarreaba el sometimiento de la filosofía y las ciencias humanas a los intereses políticos. Moreno Fraginals tenía, por ello, una experiencia fértil para interpretar la información histórica en torno a la decadencia del imperio español[3].
No siempre había sido así, Oscar Zanetti asegura que la implantación de los moldes teóricos del llamado socialismo real son instrumentados en Cuba a partir del fracaso de la "Zafra de los Diez Millones" (1970) y trajeron consigo, en el plano teórico, que: "Tanto en la investigación como en la enseñanza, la investigación debía concentrarse en las "regularidades" históricas, aquellas pautas universales que señalaban el rumbo ineluctable de la humanidad y sustentaban un único modelo viable de construcción socialista"[4]. Era la consecuencia de que la sociedad cubana fue confinada (moldeada según Zanetti) en el retorcido sistemas de normas del llamado "socialismo real"[5].
Cuando Rolando Rodríguez agradece a Fidel Castro por las facilidades de que le proveyó para investigar en los Estados Unidos y España, no está sino confirmando la profunda selectividad de las instituciones políticas, muy distantes de la actividad intelectual. "Cuba. La forja de una nación", es un esfuerzo intelectual, pero también político. El autor siente la necesidad de definir la naturaleza de las actitudes de unos y otros, dentro y fuera del campo independentista. Aquellos que obstaculizaban el desarrollo conspirador de Martí y Maceo deben ser depurados con énfasis y se agradecen las fuentes que permiten encontrar los móviles de tal obstáculo.
A lo largo de todo el texto hay un concepto central: revolucionario. Más que "por su historial combativo, su capacidad organizadora, visión política y sacrificio total a su idea"[6], Maceo es grande por ser un "revolucionario legítimo[7]". Distante estaba de Manuel Moreno Fraginals esta avidez de desenhebrar la historia jerarquizando figuras, conceptos morales o hechos específicos. Tales consideraciones solo pueden ser sostenidas en sistemas teóricos de alto grado de selectividad, en los que es posible enajenar del elegido un mundo de trastadas, con muchos niveles de lectura, y todo ello sin temer ser puesto en evidencia por una comunidad intelectual más preocupada por sobrevivir, que por denunciar la farsa argüida. Este "sacrificar al intelectual" destruye el imaginario social respecto a su historia, su resultado es la poca información que la sociedad cubana tiene sobre las figuras históricas del país y la estupefacción en que quedan no pocos cubanos al enterarse de enemistades insalvables entre héroes indiscutibles o la hermandad entre hombres y mujeres a los que el cubano desinformado ubica en campos abiertamente contrarios.
No debe haber escapado a Fidel Castro, la máxima institución del castrismo, las posibilidades de la obra que Rolando Rodríguez desarrollaba. La exaltación de las figuras de Martí y Maceo y su constante apelación a la virtud revolucionaria parecen argumentar, de modo erudito, aquella pregunta constante en todos los exámenes de Historia de Cuba que debió contestar mi generación a lo largo de nuestra vida de estudiantes y que consistía en explicar por qué Fidel tenía razón al considerar que la revolución cubana era una desde el 1868 a 1959. Si en boca de Fidel tal pretensión no era otra cosa que una afirmación política -y en nuestros exámenes una muestra de lo que fue nuestra educación-, la obra de Rolando Rodríguez parece darle la verosimilitud intelectual que Fidel deseaba. 
En una entrevista realizada a propósito de haber obtenido el Premio Nacional de Ciencias Sociales en el año 2007, Rolando Rodríguez afirmó de Manuel Moreno Fraginals: "Si por fin comprobara que sus ayudantes no fueron los que le escribieron El ingenio, quizás lo respetaría un poco más, pero a un cambia casacas como ese no se le puede tener mucha admiración ni respeto".[8]

Son duras palabras para quien, sin dudas, no dedicó ninguno de sus libros a Fidel Castro ni consideró necesarias filiaciones institucionales que le permitieran viajar a cuenta de mecenazgo alguno. La decisión de un intelectual cubano de abandonar Cuba en la década del noventa, sin prebendas oficiales ni apoyo real, un intelectual de sobrado prestigio y mérito, para ir a vivir al extranjero, Miami en el caso de Moreno Fraginals, no puede sino ser interpretada como la realización de un derecho legítimo de autodeterminación, tomado además por un hombre ya en su vejez (Manuel Moreno Fraginals nació en 1920 y murió en el año 2001) y probablemente necesitado de superar, para él y su familia, las condiciones de miseria en que sumió el castrismo al archipiélago cubano; solo por el dolor producido se puede entender que Oscar Zanetti (la filiación de Rolando Rodríguez no da para aspirar a otra declaración) no haya querido, o no haya podido, aceptar la decisión de Fraginals.

Si llegado el país mejor nuestros estudiosos no quieren entender que un hombre es libre, que Moreno Fraginals no puede juzgarse a la ligera y que el compromiso con su familia, y la inmoralidad con que encharcó el castrismo a la Revolución Cubana, obligaron y obligan a replantear a la Patria, replanteando también sus enemigos y los destinos de sus hijos empobrecidos, entonces será ocasión para decir que no vamos por buen camino.

Desde muy temprano debió ser consciente Moreno Fraginals de las desviaciones que, del inspirador ideal revolucionario, había sufrido la institucionalidad cubana y el que resultó su máximo beneficiario: Fidel Castro. En su libro "Cuba/España, España/Cuba" señala con amargura la destrucción de lo que llama la cuenca lechera de Bayamo que había conseguido, a partir del ganado español, un ganado criollo  insuperable. Señala además como injustificada la nacionalización de las sociedades españolas, que prestaron un gran apoyo a la sociedad cubana, favorecieron los vínculos entre los descendientes de españoles e inspiraron al resto de la sociedad modelos de fraternidad de los que hoy carecemos.

Rolando Rodríguez se puede preciar de ser un intelectual revolucionario en la medida que pertenece al grupo de cubanos que aceptaron convertir la revolución en un movimiento político regido, más que dirigido, por Fidel Castro; donde la supeditación a la voluntad del líder y el apoyo a sus zigzagueos políticos, así como el adormecimiento de la conciencia crítica, ha garantizado, por medio siglo ya, posiciones de privilegio y reconocimiento, cuando menos degradantes, que ha distribuido el mismo líder a los que le sirven de alfombra y luminaria. Esa cómoda militancia explica que en una misma persona puede habitar, conscientemente, el apoyo a la estrangulación económica de la pequeña propiedad industrial y de servicios que tuvo lugar en 1968, las confiscaciones de locales, herramientas, junto al secuestro de una vida de trabajo y las consecuencias sociales que ello implicó; a la vez que el entusiasmo al acudir, incluso con algún capital, a la despenalización del libre desempeño de modestos oficios que el castrismo, sin asomo de vergüenza, acude presuroso a implementar cuando el reinado del espanto se hace más difícil de sostener.

Esta dinámica de progresivo envilecimiento produjo dos actitudes radicalmente diferentes en nuestra historia más reciente: la sublimación del orden que la motiva, en el caso cubano, más que la revolución el castrismo y, en el extremo opuesto, el repudio de ese mismo orden. Rolando Rodríguez y Manuel Moreno Fraginals son ejemplos de estas dos actitudes extremas, pero las implicaciones morales de una y otra son radicalmente diferentes.

Largo será nuestro retorno a un discurso nacional auténtico, sin silenciamientos ni omisiones. En ese algo extraordinario Manuel Moreno Fraginals camina entre negros y negras  esclavos y libres, entre hombres y mujeres que un día dejaron de explotar el trabajo de semejantes y se alzaron a construir una nación de todos, quizás alumbrados por alguna estrella de azúcar. En ese algo extraordinario también está nuestro sitio, desde el que podremos sentir las consecuencias de todo aquello que no queremos hacer hoy en nuestra patria destruida y secuestrada.

Boris González Arenas


[1] "…: se producía un tránsito mediante el cual una filosofía pasaba a ser una ideología." Moreno Fraginals, Manuel "Hacia una filosofía, un lenguaje y un arte imperial" En: Orbita de Manuel Moreno Fraginals Editorial Unión 2009 p. 365
[2] Riccio, Alejandra: "El ingenio de Moreno" Revolución y Cultura No 9 Septiembre 1989 p. 10
[3] De hecho el mismo Moreno Fraginals era consciente de la fuerza que tiene el presente de un autor en la forma como interpreta el hecho histórico. Refuta en "La historia como arma" el afán de descalificar al presente del autor como fuente de conocimiento y experiencias para la interpretación de la información histórica; lo descalifica, no como mentira absoluta, sino como "gran mentira parcial". Este "parcial" denota la capacidad del autor a la hora de entender la plasticidad de toda afirmación.
[4] Zanetti Lecuona, Oscar: "Isla en la historia: La historiografía de Cuba en el siglo XX" Ediciones Unión 2005 p. 52
[5] "Con el fracaso de la "Zafra de los Diez Millones" -1970-, en Cuba los arrestos experimentales cedieron su lugar a una sociedad moldeada cada vez más según las normas, en apariencia exitosas, del llamado "socialismo real" Isla en la Historia p. 52
Una periodización de la historia intelectual de 1959 a nuestros días es difícil. Si bien parece que el año setenta marca un antes y un después, no debe olvidarse que ese "antes y después" lo es para la generación de aquellos que eran muy jóvenes y de escaso protagonismo en 1959. Pero desde 1959 a la intelectualidad establecida se le hizo evidente los caminos arteros con que Fidel Castro comenzaba a empedrar la revolución en sus búsquedas democráticas. Jorge Mañach, Herminio Portell Vilá y Gastón Baquero fueron algunos de esos intelectuales que habrían sido imprescindibles para las nuevas generaciones que, privada de ellos, carecían de la necesaria postura crítica ejercida desde el prestigio de intelectuales sólidos y comprometidos. Ya en la Biblioteca Nacional en el año 61 se habían cerrado las primeras puertas al debate intelectual y no debe olvidarse que la revista "Pensamiento Crítico" (1967-1971), a la que no pocos citan como un adalid de la historia intelectual cubana, estaba centrada en el pensamiento marxista y el por entonces llamado revolucionario sin que existiera su contraparte crítica, lo que destaca la preeminencia temática del marxismo, impensable en la comunidad intelectual cubana de 1959, ni siquiera en la progresista o revolucionaria.
[6] Moreno Fraginals, Manuel: "Cuba/España, España/Cuba" España Editorial Crítica Grijalbo Mondadori 1995 p. 246
[7] Rodríguez, Rolando: "Cuba La forja de una nación" CajaMadrid España 1999 Tomo I Pág. 446 "No comprendían que en él operaba, como en cualquier revolucionaria legítimo, el deseo de conseguir el fin de la esclavitud por la lacra social que ésta representaba"
[8] Prieto Alfredo "Un historiador sin archivos es un repetidor o refritador de otros (Conversación con Rolando Rodríguez)" La letra del escriba No 66 Enero-Febrero 2008 p. 6

jueves, 5 de abril de 2012

Fuera de juego


Recuerdo poco del poema "Fuera de juego" de Heberto Padilla. En nuestra historia del arte habrá un capítulo que se titulará así. El poema testifica que a una persona, un hombre, le pidieron todo: la lengua, los brazos, las manos, las piernas, los ojos para, al final, decirle que eche a andar, que esa es la prueba decisiva de su entrega.

Ayer me dijo Harold Pérez Lamorú, pintor, director de arte, amigo, profesor del ISA, que, finalmente, fue despojado de su casa. Hace cinco años que su madre, Bertha Luisa Lamorú Hernández, y él, luchan para evitar la sombra del desalojo que se cernía sobre ellos. Pues bien, el pasado lunes 2 de abril de 2012 la policía rompió la puerta de la casa de Harold y sacaron a su madre a la calle con todas sus cosas. Al día siguiente ya había un nuevo inquilino, otro pobre diablo comprado con despojos. La dirección de la casa es: Carretera a Varadero Km. 2 1/2 Finca Jagüey No 1358 Cárdenas-Matanzas

¿Cuánto más hay que perder para que este pueblo diga basta?

La historia de cada familia cubana en el presente recuerda los personajes de W. Shakespeare. El dramaturgo inglés fue maestro en representar seres que ven próxima su ruina pero el destino les incapacita para evitarla.
Por al dolor que mi amigo me ha insuflado puedo visualizar, en este momento, a Macbeth diciendo: "quítales todo, el orgullo, la familia, la decencia, el honor, los bienes, quítales las ropas, los zapatos, el alimento. Su pasado con sus recuerdos, el futuro. Mientras más hondo sea el despojo, lejos de arrancarte la cabeza van a implorar que les dejes lo que tienen, y cuando así lo hagas, te darán las gracias como a un benefactor".

No pude decirle mucho a Harold porque sentí que cada palabra de consuelo que decía me salía falsa. Cuando alguien sufre profundamente hay poco que decir.

A mis oídos llegan las noticias de viejos políticos que están siendo arrestados, dirigentes (como les decimos en Cuba) de primera plana a la sombra de celdas mudas. Todo eso se cuchichea pues sus esposas no dan testimonio, sus hijos en el extranjero (como tantos hijos de políticos) no dan declaraciones, sus amigos evitan que les identifiquen.

Muchas familias no tienen que comer y adelgazan visiblemente, pero tampoco lo declaran por vergüenza. Se ceba la flaccidez en los ancianos y la ausencia de nutrientes compromete la salud de los niños. Los militares engordan y parecen nacidos con teléfonos celulares en el oído. El dengue, los quirófanos contaminados, los medicamentos en falta, los médicos emergentes, todo ello llega a nuestros oídos a modo de rumor y la reacción es replicarlo como llegó: en silencio.

Mi amigo Harold Pérez Lamorú abrió hace cerca de un año un espacio en Facebook para documentar el proceso del robo de su casa. Allí pueden encontrar los documentos emitidos por abogados cómplices. Uno de ellos no tiene cuño ni firma. El sitio se llama Necesario.
Rompiendo el silencio hacemos algo más que ayudar al otro, nos ayudamos a nosotros mismos.

Boris González Arenas

martes, 27 de marzo de 2012

Los retos de la amistad



                                     
                               




   a José Orlando T. S. Tajonera, por su vidable amistad
                                                 Amicus Plato, sed magis amica veritas[1]

Desde hace cuatro décadas el proyecto Criterios, una de las empresas culturales más admirables de la historia de nuestro país, lleva adelante la puesta en circulación de una revista especializada en temas diversos, todos relacionados con el estudio de "…la teoría de la literatura, las artes, y la cultura".[2]
Pero ni un proyecto ni una intención son extraordinarios si no son llevados adelante por hombres y mujeres especiales. El resultado del evento Criterios es extraordinario. Dentro de todos los que puedan haber colaborado o trabajado para el proyecto, Desiderio Navarro es, para todos los que le conocemos, su artífice. Aunque le conozco poco, siempre ha estado dispuesto a conversar conmigo de todos los temas en los cuales es un maestro. Desiderio Navarro puede despertar muchos recelos y dudas, pero su obra magnífica está ahí para inspirar, aún en último término, respeto y agradecimiento.
Cuando el pasado 28 de febrero de 2012 fui a la presentación del número 37 de la revista con la intención de intervenir desde el público, no era una persona desentendida ni desagradecida del gran proyecto de Criterios. No lo era entonces y, por supuesto, no lo soy ahora.
Lo que escribiré a continuación comparte mi admiración por Criterios, pero también mi compromiso con nuestro país y con tantos amigos que, desde la oposición a los desmanes de un castrismo degradante, buscamos concienciar, en todos los campos --y el intelectual es fundamental-, al colectivo ciudadano al que pertenecemos, el único actor que debe construir el presente. Criterios y mi país, dos amistades con las que quisiera contar siempre.
La actividad estaba citada para las tres de la tarde y ya Desiderio había anunciado la presencia de un panel que, como presentación del número y en la celebración del cuarenta aniversario de Criterios, discutiría sobre la esfera pública en Cuba.[3]La razón era que en el primer artículo de la revista, cuyo autor es Bernhard Peters,[4]se discute la pertinencia de lo que él llama "esfera pública". Partiendo de la lectura de este artículo, un panel notable haría una evaluación del modo como nuestra esfera pública se ajusta, o no, a la evaluación de Peters.
Estaban en el panel: Yasmín Portales, Jorge Luis Acanda, Arturo Arango, Rafael Hernández, Mario Castillo, Leonardo Padura y Roberto Veiga.
El primer problema fue a la llegada. A las tres de la tarde había en los bajos del ICAIC una cola numerosa. Los custodios hacían pasar de diez en diez a los asistentes, con el argumento de que así se organizaba la subida por el elevador. La realidad era que camino al elevador había varios sujetos –para mí desconocidos y yo desconocido para ellos (por suerte)- que se encargaban, de algún modo, de impedir la entrada a aquellos que, por alguna razón, consideraban incómodos para "la institución". El conocido procedimiento de no dejar entrar a los actos públicos a los miembros de la oposición, los únicos tradicionalmente ubicados como indeseables. De conciertos, actividades intelectuales, proyecciones cinematográficas, actividades políticas, los que en Cuba disentimos somos sistemáticamente apartados. Nosotros los opositores –un amigo juicioso se niega a declararse tal por la certeza de que no milita en una oposición, sino en la Posición- decimos Fidel Castro donde otros prefieren divagar; individualizamos la responsabilidad donde otros prefieren generalizarla; vamos en busca de la reunión de todos los cubanos sin condiciones donde otros prefieren leyes para flexibilizar; apostamos por la alegría donde otros se conforman con paliativos de la tristeza. Orlando Luis Pardo Lazo estaba en la cola, pero ya dos personas –según me enteré después- habían sido privadas de la entrada. Acababa de ponerme en la cola cuando escuché a Orlando Luis decir que el acto no era público, que no se confundieran los que allí asistían. Evidentemente lo acababan de sacar. La maniobra era hábil. Abajo, los impresentables, los agentes de la inseguridad del estrado, depuran la asistencia. Arriba, los intelectuales, de un modo limpio y sin agentes patógenos, pueden diseñar el discurso de nación que luego será consumido por una población ávida, pero sin encontrar en él el "algo" que quisieran haber escuchado y que no se pronunció. Ese algo, una vez más, debía quedar en las vísceras de los que no entraron.
Si todo el tiempo dudé acerca de mi intervención, cada nuevo evento la confirmaba. Llegado el momento entré –había dudado de lograrlo- y mi paso hacia el elevador no fue cortado por persona alguna. Arriba no alcancé asiento, todo el amplio salón estaba lleno. En el piso se sentó un grupo grande de personas. El total de las intervenciones duró más de dos horas, todo un reto para la atención. Pocas veces se puede escuchar, en Cuba, personas inteligentes pronunciándose sobre algún tema particular. Algunas de las reservas escuchadas sobre lo que allí se pronunció, no me han parecido justas y pienso que es equivocado desestimar de un plumazo la intervención de alguien porque no se pronuncia como yo quisiera. Más cuando ese alguien es veinte o treinta años mayor que yo y ha debido navegar en aguas esquizoides desde que tiene conciencia.
Estoy convencido de que el terror, el pavor, el miedo inmovilizante, legitiman las reglas de lo que lo provoca. El castrismo ha sido, por medio siglo, la principal fuente de miedo de este país. Todos hemos aprendido a temer por la apariencia de legitimidad que las movilizaciones millonarias insuflan; por el estudio cuidadoso de un discurso mediocre, pero imprescindible para sobrevivir, articulado desde el estrado por el comandante y traducido a un sentido común, que no lo es tanto, por similar número de aterrados; hemos temido por las cárceles; por el escarnio; por la soledad y, en última instancia, por el recurso infalible del Paredón, esa muerte definitiva a diferencia de todas las otras. Por otro lado la tragedia compartida establece las reglas de una solidaridad cómplice y el cubano ha sabido irse bandeando.
Pero todo ese edificio debe ser cuidado y en él el opositor no debe encontrar espacio. Eso pasó en la presentación de la revista Criterios. Al menos eso creo. De los panelistas solo uno, Mario Castillo –el más joven junto a Yasmín Portales-, condenó la represión habida en la entrada contra activistas del Comité Cubano por la Integración Racial. Los demás no consideraron, o por lo menos no lo expresaron, que fuera un atentado contra la libertad el privar a cubanos como ellos de entrar en un evento público.
Después de muchas horas, con las personas cansadas y deseosas de comprar la revista, tocó el turno al público. Fui el primero en levantar la mano y conmigo lo hicieron otros. Como estaba sentado en el frente, no podía adivinar la disposición del auditorio para escuchar a alguien más. Básicamente mi intervención sería sobre cuatro puntos, todos centrados en parte de lo que habían dicho los panelistas por este orden: Rafael Hernández, Jorge Luis Acanda, Roberto Veiga y Mario Castillo. Haré un breve recuento pues la memoria traiciona. Rafael Hernández había enumerado una serie de deseos de los cubanos. Creo recordar que eran nueve. El cubano quiere una salud pública de máxima calidad, no pagar impuestos, una libreta de abastecimientos cargada de productos y otros enunciados cuya carga material me pareció imprecisa. Jorge Luis Acanda hizo una breve relación de la esfera pública con elementos filosóficos precedentes, sobre todo el marxismo, y el modo como podían intervenir en la discusión de la esfera pública cubana. Roberto Veiga usó en su intervención el término "ciberchancleteo" que ha sido usado contra la comunidad blogger que denuncia los desmanes cotidianos. Mario Castillo hizo un análisis crítico del artículo de Peters y, como ya dije, fue el único de los panelistas que señaló la censura a algunos de los asistentes.
Para los que estábamos en el público había un micrófono dispuesto en el salón. Primero debí presentarme y después comencé mi intervención. Expresé que con la enumeración de Rafael Hernández yo no me identificaba. Los deseos del cubano, que él enunció, no son mis deseos. Afirmé que no necesariamente quiero verme en el Hospital Cimeq –la institución hospitalaria a que se había referido Rafael Hernández y que sirve, junto a otros edificios, para dar servicios de salud de excelencia a la clase política cubana en contraste con el gran deterioro de las instalaciones de salud del país-, sino que puedo conformarme con ver a Raúl Castro en la misma consulta de cualquier anciano o a su nieto en un hospital pediátrico como el de Centro Habana, donde no hace mucho debí ingresar a mi hijo. El ofensivo contraste entre nuestras condiciones de vida y las de la laya política cubana era el centro de esta observación. Decir Fidel Castro o Raúl Castro, en medio de una crítica al gobierno es "pasarse de la raya", convertirse automáticamente en alguien que debe ser ignorado, a quien es mejor no haber oído y ese era mi deseo ese día, que se oyera. Considero que ya Rafael Hernández, al señalar el hospital donde los beneficiados del poder se atienden, denunciaba a la usanza de los años ochenta, donde bordeando la frontalidad se hacían todas las acusaciones. Pero no son tiempos de bordear la frontalidad, si es que alguna vez lo fueron. El cambio joven[5] y radical es imprescindible si no queremos tener que ir al fondo del mar a sacar, como a una nueva Atlántida, el cuerpo de Cuba.
Sobre la intervención de Acanda me limité a declarar mi distanciamiento de una interpretación que establece la dependencia de los paradigmas éticos de los ordenamientos socio-económicos. Específicamente el marxismo, al que se había referido Acanda, cuya lógica de que el hombre primero tiene que comer para luego poder pensar establece una jerarquización que me parece ajena a nuestra condición humana. Sin pretender, por supuesto, que el marxismo sea un islote disociado del pensamiento filosófico o una preocupación fútil dentro de los estudios humanos.
Roberto Veiga introdujo un tema de particular importancia. Al usar la palabra "ciberchancleteo" ponía de relieve otra actitud muy cotidiana: la desestimación fácil de los que militamos en la oposición. El mote ha sido usado para devaluar la práctica de Yoani Sánchez, Claudia Cadelo, Lía Villares y más blogueros cubanos. Hice especial énfasis en esto, y en que cuando los medios oficiales cubanos, tan adictos a lo mediocre e inmoral, hacen gala de ello, no se ve la misma reacción crítica en nuestra sociedad intelectual. Usé como ejemplo el artículo "¿Para quién la muerte es útil?"[6], mandado a escribir a Enrique Ubieta por el estado cubano para dar la noticia de la muerte de Orlando Zapata Tamayo. No se puede decir que Ubieta sentó un precedente, porque lo que hizo lo ha estado haciendo Fidel Castro Ruz por más de cincuenta años. Denigrar seres humanos que no tienen ni los medios ni, como en este caso, la vida para responder. Pero fue un artículo vergonzoso, que en una ciudadanía sana habría ocasionado una respuesta inmediata, a la altura de la que dio el mundo. En su réplica, Veiga afirmó que el uso de la denominación "ciberchancleteo" se refería a todo lo mediocre que se mueve en Internet, sin distinguir militancias humanas. Aunque está claro cuál fue el origen de este apelativo, la afirmación de Veiga fue positiva. Al no desestimar que Enrique Ubieta pueda participar de la mediocridad, lo consideré incluido por Veiga. Al no declarar quiénes de los que escribimos desde la oposición podemos ser señalados al modo de Ubieta, podemos no sentirnos aludidos.
Por último alabé la conducta de Mario Castillo al denunciar las censuras habidas en la entrada de la actividad y eché de menos que no hubiera sido secundada por los demás panelistas. Sugerí que ningún evento intelectual debe desarrollarse sin la condena explícita de los actos de represión que buscan filtrar los asistentes.
Los panelistas escucharon mi intervención con respeto y si las respuestas de ellos fueron con mayor o menor molestia, ninguna la consideré infamante. Rafael Hernández respondió a lo que dije asegurando que los deseos del cubano enumerados por él no corresponden a un sujeto de cierta inmoralidad –como lo había calificado yo- sino que el cubano, por alguna razón que no comprendí, se considera con especial derecho a lo mejor. No estoy de acuerdo con él y no dejo de ver, aun en esta respuesta, una velada referencia al argumento oficialista de que el cubano de hoy, por los derechos dados por la revolución y el socialismo, tiene unas expectativas de vida extraordinarias. Si en la década del cincuenta nuestras expectativas no hubieran sido elevadas, la gran Revolución Cubana, la revolución ciudadana que secuestraron astutamente Fidel Castro y sus secuaces, sin dudas no se hubiera producido. Las redes de abastecimiento de las montañas, que desde las más distantes bodegas de la ciudad llevaban alimentos, por las vías más disímiles, a los rebeldes; las fuentes de financiamiento que permitieron la compra de información, armas, medicinas y demás necesidades; y el apoyo de los mejores gobiernos extranjeros que, con una admiración añorada hoy, favorecieron el asentamiento y la organización de exiliados revolucionarios, nada de eso se habría producido. Tampoco se habría producido la entrega extraordinaria de millones de seres humanos que, una vez triunfada la Revolución y creyendo ver en Fidel su garantía, entregaron cuanto tenían después de una vida de trabajo en pos de expectativas enormes. La memoria de tales eventos y la constatación de la insania moral de sus beneficiarios, demudan la vergüenza y confirman la situación cubana como una de las tragedias más grandes de la historia contemporánea.
La respuesta de Desiderio Navarro afirmando que la institución se permite el derecho de admisión, sabiendo que su uso no es contra quienes vienen drogados, indebidamente vestidos o ebrios, sino contra los que militamos en la denuncia del régimen cubano, no puede satisfacer.  Aun viniendo de la autoridad que le cabe, la verdad es que en la práctica verificable los que han sido expulsados de la institución son los miembros de la oposición visible cubana. Le pediría yo, para evitar próximas envestidas a nuestro legítimo derecho, la realización de las presentaciones en los numerosos espacios verdaderamente públicos de la isla. Como quiera que decida él hacer, el proyecto cultural Criterios ha sido y es prueba de su claridad, capacidad creativa y energía sin límites por más de cuarenta años y felicitarlo después de tantas pruebas de constancia, es el menor de los homenajes posibles.

                                                                              Boris González Arenas                                           La Habana, 13 de marzo de 2012

Artículo realizado para la revista Voces (No 14) presentada en casa de Yoani Sánchez el pasado viernes 23 de marzo de 2012.
                                                          


[1] Atribuida a Aristóteles, la famosa frase significa: Soy amigo de Platón, pero más amigo soy de la verdad. Ha sido muy usada para significar que no basta con que una opinión sea usada por una autoridad para que sea aceptada.
[2] Así versa en la nota que aparece escrita en el borde superior izquierdo de la portada de cada número
[3] Decía una de sus convocatorias: "Desde el pasado domingo se encuentran en el Aeropuerto de La Habana, ocasionando ya pago de sobrestadía, los ejemplares del número 37 de la revista Criterios, uno de los más logrados de su trayectoria - -nuevamente por la presencia de algunas de las más grandes figuras y grandes temas del pensamiento mundial actual. 
Aun si Ediciones Unión mantuviera su negativa a firmar esta vez la solicitud de extracción aduanal establecida "por lo que puede haber dentro de esa revista", y aunque se repitieran, como en días recientes, los actos de vandalismo furtivo en la sede del Centro, allí celebraremos, el próximo 28 de febrero, el 40 aniversario del comienzo, en un lejano febrero,  de la lucha de Criterios por la circulación local de lo mejor del pensamiento cultural mundial  y contra el autobloqueo y el monologismo antiintelectual. 
A todos aquellos que sientan que con estas cuatro décadas de publicaciones y actividades  Criterios los ayudó en algo en su formación o información o trabajo, y que desearan que lo siguiera haciendo a pesar de todos los obstáculos, los invitamos a expresarlo esta única vez con su asistencia".
[4] Peters, Bernhard: El sentido de la esfera pública Revista Criterios No 37 2011, pp 5-54.
[5] O sea, todo lo que sea menor de ochenta años.
[6] 27 de febrero de 2010

jueves, 15 de marzo de 2012

Los ingenios de Manuel Moreno Fraginals II

II
En la colección de escritos reunidos en la Órbita de Manuel Moreno Fraginals se encuentra el que Fraginals dedicara a Anselmo Suárez y Romero. En la escritura de Suárez y Romero Fraginals descubre una de las presencias más inquietantes en todo proyecto humano: La culpa compartida, el útero seco de una especie no honorable que por su propia deshonra no amerita la fecundación de estado alguno. Cita Fraginals a Anselmo Suárez y Romero "¡Y nosotros aspiramos a la libertad! ¿Cómo puede ser esto? Con los vestidos salpicados de sangre pretendemos subir a las alturas"3.

Por muchas razones Cuba ha conocido el apego a métodos de exclusión y escarnio que diversos grupos de poder han exteriorizado. Parecería nuestra patria, desde algunos siglos atrás a la fecha, una sucesión indecorosa de tales escenarios. Una fabulosa legión de ideólogos ha estado dispuesta a empantanar su alma justificando la degradación y el desmejoramiento de aquellos que humillan. En Negrofobia, Moreno Fraginals precisa el ambiente desde el que se arguyó la defensa de la violencia y el desprecio al negro. Centrado en José Antonio Saco, Fraginals describe cómo los grupos cubanos beneficiados optaron por el sacrificio de la nación, de toda nuestra riqueza natural y, con el sacrificio del negro, se inclinó también por el desmonte brutal de la sociedad cubana constituida. El desprecio del negro se convirtió en el eje del desarrollo de un nuevo tipo de sociedad y mientras mayor fue su éxito, más acabada se tornó la retórica racista. Mientras más se benefician los grupos dominantes de aquello que discriminan, más criminales son sus modos de controlarlo.

Es cuando Moreno Fraginals se refiere al esclavo y la sociedad que lo anida, que sentimos con más dolor el peso de su erudición. Nadie que habita una sociedad esclavizada está libre de semejante estigma, y son solo elegidos como Suárez y Romero los que pueden sentirlo, cualquiera que sea su condición en tal sociedad. ¿Cómo concebir entonces, después de Manuel Moreno Fraginals, una descripción de la historia en la que los libertadores merecen todos los elogios y sus contrarios la censura? Libertadores y enemigos habían leído por igual el Diario del Gobierno de la Habana que, el siete de junio de 1818 decía:

"Una negra de nación carabalí, con un hijo de dos años, sana y sin tachas, en 370 libras, y sin el hijo en 350."4

O este otro ejemplar que anunciaba el 20 de diciembre de 1827:

"Una mulata de 24 años, escelente lavandera, planchadora, cocinera y más que regular enrizadora; entiende algo de costura y sabe perfectamente asistir enfermos, con dos hijas, una de cuatro años y medio y otra de cuatro meses, se venden juntas o separadas por su
ajuste;…"5

Por un acto de denotación semejante Lezama Lima había notado, en un artículo sobre la muerte del Lugarteniente General Antonio Maceo, a propósito de una frase de Pascal, la duda sobre los sobrevivientes:

"Si para hacer relatos es necesario ser destruido por la propia batalla que se narra, es que hay una forma superior de testificar"6.

Los hombres y mujeres que plantearan nuestra independencia debían hacerlo desde la muerte, único modo de librarse del estigma que acarreaba haber cohabitado con la sociedad esclavista que en nuestro siglo XIX deshonró a cada uno de los cubanos. Nos han narrado –parece decir Moreno Fraginals- un cuento idílico donde la división en malos y buenos está ajustada al imaginario de una república llena de necesidades, carente de sus mejores hijos y poblada por muchos de los sujetos que, al no saber morir en el campo de batalla, corrieron presurosos a obtener los beneficios de su veteranía7.

En nuestro pomposo advenimiento democrático había más de una zancadilla y la República nació de la mano de sobrevivientes, pero a nuestro discurso libertario no le faltaban narradores idóneos. Miles de cubanos y cubanas habían muerto y sus argumentos fueron la testificación superior sobre la que especulaba Lezama Lima y la redención necesaria de un pasado, entonces reciente, cuya riqueza era disfrutada sobre los cuerpos de quienes la producían. Hay algo extraño en la traición, en dilatar las decisiones que pueden salvar vidas, en la sucesión de tiempos posterior al acto de cobardía; el resultado de ese proceso puede ser la puesta en práctica de una conducta que parezca validar la torcedura. El traidor podrá reconocerse mucho mejor si hace de la traición su cotidiano, igualmente el cobarde y el que dilapida el tiempo precioso para tomar decisiones cruciales. Toda vez que en Cuba un gobernante ha buscado perpetuar el uso del poder, se ha puesto en funcionamiento un pobre mecanismo de perfidia y escarnio que les permita naturalizar el crimen, la usurpación de la libertad y la consagración del miedo. No es mucha la diferencia entre las estrategias mentales de que se valió Fidel Castro a lo largo de estos años para convertir el país en su feudo, de las argucias de que se pudo haber valido Gerardo Machado para buscar primero su reelección y posteriormente su permanencia en el poder, ni Valeriano Weyler para concentrar a los cubanos en unos pocos pueblos y ciudades, haciendo blanco de la muerte no solo a la población cubana sino también al soldado español encargado de custodiarlo.

Tampoco debió haber sido muy diferente para la sacarocracia cubana asumir como natural, a fines del siglo XVIII y frente a la promesa de riquezas sin límite, la desarticulación de una sociedad donde el negro libre y el mestizo hacían causa común en su conjunto. Fraginals le llama "sociedad negro-mulata" en uno de los ensayos centrales de la colección8. Tal actualización económica, en una sociedad signada por la opresión y la falta de derechos, podía llevar más temprano que tarde, y lo hizo, a hechos de criminalidad insospechada. Se dificultó la coartación, proceso por el cual se permitía a los esclavos comprar su libertad. Se disolvieron los batallones de pardos y morenos (señala Fraginals que esto se realiza exactamente cuando peleaban en el continente americano en apoyo del imperio español). Se limitó el desarrollo de los oficios a los negros hasta lograr, años más tarde, que muchos de ellos fueran desempeñados únicamente por blancos. Por último, se liquidó (1844) físicamente a "la pequeña burguesía negro-mulata bajo el pretexto de una sublevación general de los negros". En una sociedad donde no se respeta la
soberanía individual, los ajustes estructurales se harán aún a costa de las mayores hecatombes humanas.

Boris González Arenas

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3 Moreno Fraginals, Manuel "Órbita" Anselmo Suárez y Romero (1818-1878) Ediciones Unión 2009
p. 38
4 Moreno Fraginals, Manuel "El ingenio" Editorial Ciencias Sociales1978 Tomo II p.44 (Nota al pie No 63)
5 Idem
6 Lezama Lima, José "Revelaciones de mi fiel Habana" Ediciones Unión2010 p. 104
7 La "Guerrita de 1905" y la represión criminal contra el "Partidode los Independientes de Color" fueron dos de los eventos más denigrantes acontecidos en la independencia joven y en ambos bandos militaban importantes grupos de veteranos. Son incidentes silenciados por nuestra historiografía, entre otras causas porque emborronan el discurso exagerado que sobre los mambises ha necesitado trazarse nuestra república.
8 Moreno Fraginals, Manuel: "Peculiaridades de la esclavitud en Cuba" Ediciones Unión Orbita 2009 p. 163 (Trabajo presentado originalmente en la XVII Conferencia Anual de Historiadores del Caribe, 8-12 de abril de 1985)

miércoles, 7 de marzo de 2012

Un lugar donde vivir… sin miedo

Es un edificio de sesenta años. Construido en cualquier parte de la ciudad a finales de la década del cuarenta. Los apartamentos del frente tienen un pequeño balcón con vista a la calle, en la primera planta están ubicados a ambos lados de la puerta del edificio y en los pisos siguientes a ambos lados del pasillo. Los apartamentos interiores tienen balcones al costado del edificio. Tiene tres plantas y aún siendo de proporciones modestas, está bien ubicado y construido.
Justo al lado derecho de la puerta de entrada vive una anciana sola. Trabajó muchos años de maestra de primaria y ahora lleva más de diez años jubilada. Su hijo vive en Estados Unidos, gracias a ello puede mantener, la anciana, un nivel de vida muy superior al que le corresponde. Como tantos, creyó firmemente que en Cuba se construía una sociedad más justa y que dando a diario clases a niños por un salario modesto, aportaba lo necesario a ese país mejor. Era la época en que una economía incompetente era sostenida por colosales financiamientos soviéticos. Pero la época terminó y ella pudo ver lo fácil que se trocaba una educación viabilizada para crear un hombre nuevo, en otra, productora de servicios tradicionales y desesperados.
Su alumna favorita, hija de un matrimonio de un cubano y una soviética, jefa de colectivo a los once años (En 1987), era puta a los dieciséis (En 1992). Gerardo, el jabado de las pecas en la cara, cuya madre trabajaba en Cubana de aviación, de donde traía los dulcecitos para las fiestas que organizaba "la maestra de su hijo", y con un padre desconocido para todos pues llevaba más de cinco años de misión militar en Mozambique; que declamaba los poemas del Indio Naborí a los nueve años (En 1985), quedó sepultado para siempre en las aguas del Golfo de México, después de haber sido visto en una balsa junto a otros amigos y su novia (En 1994). Esa anciana puede, gracias a su hijo, tomar hoy un helado o ir a un hospital en taxi, nivel de vida que es un sueño para sus ex compañeras de trabajo.
Justo en el apartamento de al lado, vive un señor con su esposa ambos negros y mayores de sesenta años. Ellos no tienen hijos en el extranjero ni en ninguna parte. Sencillamente no tienen hijos. Él trabaja aún en el Circulo Social donde ha trabajado toda su vida. Un antiguo club de la clase media cubana que lleva cerrado veinte años (Desde 1987), después de servir otros veinte (Desde 1964) a cualquier ministerio que lo dejó destruirse, no era el ministerio del ejército ni el del interior. 
Hace cuatro años (En el 2008) en su apartamento comenzó a brotar un manantial de agua albañal. Después de varios días de gestiones infructuosas el hombre se decidió y abrió un pequeño orificio en la pared de su cocina. El agua comenzó a fluir hacia el pasillo del edificio, corriendo por un costado hasta salir por la puerta de entrada y de ahí rueda calle abajo hasta desaparecer en alguna alcantarilla que aún no está tupida.
El agua es sumamente apestosa y los vecinos del edificio no perdonan la fetidez que provoca tal solución. Poco a poco le han ido retirando el habla hasta dejarlos completamente solos. Un bombillo que tenían sobre la puerta lo rompieron una noche (En el 2009) y el edificio tuvo que despertar con los gritos desesperados del "negro del dos" que dejó brotar en palabras su ira contenida. Después le arrancaron el número dos que tenía la puerta, pero eso no provocó mayor disgusto porque a la maestra jubilada le arrancaron el número uno. También arrancaron un sello de bronce que identificaba, a la izquierda de la puerta del edificio, al arquitecto del inmueble (En el 2010).
La maestra jubilada sigue recibiendo visitas y su vida social se mantiene activa (En el 2012). Estos obreros despreciados, que no pueden con su salario reparar un salidero (En el 2012), y que no pueden apelar a sus ahorros después de una vida de trabajo (Desde 1967) porque no tienen, viven en la más absoluta soledad y al amparo del silencio.
En Cuba la protesta se ha convertido en delito, nada anima a la esperanza y la prudencia, por recurrida, se ha identificado con el miedo.
¿Pero a qué se teme?
La ex maestra teme quedarse sola y morir una mañana sin que su hijo al otro lado del mar, siquiera lo sospeche. Su hijo teme perder, con su madre, lo único que le queda en Cuba, lo que es importante para él,
que no se entiende como americano. Los inquilinos del dos temen que la peste se enraíce en su cuerpo, en sus alimentos; instintivamente llevan la nariz a sus ropas para comprobar que no apestan. El resto de los vecinos temen que el agua albañal socave los cimientos del edificio.
El gobierno teme a la venganza, los amigos y los amantes a ver a sus allegados en el presidio, las madres y los padres a no encontrar el cuerpo de sus hijos en el mar para darles sepultura digna, los obreros a no tener ningún trabajo, los desempleados a no poder seguir viviendo vendiendo cualquier cosa, es una sociedad y en la sociedad los sentimientos se comparten aunque sean diversas las causas que parecen motivarlos.
Una sociedad que debe empezar por aprender que al miedo basta con no sentirlo.

Boris González Arenas
1º  de marzo de 2012
               

martes, 24 de enero de 2012

Prohibido olvidar

Como en la naturaleza, hay acciones humanas que no son compatibles. Donde hay agua, no puede estar seco y donde el sol se proyecta sin mediación, no puede haber sombra. Del mismo modo, cuando un hombre o una mujer llevan una huelga de hambre hasta la muerte, su más grave resultado; no puede haber indignidad. Una huelga seguida de la muerte eleva el rango de quien la ejecuta. Su baja instrucción, lo tosco que pueda haber sido su oficio, incluso el crimen que pueda haber cometido, no es en estos virtuosos otra cosa que un galardón. Es Víctor Hugo confirmando a Jean Valjean, el prófugo cuya virtud anonada a Javert, la representación estricta de la ley, hasta llevarlo al suicidio. Es también la realidad resistiéndose a los pesados amarres del prejuicio y la rutina.

El fallecimiento de Wilman Villar Mendoza, de treinta y un años y con dos hijos, es una mala noticia para quienes siguen de cerca, en este mundo de incertidumbre, la suerte de los que vivimos en esta isla. Es también una mala noticia para los cubanos, para quienes la prisión ha dejado de ser el necesario castigo de los criminales y ha pasado a convertirse en el reclusorio de una ciudadanía conducida al robo para sobrevivir. Ya en mi adolescencia, veinte años atrás, era común referirse al cubano como alguien que vive en libertad condicional por el número de delitos que debíamos cometer diariamente. Esa horrible condición devalúa nuestra propia estima y favorece la persecución de un estado al que no le cuesta encerrar a sus opositores por comprar un poco de leche en polvo en el mercado negro o por vender algún dulce casero.

También será una mala noticia para aquellos que, participando aún de la estructura estatal cubana, anhelan en silencio verla enrumbarse hacia cauces de justicia y libertad. Pocas opciones da a su vergüenza un gobierno que les obliga a tan costosa filiación. La notificación oficial de la muerte de Wilman apareció un lunes, día en que solo circula uno de los dos periódicos que tienen carácter nacional, limitando su difusión a una sola fuente. Vio la luz con el nombre de editorial, con lo cual les ahorraron a sus intelectuales de oficio el vergonzoso gesto de asumir su autoría. Quizás no quiso Enrique Ubieta convertirse en el autor de una nota denigrante como la que escribió a propósito de la muerte de Orlando Zapata Tamayo, o quizás las autoridades, ya con la experiencia pasada, no quisieron calumniar con el mismo énfasis para no caer en el ridículo a que expone el despropósito. Lo cierto es que el editorial del periódico Granma parecía más bien una de las elucubraciones que, buscando no decir nada, sale con la firma de Fidel Castro sin que sepamos quién o quiénes las redactan. Aún así, siguiendo la práctica de criminalizar a los cubanos que participamos de la condena al gobierno, la nota acusa de criminal a Wilman Villar Mendoza. 

Menos de una semana atrás La Habana había amanecido estremecida por uno de esos derrumbes que no por predecibles dejan de sorprender, más cuando el saldo fue la muerte de cuatro adolescentes. El sabor de los escombros en que se ha convertido este gran país sigue, junto con el sabor del salitre, en nuestro paladar, inquietante presagio de nuevos desastres que vendrán y las vitaminas necesarias para mantener el costoso aparato que cuida la inseguridad del estrado.

No sigamos olvidando, no olvidemos a Wilman Villar Mendoza.

Boris González Arenas
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